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jueves, 9 de abril de 2026

Libro "Postpsiquiatría" (Jose G.-Valdecasas y Amaia Vispe)

 



 POSTPSIQUIATRÍA


https://herdereditorial.com/catalogo/psicologia/postpsiquiatria-9788425448775



ÍNDICE


Prólogo. Más allá del paradigma biologista en psiquiatría. Jorge L. Tizón.


1. ¿El fin de la psiquiatría?

        • De traidores, víctimas y deserciones.

                - Orígenes y fines.

                - Una historia clínica para empezar.

                - Diario de guerra en Monte Miseria.

        • El artículo fundacional de la postpsiquiatría.


2. Bases filosóficas explícitas.

        • Determinismo o libertad: recorrido filosófico (inevitablemente parcial).

        • La cuestión posmoderna a partir de Lyotard.

        • Cuestiones sobre feminismo, género, naturaleza y cultura.


3. Funciones y disfunciones de la psiquiatría.

        • Para qué sirve y para qué se usa la psiquiatría.

        • Reflexiones sobre la psiquiatría desde Tecnologías del yo de Michel Foucault.

        • De juicios y prejuicios: subjetividad en psiquiatría.

        • Diagnóstico e investigación: una relación problemática.

        • El fin de la psicopatología.

                - Qué es (o querría ser) la psicopatología.

                - Cómo funciona y para qué sirve la psicopatología.

                - ¿Y qué se podría hacer tras tanta crítica?


4. De paradigmas psiquiátricos en crisis.

         • El psicoanálisis y nosotros, que lo quisimos tanto.

         • Crisis: ¿hacia un nuevo paradigma en psiquiatría?

                - Paradigma biologicista en psiquiatría.

                        . 1) Aspectos científicos, tecnológicos y sociales.

                        . 2) Cuestionamientos.

                        . 3) El concepto de enfermedad.

                - La psiquiatría más allá del paradigma biologicista. 

        • Narrativas postpsiquiátricas desde la enfermería.

                - Modernidad y posmodernidad.

                - El panóptico.

                - Construccionismo social.

                - Narrativa.

                - La posición de «no saber».

                - Reflexiones finales.


5. La locura: naturaleza, clasificación, destino.

        • Nosología psiquiátrica: pasado y presente.

                - Un punto de inflexión-

                - Historia de la nosología psiquiátrica.

                        . 1) Los fundamentos de la clínica (Bercherie).

                        . 2) Ensayo sobre los paradigmas de la psiquiatría moderna (Lantéri-Laura).

                        . 3) Locura de la psiquiatría (Fernández Liria).

                        . 4) Fundamentos de psicopatología psicoanalítica (Álvarez, Esteban y Sauvagnat).

        • Conceptos de esquizofrenia y delirio.

                - Concepto de esquizofrenia.

                - Concepto de delirio.

        • La(s) psicosis: definición.

        • La(s) psicosis: condición, enfermedad, estructura.

                - La psicosis como condición.

                - La psicosis como enfermedad.

                - La psicosis como estructura.

                - La psicosis según Cullberg.

        • Psicosis agudas (y no primeros episodios psicóticos).

                - Psicosis agudas.

                        . 1) Los fundamentos de la clínica (Bercherie).

                        . 2) Psicosis agudas: análisis histórico, conceptual y clínico (Luque).

                - Psicosis cicloides.

                - Reivindicando la psicosis aguda frente al episodio psicótico.

        • De construcciones y deconstrucciones: la psicosis histérica.


6. Industria farmacéutica y psiquiatría.

        • La raya en la arena: psiquiatría ética vs. relaciones con la industria.

                - Ética.

                - El conflicto de intereses.

               - ¿En qué aspectos se manifiesta la relación de la industria farmacéutica con la psiquiatría y sus profesionales?

                        . 1) Clasificaciones psiquiátricas.

                        . 2) Investigación psiquiátrica.

                        . 3) Desarrollo de nuevos fármacos.

                        . 4) Marketing.

                - Transparencia.

                - Razones para no aceptar un bolígrafo.

                .         1) Argumento ético.

                        . 2) Argumento económico.

                        . 3) Argumento legal.

                - ¿Alguna solución a la vista?


7. ¿Arsenal terapéutico seguro y eficaz?

        • MBE: entre la herramienta científica y el paradigma comercial.

                - Medicina basada en la evidencia en psiquiatría.

        • Modelos de acción de los psicofármacos.

        • Prevención cuaternaria en salud mental.

        • Razones para prescribir un fármaco nuevo.

        • Prescripción fuera de indicación (off-label): cuestiones legales.


8. Bibliografía crítica sobre psicofármacos.

        •Antipsicóticos: eficacia y riesgos.

                - Antipsicóticos intramusculares de acción prolongada.

        •Antidepresivos: eficacia y riesgos.

        • Otros tratamientos: eficacia y riesgos.

                - Ansiolíticos / hipnóticos.

                - Estimulantes.

                - Gabapentinoides.

                - Otros fármacos.

                - Terapia electroconvulsiva.

                - Estimulación magnética transcraneal.

                - Otros trabajos.


9. De locos y derechos civiles: autonomía, diálogo y apoyo mutuo.

        • La (no tan difícil de entender) diferencia entre maldad y locura.

                - El caso Breivik.

                - El caso Lanza.

        •Autonomía del paciente y consentimiento informado: un poco de respeto.

                - Declaración de los derechos humanos y de la salud mental.

                - Consentimiento informado.

        •Voces en primera persona.

                - El revés del tapiz de la locura.

                - Escuchadores de voces.


10. Mitos en la psiquiatría actual.

        • Ficción de terror: el caso del TDAH.

                - Volviendo a la normalidad.

                - ¿Causalidad biológica del TDAH?

                - El marketing en el TDAH.

        • El eterno bulo de los genéricos.

        • El (impactante) caso del factor de impacto.

        • Cuentos sobre neurobiología y neuroprotección.


11. Conclusiones (éticas y políticas).

        • Psiquiatría y cultura.

        • Más allá de la psiquiatría: capitalismo y cambio climático.

                - El capitalismo y sus trampas.

                - El cambio climático y sus riesgos.


Referencias bibliográficas.


SINOPSIS

Un texto imprescindible para repensar la psiquiatría. Este libro plantea reflexiones críticas sobre la psiquiatría actual que incluyen, entre otros temas, la exagerada psiquiatrización de malestares de origen social, la inconsistencia y escasa utilidad de los diagnósticos psiquiátricos, la perniciosa influencia de la industria farmacéutica sobre los profesionales. Asimismo, presenta una amplia revisión de estudios científicos que cuestionan, con datos, un discurso triunfalista sobre los tratamientos psicofarmacológicos, que exagera beneficios y minusvalora riesgos potencialmente graves. La postura crítica de los autores busca contribuir a lograr un cambio en la psiquiatría, no solo como institución social organizada en un contexto determinado, sino también como disciplina científica. La psiquiatría debe ser más útil y respetuosa con las personas que trata, tener en cuenta la sociedad en la que estas están insertas y, de forma aún más urgente, ser lo menos dañina posible para todos. Una meta que puede parecer inalcanzable, pero por la que no se debe dejar de luchar, sin miedo y, si es preciso incluso, sin esperanza.


miércoles, 18 de febrero de 2026

Modificar el equilibrio hacia las intervenciones sociales: Una llamada a revisar el sistema de salud mental (Beyond Pills All-Party Parliamentary Group)

 

El grupo de parlamentarios británico Beyond Pills All-Party Parliamentary Group (APPG) ha remitido a su Gobierno un informe exhaustivo que reclama una reforma profunda y urgente del sistema de Salud Mental.

