miércoles, 26 de febrero de 2014

"Hablando claro. Una introducción a los fármacos psiquiátricos" (Joanna Moncrieff)


Hace tiempo que la editorial Herder viene publicando la colección 3P (Psicopatología y Psicoterapia de la Psicosis), dirigida por Jorge Tizón, que escribe unos más que interesantes prólogos a cada uno de dichos libros. En esa editorial hemos leído obras de la máxima importancia tanto para la crítica imprescindible a la Psiquiatría actual como para la construcción necesaria de una atención a la Salud Mental diferente. Obras como Medicalizar la mente de Richard Bentall, El sentido de la locura de Jim Geekie y John Read (que reseñamos aquí) o Modelos de locura de Read, Mosher y Bentall. Hoy queremos hablar de uno de los últimos títulos publicados: Hablando claro. Una introducción a los fármacos psiquiátricos, de Joanna Moncrieff.

Moncrieff es psiquiatra, profesora de psiquiatría en el University College de Londres (UCL) y ejerce la práctica clínica. Es fundadora y copresidenta de la Critical Psychiatry Network, agrupación de psiquiatras opuesta al modelo biologicista y al ejercicio de la coacción sobre el paciente. Es autora de varios libros como The Myth of the Chemical Cure y “The Bitterest Pills”, aún no traducidos al castellano. Ha escrito también múltiples artículos en distintas revistas científicas, como una revisión sobre la atrofia cerebral asociada al tratamiento a largo plazo con antipsicóticos (aquí) o un trabajo conjunto con un destacado grupo de psiquiatras británicos abogando por la necesidad de un cambio de paradigma en psiquiatría (traducido aquí). En fechas recientes, Moncrieff ha comenzado a escribir un blog en su página web (aquí), donde ha dejado artículos de sumo interés sobre el efecto placebo y los antidepresivos (aquí), la atrofia cerebral por antipsicóticos (aquí) o las lamentables resistencias de la psiquiatría oficialista a revisar sus posturas en base al acúmulo de evidencias que las cuestionan (aquí). La labor de Moncrieff lleva a cabo un firme y sereno cuestionamiento de la actual psiquiatría biologicista (es decir, como hemos señalado otras veces: basada en una neuroquímica simplona y cortoplacista, inundada de intereses comerciales y ciega a toda evidencia contraria), representando una de las fuerzas que marcan lo que nosotros mismos hemos considerado una tendencia hacia un cambio de paradigma en nuestra disciplina.

El trabajo de Moncrieff, en sus diversos escritos, representa una denuncia de que, por así decirlo, el emperador está completamente desnudo. Durante ya muchos años, se nos ha vendido a los profesionales una serie de hipótesis no demostradas que luego hemos tristemente colaborado en perpetuar vendiéndolas a su vez a la gente que se ha ido formando con nosotros, así como psicoeducándolas hasta el hartazgo en nuestros pacientes y sus familiares. Que los intereses comerciales de la industria farmacéutica se han aprovechado y han fomentado estas hipótesis favorables a sus cuentas de beneficios, es evidente. Pero también lo es que nada hubiera podido hacer la industria en este sentido sin la negligencia de las administraciones sanitarias que han faltado a su deber de regulación y ordenamiento y sin la connivencia interesada de muchos profesionales (por prebendas profesionales o económicas que no son sino más o menos distinguidos sobornos).


¿Y cuál es esa serie de hipótesis no demostradas?

Pues, por poner sólo algunos ejemplos:


- El déficit de serotonina en la depresión.

- El exceso de dopamina en la esquizofrenia.

- La necesidad ineludible del tratamiento farmacológico precoz para evitar deterioro en la psicosis.

- La existencia de deterioro neurológico con cada recaída sucesiva en la psicosis.

- La existencia de deterioro neurológico en los trastornos afectivos si no se tratan farmacológicamente.

- La ausencia de síndrome de abstinencia provocado por psicofármacos como neurolépticos, antidepresivos o eutimizantes.

- La ausencia de efectos secundarios a largo plazo de fármacos indicados para tratamientos indefinidos como neurolépticos, eutimizantes o estimulantes en niños.

- La ausencia de capacidad del paciente para decidir lo que quiere respecto a su salud, fuera de los intervalos de síntomas.