El documento describe una situación crítica en Reino Unido —que comparte muchos rasgos con España y otros países— marcada por altas tasas de medicación, resultados que no mejoran, esperas interminables y una ausencia estructural de respuestas sociales y comunitarias.  

Creemos que el documento es muy interesante y cuenta con una amplia bibliografía para apoyar sus argumentos.

Lo pueden leer aquí:

https://beyondpillsappg.org/wp-content/uploads/2024/05/Beyond-Pills-APPG-Shifting-the-Balance-Report-2024-1.pdf


También hay disponible una traducción al castellano que enlazamos a continuación:

https://share.google/HYFzkWFHFtSDqlx20



miércoles, 11 de febrero de 2026

La reforma de la legislación farmacéutica europea: un gravísimo paso atrás (Asociación Acceso Justo al Medicamento)

 

La Asociación Acceso Justo al Medicamento ha publicado recientemente un documento expresando su preocupación sobre la reforma de la legislación farmacéutica europea y los problemas que va a traer consigo, que desglosan en varios puntos:


  • Es un retroceso en los derechos de las personas.
  • Consolida un modelo de monopolio que está provocando precios injustificados y enormes beneficios abusivos para las empresas farmacéuticas.
  • Con la legislación aprobada los precios de los nuevos medicamentos seguirán siendo abusivos.
  • Los desabastecimientos continuarán o se incrementarán.
  • Las dificultades de acceso a miles de personas no se resolverán.

Creemos que su lectura completa es totalmente recomendable:

https://accesojustomedicamento.org/la-reforma-de-la-legislacion-farmaceutica-europea-ungravisimo-paso-atras/




domingo, 9 de marzo de 2025

"Desmontando mitos sobre los antidepresivos" (Grupo de Psicofarmacoterapia de la AEN-PSM)


En fechas recientes, el Grupo de Psicofarmacoterapia de la AEN-PSM ha elaborado un texto del máximo interés sobre los fármacos antidepresivos, en relación con su eficacia y riesgos, desmontando de forma clara y apoyada en multitud de referencias bibliográficas muchos mitos demasiado extendidos sobre estos psicofármacos.

Es un escrito llevado a cabo, es importante decirlo, desde una ausencia total de conflictos de interés con la industria farmacéutica.

Nos preguntamos si los profesionales que ya lo están criticando podrían presumir de esa misma ausencia de conflictos de interés.


Lo pueden consultar en abierto aquí:


https://aen.es/wp-content/uploads/2025/03/DESMONTANDO-MITOS-PSICOFARMACOLOGICOS.pdf


jueves, 12 de diciembre de 2024

Reseña de "Crónica de una sociedad intoxicada" de Joan-Ramon Laporte (Revista de la AEN)

Recientemente escribimos una reseña sobre el estupendo libro "Crónica de una sociedad intoxicada", de Joan-Ramon Laporte, que se ha publicado en el último número de la Revista de la AEN. La reproducimos a continuación:



 “De por qué prescribimos y tomamos cada vez más medicamentos innecesarios, caros y peligrosos


Aunque ya Antonio Machado dejó dicho que la verdad es la verdad, ya la diga Agamenón o su porquero, lo cierto es que, cuando la verdad no es evidente (o hay intereses en que no lo sea) un punto importante a tener en cuenta es quién enuncia dicha verdad. En esta reseña nos vamos a ocupar del libro “Crónica de una sociedad intoxicada” de Joan-Ramon Laporte. Y responderemos nuestra duda inicial diciendo que el Dr.Laporte fue catedrático de Terapéutica y Farmacología clínica en la Universidad Autónoma de Barcelona y jefe del servicio de farmacología clínica del Hospital Vall d`Hebron de Barcelona. Estos cargos no aseguran que su discurso deba ser creído sin más, pero sí demuestran que no estamos ante un aficionado a las teorías de la conspiración ni ante un pseudodivulgador del montón. Otro detalle de suma importancia para conocer la figura del autor de este libro, antes de entrar a valorar el mismo, es su absoluta ausencia de conflictos de interés respecto a la influencia de la industria  farmacéutica. Influencia que, por desgracia, es casi omnipresente en nuestro sistema sanitario (y que afecta a muchísimos profesionales sanitarios, incluidos no pocos catedráticos, a diferencia del Dr. Laporte).

Entrando en materia, esta obra dibuja un recorrido magistral desde los inicios de la moderna farmacoterapia hasta los peores efectos del desarrollo de la misma. Cuenta cómo, de forma progresiva, el descubrimiento y comercialización de nuevos fármacos ha ido teniendo cada vez menos de ciencia al servicio de la humanidad y más de negocio al servicio de los accionistas. Se describe la idea básica del fármaco como “bala mágica”, es decir, como aquella molécula que incide directamente en el receptor deseado para provocar una acción que cura el trastorno de que se trate; idea que, aunque ampliamente extendida, está totalmente fuera de la realidad: la inmensa mayoría de los fármacos que usamos actúan en multitud de receptores, provocando cascadas de efectos, gran parte de los cuales son desconocidos aún en el momento de la comercialización y que no dejan de ser potencialmente peligrosos.

Los fármacos son desarrollados casi en su totalidad por empresas privadas con ánimo de lucro, aunque con una amplia base de trabajo previo básico en organismos públicos tales como universidades o con estudios posteriores en los que colaboran sistemas sanitarios públicos. Sin embargo, es flagrante la dejadez de funciones de las administraciones sanitarias, que dejan que sean las propias empresas fabricantes las que elaboren los estudios encargados de probar la eficacia y seguridad de los fármacos. Estudios que luego serán valorados por organismos reguladores públicos, pero financiados en gran parte por dichas  empresas farmacéuticas, que en no pocas ocasiones contratan con suculentos salarios a antiguos responsables de estos organismos reguladores, tales como la Agencia Europea del Medicamento o la FDA americana.

El libro señala también casos flagrantes de manipulación de resultados de estudios científicos, para conseguir que las conclusiones transmitan el mensaje que interesa a la empresa que financia el estudio, ya sea por modificación a posteriori del protocolo del estudio, por el uso y abuso de variables subrogadas sin clara repercusión clínica o, por poner solo algunos ejemplos, mediante ocultación de datos poco favorables al resultado deseado, y muchas veces con la colaboración de profesionales de supuesto prestigio que prestan su nombre como autores de artículos científicos que no son sino propaganda.

Laporte señala lo absurdo de este sistema, en el que el proveedor es el encargado de llevar a cabo las pruebas del producto que ha de evaluarse, con condenas económicas por ocultación de datos de efectos secundarios potencialmente graves, sin que tales multas hayan supuesto cifras de importancia en las cuentas de resultados de estas empresas y sin que ningún directivo de las empresas que conscientemente ocultaron datos que provocaron la muerte y enfermedad de personas haya dado con sus huesos en la cárcel. Laporte hace referencia al caso famoso de la rosiglitazona (1,2), antidiabético comercializado por GSK, empresa que tuvo que pagar 3.000 millones de dólares, reconociendo “haber retenido información sobre efectos adversos de rosiglitazona y haber difundido informaciones no comprobadas sobre su eficacia terapéutica”. El fármaco se retiró en 2010 y un funcionario de la FDA estimó que debía haber causado entre 40.000 y 200.000 casos de infarto de miocardio o ictus desde 1999. Otro ejemplo en esta línea que relata Laporte, para entender la gravedad de las prácticas de estas empresas y la ausencia de consecuencias reales para ellas, es el del fármaco rofecoxib, de Merck, un analgésico que acabó retirado del mercado en 2004 (3). Investigaciones demostraron que la empresa conocía desde hacía años el riesgo de infarto de miocardio y que había intimidado y perseguido judicialmente a los científicos que habían puesto en duda la seguridad del fármaco. Según los cálculos de un evaluador de la FDA, el rofecoxib provocó entre 1999 y 2004 entre 88.000 y 140.000 casos de infarto de miocardio, casi la mitad con resultado de muerte, solo en EEUU. Estudios posteriores demostraron que también habría causado un número ligeramente inferior de casos de ictus, insuficiencia renal y arritmias cardíacas graves.

Se trata de dos ejemplos gravísimos que ponen de manifiesto toda una forma de funcionar: empresas privadas fabrican sus productos, que son evaluados por ellas mismas y con resultados muchas veces cuestionables que son revisados por agencias reguladoras cuya financiación depende de esas empresas y cuyos altos cargos son tentados con frecuencia con grandes salarios por parte de dichas empresas, en una política lamentable de puertas giratorias.

Otro tema en el que se detiene Laporte, de especial interés para profesionales y usuarios de la salud mental, es la más que cuestionable eficacia de los fármacos antidepresivos, señalando también cómo diversos estudios fueron manipulados por las empresas farmacéuticas que los financiaban para ocultar datos de efectos secundarios potencialmente graves, como el suicidio (4,5). Se ha demostrado el fraude cometido en la redacción de varios artículos científicos sobre antidepresivos y su supuesta seguridad y eficacia, pero las revistas médicas no han retirado estos estudios y siguen estando disponibles en la red en la actualidad. Lamentable complicidad más fácil de entender cuando se sabe que dichas revistas son también financiadas en gran parte por la industria farmacéutica. Se defiende habitualmente como vía a seguir la medicina basada en pruebas, pero dichas pruebas son sistemáticamente manipuladas, llegando a los prescriptores conclusiones parciales y sesgadas.

Se detiene Laporte en varios casos concretos de fármacos que se han demostrado no solo ineficaces en las indicaciones para las que han sido promocionados, sino muchas veces peligrosos, como el caso paradigmático del fentanilo y toda la epidemia de opioides que afecta EEUU y amenaza con llegar hasta nosotros. También el uso y abuso de fármacos para el dolor de espalda, con muy escasos resultados, o el sinsentido de tratar el supuesto exceso de colesterol, cuyo umbral va disminuyendo hasta conseguir crear más y más supuestos pacientes que no se beneficiarán en absoluto de tal tratamiento.

Laporte señala la exagerada cantidad de fármacos que consumimos, cada vez en mayores cantidades, dosis y polifarmacia. Ello lleva muchas veces a cascadas terapéuticas, donde se añade un fármaco para combatir efectos secundarios causados por el anterior, acabando con pautas de cinco o más fármacos, lo que dispara el riesgo de efectos secundarios o interacciones muchas veces desconocidas.

Toda esta situación no deja de ser como es por una serie de decisiones políticas, que posibilitan que sea la propia industria la que realiza los estudios sobre la eficacia y riesgos de sus fármacos, que marca una duración de las patentes desproporcionada, que deja vía libre a la captura de los reguladores o a la promoción de sus productos mediante sobornos apenas disimulados a médicos prescriptores, autoridades académicas o asociaciones profesionales o de pacientes. Haremos aquí un inciso, dado que esta reseña se publica en la Revista de la AEN, para señalar que nuestra asociación es ya desde hace años independiente de la industria farmacéutica, lo cual, aunque nos obliga a ser austeros en el buen sentido de la palabra, nos convierte en un agente más fiable a la hora de informar y opinar sobre todos estos temas. No está de más enorgullecerse de ello y, a la vez, lamentar que no haya más asociaciones profesionales que opten por el mismo camino.

También es importante quitarnos la venda de los ojos y, más allá de comentarios simplones sobre “qué haríamos si la industria no investigara” (cuando gran parte de la investigación básica en que se basan los fármacos patentados viene de organismos públicos como universidades, etc.), debemos ser conscientes de lo que este negocio (porque no hay otra manera mejor de llamarlo) supone en términos de vida y muerte. Lejos quedaron los tiempos en que científicos se negaban a patentar medicamentos o vacunas, queriendo que toda la humanidad se pudiera beneficiar de sus descubrimientos. Por poner un ejemplo claro, hoy en día hay empresas con niveles obscenos de beneficios que poseen (porque los estados lo permiten con sus legislaciones, no lo olvidemos) las patentes de fármacos antirretrovirales indispensables para mantener con vida y salud a millones de personas afectas de infección por VIH. Estas empresas y sus directivos eligen mantener precios elevados, muy por encima de su coste de producción, a pesar de que ello impide a poblaciones de países en vías de desarrollo el acceso a estos fármacos. Y cuando dichos países deciden saltarse las patentes y fabricar genéricos de estas moléculas, estas empresas lo denuncian para evitarlo, sabiendo que condenan a muerte a cientos de miles de personas. Lo que ocurre es que, por alguna razón que se nos escapa, a esto no lo llamamos terrorismo.

Tampoco debemos olvidar que el hecho de que la situación actual obedezca a una serie de decisiones políticas implica que puede ser modificada. Como nos enseñó uno de nuestros maestros hace ya años, es vital entender la diferencia entre una rata en un laberinto, que tiene un problema, y una mosca en una botella cerrada, que sufre una desgracia. Es decir, todo el entramado que tan acertadamente describe Laporte es el resultado de una serie de decisiones políticas que, como tales, pueden ser modificadas. No pretendemos decir con esto que tal cambio sea sencillo, que para nada lo es, pero no es imposible. Si algo nos enseñó la pandemia de Covid-19, y no fue enseñanza pequeña, es que para bien o para mal el poder del Estado, cuando quiere, es capaz de pasar por encima de legislaciones, ciudadanos y empresas. Imagínense todo ese poder enfocado en mejorar las cosas: en una industria farmacéutica pública sin ánimo de lucro, en estudios científicos honestos que permitieran conocer de verdad eficacias y riesgos, en llegar a usar solo los fármacos necesarios y por el tiempo necesario, y con precios asequibles para llegar donde hicieran falta. En fin, somos conscientes de que este escenario es muy poco probable, pero para aventurar cualquier posible solución es básico conocer bien el problema planteado y, para ello, una obra como “Crónica de una sociedad intoxicada” del Dr. Laporte se convierte en un elemento clave de conocimiento de la situación.