Y podríamos señalar más, pero sólo queremos plantear la idea de que solemos dar por demostradas muchas hipótesis, como las previas, que carecen de evidencia firme alguna. Y, como diversos mercaderes y sus voceros a sueldo no dejan de repetir que ya está demostrado que el emperador tiene ropa, pues los demás nos quedamos callados aunque nadie haya visto ni sepa dar referencia de esos estudios tan demostrativos y evidentes, más allá de la duda que es precisamente la base del método científico. Y eso aunque las vergüenzas del emperador son cada vez más difíciles de ignorar.

- La evidencia de un déficit serotoninérgico en la depresión, medida en pacientes no sujetos a tratamiento farmacológico previo (porque, lógicamente, un tratamiento antidepresivo modifica la neurotransmisión serotoninérgica, entre otras) y con un adecuada grupo control, sencillamente no existe.

- La evidencia de un exceso de dopamina en esquizofrenia, medida en pacientes no sujetos a tratamiento farmacológico previo (porque, lógicamente, un tratamiento antipsicótico modifica la neurotransmisión dopaminérgica, entre otras) y con un adecuado grupo control, sencillamente no existe.

- Es sabido que la duración de la psicosis no tratada (DUP, por sus siglas en inglés) se relaciona con peor pronóstico a largo plazo. Es decir, a más tiempo desde el debut esquizofrénico sin tratamiento, peor es la evolución. Esto es un hecho. Sin embargo, que ello implique que el tratamiento farmacológico neuroléptico hubiera impedido tal evolución negativa es una interpretación, y sólo una de las posibles. Moncrieff ha argumentado que, conociendo desde los clásicos que hay dos grupos de psicosis en cuanto a su presentación, una súbita y una tórpida, es sabido que la súbita tiene mejor pronóstico en cuanto a recuperación que la tórpida. La interpretación de Moncrieff es que la psicosis de inicio tórpido tiene peor evolución por su propia naturaleza, no por el tratamiento tardío con neurolépticos. Y que la psicosis de inicio súbito tiene mejor pronóstico por su propia naturaleza, no por tratarse antes con fármacos. Es sabido que, antes de la era neuroléptica, ya había cuadros psicóticos agudos con recuperación completa (como señalamos aquí) y que en países en vías de desarrollo, con menos fármacos, el pronóstico de la esquizofrenia era mucho mejor (como señalamos aquí), evidencias que difícilmente casan con esa supuesta imprescindibilidad del tratamiento farmacológico desde las fases precoces de la psicosis.

- Se dice también que, a más recaídas psicóticas, mayor deterioro y mayor grado de atrofia cerebral. Pero esto también puede interpretarse como un efecto directo del proceso esquizofrénico o como una correlación fruto de que los pacientes con más recaídas suelen estar tratados con mayor número y dosis de fármacos neurolépticos, que serían los que provocarían la atrofia y el consiguiente deterioro. Moncrieff, en su estudio sobre atrofia cerebral y tratamiento neuroléptico a largo plazo, encontró tres estudios de pacientes esquizofrénicos que nunca habían tomado medicación y en los que no se apreció la atrofia cerebral mencionada. Esto es especialmente grave, porque este temor terrible (y creemos nosotros que exagerado) a la recaída es lo que lleva muchas veces a emplear dosis demasiado altas de neurolépticos y por demasiado tiempo, así como a la coacción continua al paciente, más o menos bienintencionada, sobre que no se le ocurra dejar la medicación o le volveremos a ingresar. Teniendo en cuenta que no hay evidencias claras de que las recaídas empeoren el pronóstico y sí de que el tratamiento a largo plazo (sobre todo con múltiples neurolépticos y a dosis altas) tiene un alto potencial iatrogénico en cuanto a aumento de mortalidad (aquí) o atrofia cerebral (aquí), igual habría que respetar el derecho del paciente a elegir que es mejor recaer cada año varias semanas y tener que ingresar, a estar toda al vida experimentando síntomas molestos de parkinsonismo, sedación, disfunción sexual, etc. Lo que no es óbice para que haya casos, de recaídas frecuentes y graves, en que sí es preferible el tratamiento indefinido de mantenimiento. O, por supuesto, también casos donde la tolerancia al tratamiento es muy buena y no da problemas, especialmente si las dosis son moderadas y la polifarmacia mínima.