No queremos terminar sin señalar también la valentía que traslucen todas y cada una de las páginas de este libro, escritas además con una claridad que las hace completamente asequibles a cualquier persona interesada en conocer más sobre un asunto de tanta importancia. La palabra es valentía, porque cuando alguien desvela hechos tan graves y con tal abundancia de datos y pruebas, sabe que se expone a críticas de no pocos actores interesados en que nada de esto cambie para mantener sus beneficios y su estatus profesional. Está claro que al Dr. Laporte no le faltan ni el conocimiento ni el valor para hacérnoslo llegar. No olvidemos que una sociedad bien informada es una sociedad que, al menos, podrá intentar sanar los males que sufre.


Bibliografía:

1. Tanne, J.H. GSK hid heart risks of diabetes drug, claims committee. BMJ 2010; 340; 444-45.

2. Rosen, C.F. Revisiting the rosiglitazone story - Lessons learned. N Engl J Med 2010; 363: 803-06.

3. Prozzi, G.R. El retiro del rofecoxib: una historia para reflexionar. Rev Arg Anest 2004; 62, 5: 327-328.

4. Aursnes, I, Tvete, I.F., Gaasemyr, J, Natvig, B. Suicide attempts in clinical trials with paroxetine randomised against placebo. BMC Med 2005; 3:14.

5. Healy, D. The antidepressant tale: figures signifying nothing? Adv Psychiatr Treatment 2006; 12:320-28.


lunes, 2 de septiembre de 2024

Prólogo a la edición en castellano de "La psiquiatría bajo sospechas", de Whitaker y Cosgrove

Traemos hoy el prólogo que preparamos para la edición en castellano del libro de Whitaker y Cosgrove "Psychiatry under the influence", titulado aquí "La psiquiatría bajo sospechas". Es un honor participar aunque sea solo con unas palabras en el edición de esta obra en nuestro idioma, y esperamos que sea signo de que pronto podremos contar con traducciones de otros libros del campo de la psiquiatría crítica, tan necesarios. Esperamos que les guste.


Es un honor para nosotros poder prologar la edición en castellano del libro de Whitaker y Cosgrove “Psychiatry under the influence”, que tenemos la suerte de poder leer por fin gracias al trabajo de Ediciones Psara. Es esta una obra publicada originalmente en 2015 en Estados Unidos, y de la que solo habíamos tenido referencias a través de diversas entradas publicadas en el blog de la plataforma No Gracias (nogracias.org). Forma parte de la que ha dado en llamarse “psiquiatría crítica” o en ocasiones “postpsiquiatría”, campo que nos ha brindado en los últimos años obras básicas para entender la situación y problemática del campo de la psiquiatría y la salud mental actuales: las inconsistencias teóricas que presenta, las cronificaciones a largo plazo que provoca, la sistemática de desvío de problemáticas sociales a soluciones individuales (e ineficaces), etc. Los autores son Robert Whitaker, periodista, y Lisa Cosgrove, psicóloga clínica, lo que ya de entrada les asegura la crítica fácil desde la psiquiatría más oficialista en el sentido de “los autores no son médicos”. No se dejen engañar por este argumento, porque es tramposo: en obras escritas por médicos como Gotzsche, la crítica se desvía a “el autor no es psiquiatra” y, más aún, cuando los autores son psiquiatras como Goldacre, Moncrieff u Ortiz, la crítica tampoco descansa y les acusa de “posiciones fundamentalistas”. Como si tener una actitud científica y ética fuera una postura fundamentalista.

El libro que tenemos en las manos aborda un tema clave en la crítica actual a la disciplina psiquiátrica y las instituciones en que se desarrolla: el problema de la influencia de la industria farmacéutica. Este y no otro es el gran elefante en la habitación de la profesión psiquiátrica (y, por extensión, de todas las profesiones que trabajan en salud mental). La industria farmacéutica ha encontrado un filón en la psiquiatría a la hora de cumplir su primer y único objetivo: la obtención de beneficios. No es que en otras ramas de la medicina no esté presente esa influencia de la industria, que por supuesto que existe, sino que determinadas características de la profesión psiquiátrica la han convertido en un blanco ideal para el marketing farmacéutico. Por un lado, no existen diagnósticos de certeza en psiquiatría. No hay ninguna prueba biológica, analítica, de imagen o de cualquier otro tipo, que confirme un diagnóstico psiquiátrico. Este se alcanza por una valoración por parte de un clínico de unos determinados síntomas, captados desde la subjetividad del paciente y hacia la subjetividad del profesional, y una determinada historia, recogida también lejos de cualquier objetividad, en base a relatos propios y de terceros, y siempre vista desde la distorsión del momento presente. Y, en los pocos casos en que una prueba médica confirma un diagnóstico, esto da siempre como resultado el reconocimiento del caso como “no psiquiátrico”, como ocurre en el parkinson, la demencia o la neurosífilis, por poner unos ejemplos. Esta situación de falta de objetividad hace ideal la psiquiatría para un continuo incremento de los diagnósticos: hemos asistido en las últimas décadas a una constante aparición de nuevos trastorno (como el TDAH del adulto) o una inflación masiva de trastornos antes muy poco frecuentes (como los llamados trastornos del espectro autista), así como contemplamos auténticas epidemias de TDAH infantil, trastorno bipolar o síndromes depresivos. Todo este sobrediagnóstico significa mucha más prescripción farmacológica y muchos más beneficios para los laboratorios. Y, sin duda, muchos mayores daños para un montón de personas expuestas a fármacos que no necesitan y que causarán efectos secundarios y en ocasiones dependencia.

Otro aspecto que convierte a la profesión psiquiátrica en un blanco fácil para la industria es su condición histórica de “hermana pobre” de la medicina. A diferencia de nuestros compañeros y compañeras de otras especialidades, los psiquiatras no tenemos, como hemos comentado, certezas diagnósticas ni pruebas objetivas. Aún peor, carecemos de tratamientos claramente eficaces y seguros. Es cierto que se han desarrollado muchas moléculas que ofrecen algún alivio a distintos malestares pero, como el mismo Whitaker demostró en su libro “Anatomía de una epidemia”, el desarrollo de estos fármacos no ha supuesto una disminución en la prevalencia de trastornos mentales, sino que ha coincidido en el tiempo con un drástico incremento de casos. Además, cada vez son más los autores que encuentran claros riesgos de dependencia a largo plazo a muchas de estas substancias, con lo que eso significa para muchas personas.

Los psiquiatras, y el resto de profesionales de la salud mental con nosotros, abrazamos a partir de los años 80 del siglo pasado y coincidiendo con la aparición de los psicofármacos de elevado previo (con el ejemplo paradigmático del Prozac ®) y el DSM-III (escrito por autores con amplios conflictos de interés con los laboratorios farmacéuticos) un modelo biologicista basado en una neuroquímica simplona y cortoplacista, pero que nos proporcionó a los profesionales por fin la (supuesta) seguridad de que teníamos al alcance de la mano la etiología y fisiopatología de los trastornos mentales, en base a neurotransmisores que subían y bajaban. La industria, a través de sus voceros a sueldo, promovió el argumento nunca demostrado de que, si el fármaco A reducía el neurotransmisor B, eso implicaría que el trastorno en cuestión estaría causado por un exceso en el organismo de B. Un argumento plausible, pero nunca demostrado a pesar de varias décadas de denodados esfuerzos y que, igualmente, nos llevaría a hipotetizar como causante de la cefalea al déficit de paracetamol o de la timidez al déficit de alcohol etílico. Pero concienzudas campañas de marketing a profesionales y a la opinión pública consiguieron sobradamente su objetivo de hacer hegemónica la teoría del desequilibrio químico.