- Hace tiempo que nos llamó la atención la cuestión del supuesto “deterioro” asociado al trastorno bipolar o al trastorno depresivo. Y nos llama la atención porque en las diversas descripciones clásicas del trastorno bipolar (la psicosis maníaco-depresiva de Kraepelin, la locura de doble forma de Baillarger, la locura circular de Falret) se insistía siempre en que, entre las fases de excitación y melancolía, el paciente se encontraba lúcido y sin defecto alguno. Y eso en una época en que la observación clínica era mucho más precisa que en la actualidad, cuando nuestra labor asistencial de halla inmersa en infelicidades crónicas y consuelos fútiles, con la consiguiente escasez de tiempo para el trato con la locura. Entonces, antes los pacientes bipolares, sin medicación, no se deterioraban y ahora, los pacientes con el mismo proceso morboso, medicados con más o menos eutimizantes o antipsicóticos, sí se deterioran a nivel cognitivo en ocasiones. Y tenemos estudios que hablan de que el tratamiento antipsicótico a largo plazo correlaciona con atrofia cerebral. No sé ustedes, pero a nosotros nos da por sumar dos más dos y no tenemos muy claro que ese deterioro venga seguro, seguro del trastorno bipolar... Y, como siempre y por aclarar, diremos que la medicación es en muchos casos útil, pero que también puede ser peligrosa o perjudicial, por lo que debe usarse con el mayor cuidado, a las menores dosis y por el menor tiempo posible.

- Bien aleccionados como hemos estado desde hace mucho por nuestros visitadores y diversos compañeros de profesión, unos y otros a sueldo de compañías interesadas en vender más y no en otra cosa, hemos dicho como el que más que los antidepresivos, por ejemplo, no provocan dependencia ni síndrome de abstinencia cuando se interrumpe su toma. Que, si acaso, un síndrome de retirada o de discontinuación. Pero hoy en día, que somos más viejos y menos ingenuos, no terminamos de entender ni nadie ha sabido explicarnos, cuál es la diferencia entre un síndrome de discontinuación y un síndrome de abstinencia, más allá de que uno suena a rollo científico de un fármaco chulo y el otro a cuelgue de algún pobre yonqui enganchado a alguna sustancia que le cuesta dejar de tomar... Como Moncrieff recoge en su libro, todos los psicofármacos pueden provocar síndrome de abstinencia y, lo que es más importante, los síntomas de dicho síndrome pueden remedar, o provocar, los síntomas psicopatológicos iniciales que llevaron a la toma del tratamiento, lo que conducirá a la errónea conclusión de que el paciente necesita seguir tomando el fármaco porque, al interrumpirlo o disminuirlo, resurge la condición inicial. Por poner un ejemplo, es como si alguien, por ansiedad, empieza a beber alcohol todos los días, lo que le tranquiliza considerablemente (independientemente de los múltiples problemas, a nivel físico o psíquico que le provocará). Entonces, este individuo deja de beber y empieza a experimentar ansiedad creciente, temblor e inquietud, y el médico, en vez de darse cuenta de que está ante un síndrome de abstinencia que hay que ayudar a pasar para liberarse de la sustancia a la que se ha desarrollado dependencia, interpreta que la ansiedad original ha vuelto, que el alcohol era necesario para tenerla controlada y que lo indicado es que siga bebiendo de por vida (o, recordando las hipótesis serotoninérgica y dopaminérgica, se podría interpretar que la ansiedad del paciente venía provocado por un déficit cerebral de etanol y que lo indicado es tomar de por vida dicha sustancia para paliar este déficit, lo que sonaría aún más científico y podríamos sacar un libro con montón de dibujitos de neuronas a las que se une el etanol y restaura el equilibrio perdido...).

- En cuanto a la negligencia que los profesionales hemos mostrado durante tiempo a los potenciales efectos secundarios de los fármacos que prescribimos, especialmente a largo plazo, la verdad es que son ya muchos los estudios que se van acumulando sobre tales iatrogenias: aparte de riesgos que ya hemos mencionado sobre los neurolépticos, hay indicios de peligros asociados al uso crónico de antidepresivos, cada vez más frecuente en nuestro entorno, y que no deberían ser ignorados, tanto a nivel de empeoramiento de la sintomatología depresiva original (aquí o aquí) como a nivel de diversos problemas físicos (aquí, aquí, aquí o aquí).