La industria farmacéutica ha conseguido todos sus objetivos intermedios: aumentar los diagnósticos de trastornos mentales, hacer triunfar un modelo biologicista de dichos trastornos que hace imprescindible el uso de la medicación, exagerar los beneficios y minusvalorar los riesgos y daños posibles de los psicofármacos (a través de más que documentadas manipulaciones de estudios científicos y un evidente sesgo de publicación que lleva a que los estudios con resultados negativos para los fármacos se publiquen mucho menos que los que tienen resultados positivos), conseguir a través de unas falsas ideas de inocuidad y utilidad que la bibliografía independiente para nada apoya, que los profesionales receten cada vez más psicofármacos, a edades más tempranas (y mayores), para todo tipo de trastornos y para malestares que muy difícilmente se podrían en realidad catalogar como “trastornos mentales”. Todos estos objetivos intermedios en busca de su único objetivo final: la obtención de beneficios económicos.

Whitaker y Cosgrove abordan toda esta problemática, centrándose no solo en el papel de la industria en busca de esos beneficios, sino también en el papel jugado por los psiquiatras en relación a sus propios intereses corporativos como especialidad. Intereses ambos muchas veces alejados de los intereses del paciente, que deberían ser la única fuerza motriz del trabajo de los profesionales. Los autores, además, señalan un punto especialmente importante que muchas veces es dejado de lado. Esta corrupción no es solo un asunto individual de algún responsable de una compañía farmacéutica o de algún profesional vendido. Es una corrupción absolutamente institucionalizada, como parte de un sistema diseñado para funcionar de esa manera. Algunas empresas farmacéuticas, por ejemplo, se han enfrentado a multas millonarias por ocultar riesgos de sus fármacos, pero dichas multas son cantidades insignificantes comparadas con los beneficios que dichos fármacos les han reportado. En este estado de cosas, no es lógico esperar honradez cuando la corrupción asegura más beneficios sin ninguna repercusión legal para los culpables. Los profesionales, por su parte, son en su inmensa mayoría lo que uno consideraría buenas personas que intentan ayudar a los pacientes que atienden, pero el marketing continuo a que están expuestos y el goteo incesante de pequeños sobornos que no quieren rechazar (comidas, cenas, viajes supuestamente formativos…) sesga lo que debería ser una prescripción basada solo en la información científica disponible, la experiencia del clínico y las preferencias del paciente. Esta influencia de la industria se deja sentir cada vez más también en asociaciones profesionales y de familiares, más allá del obsequio al psiquiatra particular. Evidentemente, las administraciones son también culpables de esta situación, ya que dejan a los organismos reguladores ser financiados por la industria y con constantes puertas giratorias por las que los responsables públicos van a trabajar luego por enormes cantidades de dinero para las empresas que supuestamente vigilaban, así como permiten la persistencia de los citados sobornos al psiquiatra de a pie. Mención aparte para los grandes “líderes de opinión” que reciben enormes sumas por influenciar a través de publicaciones, conferencias, artículos en prensa, etc. al resto de profesionales en la prescripción del fármaco que les paga.

Toda esta corrupción, señalan Whitaker y Cosgrove, no depende de unas “manzanas podridas” que se puedan localizar y sacar del cesto. Es el cesto en sí el que está podrido y contamina las manzanas que hay y las nuevas que entran. Aunque hay que señalar también que, pese a lo institucionalizado de esta corrupción y a que no podrá ser vencida solo por decisiones individuales sino posiblemente por todo un trabajo legislativo de control, sí hay pasos individuales que se pueden dar: cada vez más profesionales médicos y sanitarios rechazan la interacción con la industria, cada vez hay más organizaciones que denuncian esta situación como la plataforma No Gracias y cada vez aparecen más asociaciones que defienden su independencia frente a la industria farmacéutica, como la Asociación Española de Neuropsiquiatría, asociación multiprofesional de salud mental que pronto cumplirá sus primeros 100 años.

Creemos muy importante la publicación de este libro, no solo porque llegue a los profesionales toda esta información que, aunque está en cierto sentido delante de nuestras narices, muchas veces no sabemos o no queremos ver sino, mucho más importante, porque pueda llegar a la opinión pública. Llevamos ya décadas de denuncias, de múltiples artículos y libros, así como documentales o publicaciones en Internet sobre los conflictos de interés que asolan la psiquiatría, sobre la corrupción en la relación con la industria farmacéutica y cómo implica que nuestra disciplina se empobrezca y, lo peor de todo, que atendamos peor a las personas que confían en nosotros. Pero, a pesar de algunas posiciones críticas que comentamos antes, el cambio ha sido pequeño y los resultados muy escasos. No creemos que la profesión pueda o quiera limpiarse de toda esta corrupción que denunciamos. Tal vez sea el momento de que todo este debate llegue a la opinión pública y sea allí donde se tomen las decisiones pertinentes. Que la gente conozca el dinero que reciben sus psiquiatras en forma de distintas prebendas, que se sepa cómo se lleva a cabo la investigación científica por parte de la industria, cómo esta lleva a cabo sus prácticas y cómo la profesión psiquiátrica por parte de sus miembros más destacados colabora en todo ello. Que la gente sepa lo que ocurre es importante y la publicación de este libro es un gran paso para ello. 



domingo, 30 de junio de 2024

El elefante en la habitación

En fechas recientes, fuimos invitados a dar unas ponencias en la jornada "La salud mental del siglo XXI para el cambio: retos y oportunidades", organizada por el sindicato CCOO en Santa Cruz de Tenerife. Vamos a compartir una de ellas, titulada "El elefante en la habitación", con el texto de la charla y el vídeo de la misma, que siempre es más ameno.

Esperamos que les resulte interesante (y preocupante, sin duda).



Buenas tardes a todas. Lo primero, agradecer a José Luis Morales la oportunidad que me ha brindado de estar esta tarde con ustedes en representación de la AEN, la Asociación Española de Neuropsiquiatría, que a pesar de su anacrónico nombre, con el que cumplimos 100 años este mismo 2024, es la asociación de profesionales de salud mental multiprofesional más importante de este país por número de socios. Yo vengo a compartir con ustedes la posición de mi asociación, y la mía propia, en uno de los retos principales que tiene planteada la salud mental hoy en día. 

Esta charla mía debe durar unos 15 minutos, según me han dicho, para dejar espacio al muy necesario debate posterior. Como verán, yo ya tengo una edad y empiezo a ser también un poco anacrónico, pero reconozco que no me siento cómodo con esta última moda de charlitas en 5 minutos en forma de “píldoras”, como las llaman. Yo vengo de una cultura de clases magistrales (preferentemente con citas de Foucault), sin el acompañamiento audiovisual tan usado hoy en día, que creo que muchas veces no hace sino distraer a la audiencia, y considero imposible exponer un tema complejo en menos de una hora u hora y media. No me será posible entonces hablar acerca de aspectos clave para entender la problemática actual de la atención a la salud mental en este país, como la exagerada psiquiatrización y psicologización de malestares vitales o sociales que deberían abordarse desde el ámbito político y no desde el clínico, o recordar las endebles bases teóricas que sostienen el edificio psiquiátrico con su buena parte de coerción y paternalismo acompañante, o comentar problemáticas laborales con indudable repercusión en la atención a nuestros pacientes, como el ya mencionado en estas jornadas imprescindible reconocimiento de la especialidad de enfermería de salud mental, incomprensiblemente postergado por nuestras administraciones públicas desde hace ya 25 años.

Sin embargo, hay un tema de la mayor importancia que es sumamente concreto y que se puede exponer en 15 minutos o incluso en menos. Es un tema imprescindible tanto para la AEN como para nosotros, y me refiero a mi compañera Amaia Vispe y yo mismo, ya que este pequeño trabajo ha sido preparado, como todos, con ella. Es el elefante en la habitación a que aludo en el título, buscando su atención en estas horas tempranas de la tarde, cuando el cansancio ya hace mella. Es un tema totalmente pertinente ante un auditorio formado por profesionales sanitarios, asociaciones y administraciones públicas. Es la relación entre la industria farmacéutica y el mundo profesional de la salud mental.

La AEN es una asociación que ya desde hace casi diez años se define como independiente de la industria farmacéutica, en el sentido de no aceptar pagos, donaciones o colaboraciones de ningún tipo en la idea de que tales cosas no buscan sino influir a la hora de posicionar determinados productos en el mercado farmacéutico que paga nuestro sistema público de salud (no nos olvidemos: con el dinero de todos) y nuestros pacientes. Yo mismo, como psiquiatra, hace ya quince años que tampoco acepto ningún obsequio, cena, actividad supuestamente formativa o divertidos viajes al extranjero para ir de congresito, en la creencia de que cuando antes lo hacía, por supuesto que influía en mi prescripción. Igual va a resultar que yo era el único que me dejaba influir y todos mis compañeros reciben y aceptan tales obsequios, viajes y comidas sin que les afecte lo más mínimo pero, aunque ustedes crean eso, tengan claro que el simpático visitador comercial que les agasaja y les ríe los chistes está convencido de que sí que les está influyendo.

Este tema es, a la vez, tremendamente simple y tremendamente complejo. Por un lado, es muy simple porque es una dinámica empresarial obvia para cualquiera que tenga ojos en la cara (sobre todo para quien vea la interacción desde fuera, sin recibir nada, es sabido que es muy difícil que alguien se dé cuenta de algo cuando sus prebendas y beneficios dependen de que no se dé cuenta). Las empresas farmacéuticas hacen una labor de lobby en busca de maximizar sus beneficios y, en ese camino, como ahora desarrollaremos un poco, marcan con su influencia el desarrollo teórico de la psiquiatría actual en sus clasificaciones de trastornos y formas de abordaje de los mismos, casi monopolizan la investigación científica con resultados publicados que normalmente (oh, sorpresa) favorecen a los fármacos de la empresa que paga (y a veces incluso redacta) el artículo en cuestión, y ejercen una labor de marketing sobre el profesional de a pie, sobre todo psiquiatras, así como financiando de formas que nunca son desinteresadas asociaciones de pacientes o de profesionales (a la AEN ya no, por suerte).

El tema, como digo, es simple: un grupo de empresas destinan gran parte de su presupuesto a colocar sus productos en un mercado en busca del mayor beneficio económico posible. La solución también es simple: que las administraciones sanitarias, algunos de cuyos representantes han estado presentes en estas jornadas (no sé si dada la hora aún contamos con ellos), y los propios profesionales, corten cualquier lazo de influencia con la industria en busca de una independencia imprescindible para el uso racional de los fármacos que prescribimos a las personas que atendemos. Pero, a la vez, es este un asunto de la mayor complejidad, dados los tremendos conflictos de interés que genera, por supuesto no solo en el profesional de a pie, y que provocan que la ética, el ahorro bien entendido y a veces hasta la legalidad vigente, queden dejados de lado.

Desarrollaremos un poco el tema de cómo se manifiesta esta influencia de la industria farmacéutica en el campo de la psiquiatría y la salud mental en general (aunque, por supuesto, ocurre igual o parecido en otras áreas de la medicina).

En primer lugar, las empresas farmacéuticas condicionan las mismas clasificaciones de los trastornos mentales que usamos los profesionales. Se ha publicado cómo muchos de los autores del DSM-IV y del DSM-5 habían recibido pagos por parte de distintos laboratorios farmacéuticos por miles y miles de dólares. Todo ello legal, sin duda pero, ¿de verdad debemos asumir que eso no condicionó su toma de decisiones a la hora de bajar los umbrales diagnósticos de muchas categorías y crear otras nuevas? ¿no tuvo nada que ver en que muchas más personas sean susceptibles de ser diagnosticadas de un trastorno mental y recibir un tratamiento psicofarmacológico a continuación? Estas clasificaciones son, tristemente, la base de la psiquiatría y la salud mental actuales, lejos de desarrollos teóricos más profundos que se llevaron a cabo en épocas anteriores, y marcan la visión de la disciplina que tienen los profesionales, desde los mismos momentos iniciales de su formación. La industria farmacéutica financia generosamente (pero no de forma altruista) a los principales portavoces de la psiquiatría mundial y estatal (que a veces parecen más vendedores que otra cosa), así como patrocina los congresos y revistas más importantes, marcando su agenda, apoyando unos puntos de vista y soslayando otros. Siempre en busca, no de conocimiento ni de utilidad, porque no son esos sus fines, sino de beneficios económicos.

En segundo lugar, la industria financia y en muchos casos lleva a cabo la mayoría de los estudios científicos sobre psicofármacos. Ello conlleva varios problemas graves: el primero y fundamental, pero no el único, un evidente sesgo de selección, por el cual la mayoría de estudios que arrojan resultados negativos para el fármaco evaluado directamente no son publicados; una redacción muchas veces interesada (por no decir tramposa) por la cual las conclusiones no dicen exactamente lo que los datos muestran; un diseño que sistemáticamente olvida la importancia del largo plazo, para fármacos que muchas veces se usarán de forma indefinida; el estudio de variables secundarias o análisis por subgrupos para demostrar eficacia como sea, aunque su relevancia sea solo estadística y no clínica; la negligencia en la búsqueda de efectos secundarios potencialmente graves, como el suicidio, incluyendo en algunos casos incluso la manipulación directa o el ocultamiento de datos, etc. Todo ello es posible, evidentemente, debido a una lamentable dejadez de funciones de las administraciones sanitarias, que se abren a financiar nuevos fármacos en base a estudios comparativos sobre placebo y no sobre comparadores activos y que dejan la investigación, y en parte la formación de los profesionales, en manos de empresas interesadas exclusivamente en su lucro, como es inevitable por otra parte en el sistema económico en que vivimos y sufrimos (por lo menos, mientras el nivel del mar nos lo permita).