- Por último, ya una cuestión que no es en sí clínica sino ética. Hace tiempo que nuestra legislación y los convenios internacionales que España ha firmado (aquÍ) han desterrado el rol paternalista del médico que sabe lo que le conviene al paciente aunque éste no quiera. Es decir, y como insiste Moncrieff, una persona tiene derecho, y más a la luz de las evidencias (que el libro recoge ampliamente) sobre posibles iatrogenias y escasas eficacias, a rechazar tomar una medicación sin que se le insulte con conceptos como anosognosia, en una hábil mezcla de churras con merinas, tan propia de nuestra profesión. Y porque, siendo práctico (como estamos obligados los clínicos a ser), si un paciente quiere dejar la medicación, tarde o temprano la va a dejar. Y si el profesional encargado de ayudarle se niega a hacerlo en tal decisión, ello llevará muchas veces a un abandono abrupto de los psicofármacos, con el gran riesgo en ese caso de síndrome de abstinencia y efecto rebote que pueden llevar a una reaparición de la sintomatología inicial. El profesional sanitario es un consultor para el paciente (evidentemente, no estamos hablando de los momentos de descompensación aguda, para los cuales estaría indicado un ingreso hospitalario por seguridad del paciente y sobre los que existe la oportuna legislación) y, como tal consultor, debe ayudarle, incluso aunque crea que es un error, en su decisión de interrumpir la medicación, para que lo haga de la forma más paulatina y segura posible, así como para poder realizar un seguimiento posterior que ayude a controlar el riesgo de posibles recaídas y actuar oportunamente si éstas se producen.

Un dato a tener en cuenta sobre la presencia de síndromes de abstinencia al interrumpir la medicación psiquiátrica, es que, como dice Moncrieff, en muchos estudios llevados a cabo de comparación entre pacientes en tratamiento activo y en placebo, se cogen pacientes medicados y a la mitad de ellos se les retira la medicación que previamente tomaban, muchas veces de forma brusca, apareciendo luego más recaídas en el grupo con placebo. Pero, evidentemente, algunas de dichas recaídas pueden haber sido en realidad síndromes de abstinencia o haber sido provocadas por los mismos. Falta hacer estudios que comparen pacientes en tratamiento con pacientes en placebo sin tratamiento previo, a ver qué resultados arrojan (aquí hay uno en depresión, más que interesante para apoyar lo que venimos diciendo).

El libro de Moncrieff trata un poco sobre todos estos temas, que nos hemos permitido la licencia de entremezclar con reflexiones nuestras (muchas de ellas deudoras a su vez del pensamiento crítico de Moncrieff, que, para qué negarlo, nos ha influido en gran medida) y construye sus argumentos en torno a una dicotomía básica, entre dos modelos de entender el funcionamiento de los fármacos psiquiátricos: “El modelo centrado en la enfermedad” y “El modelo centrado en el fármaco”.

- El modelo centrado en la enfermedad es el actualmente imperante (excepto para  el uso de benzodiacepinas) y presupone que el fármaco actúa corrigiendo un supuesto (pero no demostrado) desequilibrio bioquímico que está en la base del trastorno psiquiátrico. Este modelo diferencia entre efectos primarios y efectos secundarios y, por tanto, centra los estudios clínicos en el efecto sobre los síntomas del trastorno, descuidando el efecto general del fármaco sobre el organismo a nivel físico y psíquico, especialmente en lo referente al estado alterado de conciencia que inevitablemente provoca cualquier sustancia psicoactiva.

- El modelo centrado en el fármaco se centra en el efecto del mismo sobre el sistema nervioso central y el conjunto del organismo. No existiendo evidencias de ningún desequilibrio químico a corregir, lo que sí se conoce es que cualquier psicofármaco (de hecho, cualquier sustancia psicoactiva, considerémosla un fármaco o una droga, lo que es una distinción sociocultural, no química) actúa a nivel cerebral provocando determinados efectos a nivel de, por ejemplo, sedación o estimulación, con todas las variantes imaginables. Y a su vez, este estado puede tener claras repercusiones positivas ante determinada psicopatología. Por poner un ejemplo, ante una angustia propia de un brote psicótico, con paranoidismo y suspicacia extremos, y un insomnio total, un fármaco que provoca sedación, induce el sueño y da lugar a cierto aplanamiento afectivo, como hace un neuroléptico, puede ser sin duda muy beneficioso en la recuperación del paciente. Y para esto no hace falta ponerse a imaginar desequilibrios neuroquímicos que nadie ha encontrado.

No hace falta decir que Moncrieff se inclina por el modelo de acción centrado en el fármaco, frente a la psiquiatría oficial que, hasta ahora, se ha inclinado por el modelo basado en la enfermedad. El modelo centrado en el fármaco explica también por qué fármacos muy diversos en sus mecanismos químicos provocan mejoría en trastornos diferentes, porque lo harían, no a través de ninguna corrección de un hipotético mecanismo causal, sino a través de determinados efectos, sedativos por ejemplo.