En tercer lugar, está la influencia directa sobre profesionales o asociaciones. Esto marca el conflicto de interés fundamental en nuestra disciplina, y debemos tener claro que esta influencia no se corrige con transparencia. Declarar estos conflictos de interés no sirve para nada, no es sino reconocer el pecado sin el menor propósito de enmienda. ¿Se fiarían ustedes de un juez pagado por una empresa sobre la que tiene que juzgar solo porque sea transparente y lo declare? ¿Se fiarían de un concejal de urbanismo que les reconozca que cobra sistemáticamente de empresas constructoras pero que eso no le influye en absoluto a la hora de adjudicar una obra? Venga, que ya somos todos mayorcitos…

Esta influencia de la industria se deja sentir claramente en un aspecto clave como es la financiación de nuevos fármacos, como ha sido el caso reciente de la esketamina, que podemos considerar paradigmático de cómo trabaja la industria para posicionar su producto.

La esketamina es una molécula derivada de la ketamina, que ha sido aprobada (y posteriormente financiada con cargo al erario público) para la llamada “depresión resistente”. Primero, se popularizó el constructo más bien oscuro de “depresión resistente al tratamiento”, a través de distintos profesionales (probablemente en muchos casos tras recibir sus oportunos honorarios por consultoría) e incluso en medios de comunicación de masas para llegar bien a la opinión pública que, lógicamente, demandará el milagroso producto. A continuación, se llevan a cabo por parte de Janssen, el laboratorio fabricante, estudios de eficacia y seguridad, encontrando que la mejoría respecto a placebo es de 4 puntos en una escala de depresión que mide más de 60. Ligera relevancia estadística con muy dudosa relevancia clínica, como han denunciado distintos autores (estos sí, sin conflictos de interés). Y ese resultado, además, en estudios llevados a cabo por el laboratorio, imagínense. Finalmente, tras mucha presión y pese a una decisión inicial contraria, el ministerio decide aprobar la financiación del fármaco para esa indicación, a un coste de aproximadamente 18.000 euros por paciente y año a dosis máxima. Con un sencillo cálculo también aproximado, un médico le cuesta al sistema público de salud lo que tres pacientes con dosis máxima de esketamina al año, con una eficacia dudosa y preocupaciones presentes sobre su seguridad. 

No hay mejor ejemplo del coste de oportunidad de decidir una intervención u otra. Nos dicen que no hay dinero para sanidad (curiosamente, nunca se plantea que a lo mejor no hay dinero para aumentar el gasto militar, y eso que todo sale de los mismos bolsillos, que son los nuestros), pero el escaso dinero que sí hay para gasto sanitario se puede destinar a unas cosas o a otras, y esa decisión requeriría una absoluta ausencia de conflictos de interés.

En fin, que el tema por un lado es simple, porque se entiende a la perfección (si uno no tiene dichos conflictos de interés, porque si los tiene, parece volverse de comprensión más difícil) y simple sería la solución, y al alcance de profesionales y administración: prohibición de la interacción entre sanitarios y empleados de la industria farmacéutica (con la lógica excepción de quienes trabajaran en los laboratorios en investigación y desarrollo), implementación de un sistema de investigación y evaluación de fármacos público y transparente, que permitiera tomar decisiones racionales sobre aprobación y financiación de medicamentos, y creación de una industria farmacéutica pública (y no esa idea que ahora defiende la ministra de sanidad, que se dice de izquierdas, de abogar por la colaboración público-privada, que ya les digo yo que acabará significando que los gastos son públicos y los beneficios privados), una verdadera industria farmacéutica pública que funcionara bajo criterios de utilidad y no de lucro, y que permitiera también el desarrollo de fármacos poco rentables, que evitara desabastecimientos como los que sufrimos con los fármacos más baratos y que nos librara de la especulación brutal que se hace con la salud de la gente, como se ha visto en los precios abusivos e inalcanzables en muchos países para fármacos contra el VIH, por poner un ejemplo. ¿Somos conscientes de que hay empresas con obscenos niveles de beneficios que mantienen precios de antirretrovirales tan altos que eso aboca a la muerte a miles de personas en los países en vías de desarrollo? ¿Alguien se puede sentir cómodo siendo invitado a comer o cenar por estas empresas? Yo desde luego no me sentiría bien aceptando su dinero ni sus obsequios.

El tema es simple y la solución también. Lo complejo es que se quiera solucionar.

Este es el elefante en la habitación de la psiquiatría y la salud mental. Podemos seguir ignorándolo e intentando no hablar de él (excepto cuando nos dan la oportunidad, como hoy, y venimos nosotros a molestar con ello), pero el elefante no se marchará solo y, cuanto más tiempo esté, más cosas romperá y más daño hará a nuestro ya tan castigado sistema público de salud. 





martes, 23 de abril de 2024

Sorpresón en Las Gaunas: a los psiquiatras de Vox no les gusta un ministerio de sanidad (ligeramente) de izquierdas


Como sabrán, estamos ante uno de los gobiernos más progresistas de nuestra historia (es que hay que ver qué historia hemos tenido, la verdad) y, dentro de él, el Ministerio de Sanidad es una de las carteras que gestiona el grupo político (o lo que sea) de Sumar. Una de las medidas de este ministerio, al que creemos acertado en los primeros anuncios de medidas que está haciendo, ha sido crear un Comisionado de Salud Mental y nombrar como directora del mismo a la psiquiatra Belén González. En palabras de la ministra Mónica García, este Comisionado es "una herramienta pionera para abordar la epidemia de sufrimiento psíquico prestando atención a los malestares sociales que hacen que la vida duela". No podríamos estar más de acuerdo.

Aquí pueden ver su acto de presentación:



Y resulta que esto no ha gustado a algunos de los psiquiatras españoles, como por ejemplo al Dr. Celso Arango, como pueden leer aquí:

"Los peligrosos mensajes en salud mental que permiten desde Sanidad y que enfadan a los psiquiatras":



Lo primero a señalar es la mala costumbre que tiene alguna prensa en considerar al Dr. Arango o a la Sociedad Española de Psiquiatría como "los psiquiatras" o "la psiquiatría española", como si no hubiera otras voces, como la nuestra propia o la de muchos socios y socias de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, que para nada estamos de acuerdo con las críticas del Dr. Arango y algunos de sus colegas, y sí esperanzados con que el rumbo que parece estar trazando el ministerio en lo referente a la salud mental nos lleve a tratamientos más racionales, a menor abuso de psicofármacos, a más atención a los determinantes sociales del malestar que sufrimos y a menor psiquiatrización y psicologización del mismo, etc.


Pero esto no es un debate, como algunos interesadamente intentan presentar, entre la Psiquiatría Científica (así, con mayúsculas, que impresiona más) y un grupo de hippies irredentos que han tomado el ministerio en lo que España termina de romperse. 

Esto, en realidad, es un debate entre algunos psiquiatras muy cercanos a la extrema derecha, como este acto dejó meridianamente claro: https://efe.com/espana/2023-03-10/psiquiatras-ley-trans-vox-monstruosidad/ y otros psiquiatras (y más profesionales) cercanos a lo que queda de izquierda en este país (que tampoco es mucho, pero es lo que hay). 

No es un debate entre Ciencia y Disparate, como se intenta vender, sino entre distintas visiones de la psiquiatría y la salud mental.