Es importante también darse cuenta de que cualquier sustancia psicoactiva provoca cambios al actuar en el tejido cerebral. Es decir, no hay evidencias de alteraciones neuroquímicas claras en los trastornos mentales previas a la administración de tratamiento farmacológico, pero sí se sabe (y está publicado aquí, por ejemplo) que cualquier sustancia que actúe a nivel de la hendidura sináptica bloqueando un receptor o estimulando otro, da lugar a toda una serie de mecanismos fisiológicos para tratar de compensar tal acción. Es decir, el bloqueo dopaminérgico llevado a cabo por los neurolépticos conduce a un aumento en el número de receptores de dopamina en la neurona postsináptica y a una mayor sensibilidad de los mismos. Por ello, si se retira el tratamiento de forma brusca, existirá un estado de hipersensibilidad a la dopamina el cual también se ha hipotetizado que puede causar a su vez nuevos episodios psicóticos debidos a los cambios producidos por el fármaco y su suspensión brusca. Nosotros, que somos biologicistas (porque no creemos en entes inmateriales, pero que creemos que la biología es algo más que un neurotransmisor que sube o baja según le pongo más o menos del nuevo fármaco que me presentó ese visitador tan majo que me invitó a comer), insistimos en que el cerebro es un órgano extremadamente delicado y que, antes de asegurar que alguien tiene que tomar un tratamiento psicoactivo de por vida, será necesario plantearse bien qué va a hacer ése fármaco en su sistema nervioso central, que beneficios esperamos y qué riesgos asumimos. Y, por supuesto, qué opina el paciente de todo ello.

No queremos dejar de señalar, por si quien nos lee está bajo tratamiento farmacológico psiquiátrico y está pensando en dejarlo, que lo peor es precipitarse. Los tratamientos son útiles muchas veces y necesarios otras muchas, lo que no quita que puedan ser perjudiciales en distintas formas. Antes de dejar un tratamiento (o antes de empezar a tomarlo) lo ideal es informarse adecuadamente y tomar una decisión lo más meditada y consultada posible, teniendo en cuenta pros y contras. Y si la decisión es interrumpir la medicación, por supuesto hacerlo de la forma más paulatina posible y a ser posible bajo supervisión médica. Por otra parte, muchas veces la cuestión no es necesariamente “blanco o negro”, “tratamiento sí o tratamiento no”, sino cuántos psicofármacos diferentes, qué rango de dosis, cuánto tiempo…

En fin, que si quieren seguir desempeñando su rol (de profesional o de paciente) sin mayores cuestionamientos, no lean el libro Hablando claro. Una introducción a los fármacos psiquiátricos, de Joanna Moncrieff…


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       


16 comentarios:

  1. Vengo leyendo su blog hace unos días y me tiene bastante pensativo
    Soy bipolar y vengo tomando solo un medicamento de control (acido valpróico) recetado por un psiquiatra, en tiempos pasados fui recetado con antipsicoticos como control y no los aguante y mejor los deje y asi vivi como 20 años durante los cuales solo tuve unos 3 episodios fuertes y algunos menores que no se cuantos, mi vida ha sido relativamente promedio.
    Veo leyendo casos de muchos pacientes que toman 4 o 5 medicamentos de control y dicen no sentirse bien, en mi caso con solo uno me siento relativamente bien aunque mis desbalances no desaparecen del todo pero considero son manejables.
    He pensado ensayar despues de un tiempo vivir sin medicarme como lo hice durante muchos años pero como dicen al final de la entrada es algo que se debe analizar con cuidado y asi lo hare.
    Me parece muy acertado lo que ustedes plantean, ya que no se van al extremo que he encontrado en muchos blogs, donde se niega la existencia de enfermedades mentales y de la utilidad de los medicamentos.
    Lo que ustedes plantean, que es a la conclusión que he llegado, es que se han inflado las enfermedades mentales y también la forma de tratarlas con el fin de vender muchos medicamentos y no con el fin de solucionar o paliar los problemas mentales con unas dosis adecuadas de medicinas a bajos costos y con una etica.

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    1. Antes de decisiones definitivas o radicales, como bipolar e investigadora, necesito leer y valorar las referencias. Te recomiendo lo mismo

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    2. He leido y valorado muchas referencias, gracias a ello decidi suspender lo que venía tomando y opte por tomar medicamentos para aplacar sintomas claros y no como medicamentos de todos los días de los cuales me mamé.

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  2. Cuando leí este libro no dejé de acordarme en todo momento de este blog. De hecho le faltaban aclaraciones que están en este blog. Tienen ustedes que escribir un libro.
    saludos

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  3. Llevo casi diez años con tratamiento farmacológico, y aunque lo he dejado en numerosas ocasiones siempre recaigo. Últimamente llevo casi tres años estable, sin ningún brote desde que empecé el ultimo tratamiento y a una dosis muy baja de antipsicóticos. Cuando uno se plantea dejar la medicación psiquiatrica, llega la incertidumbre. Si fuera por mí la dejaría hoy mismo, puedo vivir desestabilizado con crisis recurrentes o alucinaciones, pero se plantea el principal problema para un enfermo desestabilizado: la cobertura socio-económica. Para mí no es una cuestión de abandonar el tratamiento y ya está, sino de como vas a vivir, quién te prestará el apoyo necesario cuando lo necesites, quien te va a dar trabajo, quien te alquilará una vivienda, ... Ese es para mí el quid de la cuestión.

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  4. "una persona tiene derecho a rechazar tomar una medicación sin que se le insulte con conceptos como anosognosia" o (añado) amenazar con retirarle la custodia de su hijo por no darle una medicación psiquiatrica que claramente no necesitaba.
    Estoy con Jony Benitez ¿Para cuando el libro?
    Abrazos

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  5. Bueno, ya que es más que evidente el estrepitoso fracaso de la Psiquiatría Biológica en la comprensión de los fenómenos psicotpatológicos, y que queda patente que todo ello no era más que un tinglado al servicio del monedero de sus defensores, la pregunta que cabe plantearse ahora, según mi parecer, es si habría que volver a encumbrar a Freud y sus discípulos como lo que realmente son: genios; que no "pajeros mentales".

    Y lo digo porque yo, víctima de las pastillitas que jefes de Psiquiatría de Can Ruti y San Rafael me han prescrito (cuanto más arriba, más zoquete o más joputa, parece ser una ley universal de proporcionalidad), jodiéndome todavía más de lo que ya estaba, presa de la desesperación por llegar a comprender qué le ocurría a uno, me he chupado más libros de psicoanálisis que Alejandro Jodorowsky. Todo ello me ha permitido realizar el siguiente análisis de un tal Kurt Cobain, reina madre del grunge, y que nos dejó hace casi 20 años. Y yo me pregunto qué opinan ustedes de ello. ¿Qué les parece aquello del Psicoanálisis? ¿Le dan alguna validez? Yo me pregunto igualmente qué dirían de mis hallazgos, de los que estoy más que orgulloso y de los que vanaglorio con exceso por puro desprecio hacia la estupidez del gremio de batas blancas, un tal Michel Onfray o el narcisista iluminado de Joseph Biederman, autoridad mundial en trastorno bipolar.

    https://www.youtube.com/watch?v=g7Zz5gHgCEc

    En fin, un saludo, que son ustedes el último bastión de la honestidad científica.

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  6. El mejor documental que se ha hecho sobre el tema de los fármacos psiquiátricos es este. Aunque a algunos no guste que esté producido por CCDH (Comisión Ciudadana de Derechos Humanos), esponsorizada por la Iglesia de la Cienciología, la realidad es que todos los asuntos que se hablan en el documental son los mismos que cubre este blog y están debidamente documentados. El autor del blog se ahorrará mucho tiempo si visiona las 3 horas de documental porque la sensación que tengo leyendo este blog es una entrega por fascículos del contenido de dicho documental.

    El documental es de 2010 (anterior a la polémica del DSM-5) y resume muy bien las críticas del visionario Thomas Szasz.

    No deja de ser gracioso que al final los argumentos de la Iglesia de la Cienciología en contra de la psiquiatría clásica son los correctos.

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  7. Anónimo, 5M :sera el mejor pero no en el sonido.
    Anónimo 6M, el psicoanálisis es muy interesante para lo que podemos llamar la psicopatología de la vida cotidiana, (divorcios, duelos, fracasos persistentes de estudios, laborales, amorosos y sexuales, ansiedades e histerias frecuentes y así), a mi ciertamente me ayudó mucho con un par de esos temas. Pero es caro, requiere supervisión y sus practicantes con frecuencia forman organizaciones con tendencia a funcionar como sectas religiosas y a abordar asuntos como las psicosis, autismo etc para lo que no está ni mucho menos tan claro que sea útil. Freud, que era un gran neurólogo, no lo intentó. Hay proyectos en el norte de Europa y USA, que un abordaje mixto de fármacos puntual y prudente, terapias cognitivas, relacionales o dinámicas (de orientación analítica o no) y apoyos sociales son más efectivos de medio a largo plazo que los tratamientos reduccionistas biológicos en muchos casos. Pero el eclecticismo dejó de estar de moda en los ochenta, no es buen pasto ni para "visionarios" ni para ambiciosos.
    Jordi Badía. Desde luego. Ahora la antes llamada "lack of insight" (ausencia de reconocimiento, concepto psicologico) se ha converdtido en un trastorno neurológico (anosognosia) trastrono que es un hecho en el caso de la disquinesia tardía (síntoma de probable daño cerebral cognitivo amplio) done se ignora porqué viene muy bien, el paciente no se queja.
    Lo peor de todo este asunto es el uso creciente de antipsicóticos y polifarmacia en discapacitados, niños y ancianos, cuyos seguimientos desde el punto de vista clínico son vergonzosos. Lo de los ancianos, una tortura terminal, lo de los niños una mecha lenta hacia el desastre, lo de los discapacitados reminiscente del programa de eutanasia nazi.Al fin y al cabo Oscar Marquez y Anónimo 3M pueden reflexionar, discutri y en última instacia tirar las medicinas al inodoro, esas otras poblaciones está condenadas a la porra química lo quieran o no. El control y el castigo (pues a veces no es otra cosa) se permite via una supuesta ética que en el fondo no es otra que la del corporatismo profesional y Wall Street

    Creo que el mejor libro de Moncrieff es su "Bitterests Pills" aun sin traducir del español y escrito quiiza para públicos más restringidos. No conozco otro mejor sobre antipsicóticos, la gran plaga del siglo XXI.

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  8. Madre mía... Lo que les faltaba a los enfermos mentales, que les digan que dejen la medicación... Todo esto me suena al "movimiento antivacunas" de la psiquiatría.

    Ya han salido en los comentarios otros defensores de esto "Cienciologia" y "Psicoanalisis" dos movimientos que si han demostrado eficacia a la hora de afrontar todo tipo de problemas... Ah no! Perdón que uno es una secta coercitiva y el otro no ha demostrado nada en todos sus años de existencia.

    Los psicofármacos han mostrado eficacia en miles de ensayos clínicos controlados, ¿tienen efectos secundarios? Como todos los medicamentos. ¿Qué hay malos profesionales? Como en todas las profesiones.
    Pero sin duda ayudan a millones de personas a vivir una vida más adaptada.

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    1. Una falta de respeto increíble a quien ha sufrido acatisia. Pq no te pinchas un intramuscular y me cuentas cómo es tu vida durante ese mes? Sabes q en algunas prisiones se utilizó estos farmácos como forma de tortura?

      Cambiando de tema, pq el del post del 25 de marzo no merece más protagonismo...

      Alguien sabe cómo puedo denunciar un diagnóstico clínico abusivo? Se basan en las mentiras de mi madre y nada más, ya que las pruebas neurológicas salieron bien. Llevo 5 años luchando para que las repitieran, ya q en 2010 me las hicieron 3 semanas después de estar empastillada (curioso en 2015 sin empastillar ya no tengo disfunción frontal). Llevo 3 ingresos involuntarios. 9 meses de encarcelamiento y torturas en total. Nunca nadie me ha visto agresiva, pq eso sólo está en la mente manipuladora de mi madre. Cuando le da llama a la ambuĺáncia y ya está. Es tóxica, culpabilizadora, victimista, narcisista, manipuladora. Ha llegado a negar todas las palizas q me daba mi padre hasta los 17 años, los tocamientos en la bañera. Han perpetuado el maltrato ese par de inhumanos, intentando poner cargos penales para echarme de casa y como no podían pq he sido una hija ejemplar..recurrieron a la psiquiatría. Ideaci9n perjuiciosa contra mis padres y la condicional d por vida con Benito Menni pisoteándome. Por favor ayuda. Soy inocente. Necesito independizarme otra vez y sin medicación es como lo logré la última vez...la crisis no es una excusa nos afecta atodos...no a los delirantes.

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    2. Por motivos de dignidad no daré mis datos pero contestaré cualquier tipo de ayuda. No es normal q esa corporación de monjas de Benito Menni cobre subvenciones de 6100 euros por un mes de ingreso invuluntario a la Generalitat...una residencia cuesta 1500 y tiene actividades lúdicas y personal cualificado y mantenimiento de instalaciones y no la mierda de duchas sin mampara, grifos q te hierves o te hielas y una pared como único estímulo desde q te levantas hasta q te acuestas. Me refiero a la sucursal de clientes q tienen en la planta de psiquiatría del Hos general de Granollers. Estoy segura q alguien q ha estado allí me apoyará en q lo q digo es cierto.
      Ah q no se me analize mi discurso pq estoy desde el móbil y paso de sintaxis.
      A ver si consigo testimonios o hacemos una denuncia colectiva los pacientes- clientes q nos han tomado el pelo ( q en un 3% por lo q he visto, ojo, tengo estudios reglamentàrios en Psicología en la UB, que hay pacientes q no responden al diagnóstico q les dan. Y pacientes depresivos q les atiborran de quetiapina, zipresa...cuando ya no saben como reparar el efecto rebote de las benzos q se les ha ido de las manos).
      Son gentuza q te dan 18 gotas de tal pq han visto un palito delante del 8 y ante la duda te dicen... no, tú tómatelo y en todo caso ya hablarás mañana con tu doctora...y al final tenía yo razón y casi me muero. Si no te la quieres tomar te amenazan con atarte...a mi nunca me han atado pero si siguen así lo tendrán q hacer todo por la fuerza pq estoy harta de la indefensión aprendida. Es mi vida y nunca me rendiré a malvivir zombie nunca más. Este tiene q ser mi último ingreso.
      Tmb me han dado la medicación de otro paciente por error y durante 24h pensé q era el fin. Durante 2 años he experimentado la muerte en vida de la adicción a las benzos...cosa q jamás desearía a nadie q tiene q trabajar de pie y de cara al público pq parece q vayas a tener un ataque de pánico( cosa q antes me reía pq no conocía q era, ni ese dolor punzante crónico entre pecho y espalda q te quieres suicidar para dejar de sentirlo y q se vaya de una vez).

      Seguría contando lo q viví pero es q son muchas malas praxis, excepto los auxiliares y infermeros q son buena gente y sólo obedecen órdenes. Ahora tengo libre uso de mis capacidades cognitivas ppr fin...y ausencia de dolores. Pero tengo mucho miedo...pq tengo q vivir con el miedo d q vuelvan a drogarme si yo no he hecho nada? Ni en el trabajo ni en pisos de estudiantes han tenido queja y ni en mi casa he tenido lo q ellos llaman brote...simplemente vienen x lo q cuentan mis padres compinchados y como son dos pues ya está...para q un abogado o solicitar pruebas? Pero esta vez tengo una gravación donde se oye claramente q lo q ha precipitado el último ingreso es una agresión. Yo llamé a los mossos y mi madre con el poder q le otorga el informe hizo q no me creyeran...en la grabación esta la prueba de todo. No la han querido escuchar pero yo la divulgaré hasta q sea reconocida como mujer y hija maltratada mayorde edad sin medios por todo lo q llevo sufrido y por comportamiento depresivo q confunden con símptomas negativos de la esquizofrenia.

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    3. Estoy de acuerdo contigo.
      Tengo un familiar en Padre Menni Santander y casi lo mata la psiquiatra por una mala praxis y conozco más gente que paga dinerales y están muy descontentos pero están atados pues por aquí no hay centros para enfermedades mentales en personas mayores.

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  9. Tengo un familiar con Esquizofrenia el cual había estado en tratamiento durante 25 años estable y llevando una vida por fin normal después de varias recaídas anteriores, pues bien hace dos meses a su psiquiatra se la ocurre sin consultar ni nada cambiarle el tratamiento alegando que este nuevo era más moderno, pues cuando llevaba un mes más o menos con este nuevo a vuelto al recaer y muy fuertemente con lo que esta ahora ingresada y sin signos de mejoria. ¿Como puedo denunciar semejante mala praxis? Pues la a destrozado su vida...

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  10. ¿Qué me puede pasar si dejo el tratamiento por mi cuenta? Mi psiquiatra no quiere bajarme la dosis y ya no confío en él y no voy a volver a su consulta. ¿Puede mandarme a la policía e ingresarme por la fuerza en un psiquiatrico para obligarme a tomarme la medicación?

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