Y por poner un poco más de luz en ese debate, no dejaremos de señalar lo que creemos que es un punto clave del mismo: los conflictos de interés con la industria farmacéutica que tiene la Sociedad Española de Psiquiatría (no así la AEN, que es independiente de la industria farmacéutica desde hace años) y el propio Dr. Arango. Esto no es ilegal, pero es un dato interesante (y, en nuestra opinión, no muy ético, pero eso ya es cosa nuestra).

Aquí pueden ver una muestra de esos conflictos de interés declarados por el Dr. Arango en algunas de sus publicaciones:


Prof Arango has been a consultant to or has received honoraria or grants from Acadia, Angelini, Gedeon Richter, Janssen Cilag, Lundbeck, Otsuka, Roche, Sage, Servier, Shire, Schering Plough, Sumitomo Dainippon Pharma, Sunovion and Takeda.


Celso Arango has been a consultant to or has received honoraria or grants from Acadia, Angelini, Gedeon Richter, Janssen Cilag, LivaNova, Lundbeck, Otsuka, Roche, Sage, Servier, Shire, Schering Plough, Sumitomo Dainippon Pharma, Sunovion and Takeda.


Por último, gran parte del ataque al ministerio se centraba en una defensa acérrima de los psicofármacos, rechazando la crítica que se hace a veces acerca de su eficacia, menor de lo que algunos pregonan, y sus riesgos, que están mucho más presentes de lo que los profesionales con conflictos de interés suelen percibir.

Les dejamos varias entradas previas de nuestro blog donde hemos recogido muchos trabajos científicos que ponen de manifiesto esos problemas de eficacia y seguridad sobre los psicofármacos que empleamos y que el Dr. Arango y otros parecen no querer ver:







lunes, 1 de abril de 2024

Entrevista en Radio San Borondón sobre el libro "Postpsiquatría"

 

En fechas recientes, fuimos entrevistados en el programa de radio San Borondón, a propósito de la publicación de nuestro libro Postpsiquiatría, lo que dio lugar a algunas cuestiones y reflexiones que creemos interesantes. Las compartimos aquí (desde el minuto 1:52:50):


https://go.ivoox.com/rf/124873992



sábado, 2 de marzo de 2024

Seminario online: "Escuchando a la esketamina: evaluación y análisis crítico"

 

Hoy traemos el vídeo del primer seminario online del Grupo de Psicofarmacoterapia de la AEN, celebrado hace unos meses, con una completa evaluación sobre la esketamina, fármaco indicado para depresión resistente, de reciente introducción. Esperamos desarrollar en el futuro más trabajos en el seno de este Grupo de la AEN, e irlos difundiendo oportunamente. Esperamos que les resulte de interés.


Escuchando a la Esketamina: Evaluación y análisis crítico.






lunes, 13 de marzo de 2023

De antidepresivos y abstinencia (y profesionales poco y mal informados)


Si conocen este blog, sabrán que uno de los temas que más nos ocupan es la transmisión de información científica sobre los tratamientos que emplea la psiquiatría para intentar aliviar a las personas que atiende. Información científica que debe estar guiada (no sin considerables sesgos) por una medicina basada en la evidencia la cual, lejos de proporcionar certezas indudables, sí nos facilite al menos ciertos indicios para orientar la práctica clínica del profesional e, igual de importante, conocimiento para la opinión pública que debe estar bien informada sobre los tratamientos que se le prescriben, a la hora de prestar el pertinente consentimiento sobre los mismos (como la ley de autonomía del paciente actualmente vigente deja claro).


Teniendo esto en cuenta, nos sorprendió mucho encontrarnos hace unos meses unas declaraciones del Dr. Celso Arango en un artículo de elDiario.es titulado "La venta de antidepresivos se dispara en España un 10% en un año":

Es importante aclarar que los antidepresivos y los antipsicóticos no producen dependencia, ni tolerancia, ni síndrome de abstinencia. En el caso de las benzodiazepinas sí, los llamados tranquilizantes."

Diremos que nuestra sorpresa se debió a que el Dr. Arango es, supuestamente, un profesional de gran prestigio en este país, colaborador asiduo en medios de comunicación y poseedor de un curriculum sin duda envidiable, disponible en la red en los siguientes enlaces:






Y múltiples publicaciones en revistas del mayor impacto, en las cuales podemos leer también, por decirlo todo, sus declaraciones de conflictos de interés.




Prof Arango has been a consultant to or has received honoraria or grants from Acadia, Angelini, Gedeon Richter, Janssen Cilag, Lundbeck, Otsuka, Roche, Sage, Servier, Shire, Schering Plough, Sumitomo Dainippon Pharma, Sunovion and Takeda.




Celso Arango has been a consultant to or has received honoraria or grants from Acadia, Angelini, Gedeon Richter, Janssen Cilag, LivaNova, Lundbeck, Otsuka, Roche, Sage, Servier, Shire, Schering Plough, Sumitomo Dainippon Pharma, Sunovion and Takeda.


También ha participado en algunos eventos que no sabemos bien cómo calificar:





No alcanzamos a comprender cómo un profesional tan conocido como el Dr. Arango, con ese impresionante curriculum de publicaciones y demás, puede desconocer la más que abundante bibliografía científica existente sobre síntomas de abstinencia tras interrupción o disminución de medicación antidepresiva. Nos parece además preocupante porque se trata de un profesional que asiduamente es consultado por distintos medios de comunicación de masas, como experto en su campo, y mucho nos tememos que este desconocimiento sobre la abstinencia a antidepresivos puede provocar que muchas personas minusvaloren el riesgo potencial de tomar estos fármacos por tiempos prolongados. 


Evidentemente, confiamos en la buena fe del Dr. Arango y damos por sentado que en ningún momento pretende difundir información falsa sobre efectos secundarios de la medicación antidepresiva, tan prescrita en nuestro entorno. Lo que nos lleva a concluir que, por mucho que nos parezca increíble, el Dr. Arango desconoce la bibliografía científica publicada sobre el tema.


A su vez, nos entristece el papel de elDiario.es en esta historia. Evidentemente, el periódico no tiene por qué conocer el error del experto que ha consultado. Pero, a pesar de repetidos intentos de contactar por twitter o mail tanto con la periodista que firma la noticia como con la dirección del medio, no obtuvimos la menor respuesta. Y eso a pesar de que éramos socios del citado periódico. Condición que abandonamos dada nuestra decepción por la publicación de este error y, sobre todo, la ausencia absoluta de interés a la hora de corregir una información falsa publicada.


En fin, aunque es evidente que este humilde blog apenas tendrá una milésima parte de la audiencia de un medio como elDiario.es, queremos hacer nuestro trabajo (ya que ellos no han hecho el suyo) y, como profesionales de la salud mental que somos, colaborar en difundir información correcta por medio de la cual la población pueda estar adecuadamente informada sobre los tratamientos que le son prescritos. Para intentar corregir la falsedad publicada y, también, para sacar de su desconocimiento en este asunto al Dr. Arango, señalaremos a continuación algunos de los artículos científicos publicados sobre este importante tema:


  • La revista Psychotherapy and Psychosomatics publicó un artículo (Fava y otros, 2015) sobre síndrome de abstinencia después de discontinuación de ISRS. Se trata de una revisión sistemática que encontró una prevalencia del síndrome variable, con su estimación dificultada por falta de identificación de casos en muchos estudios. Los síntomas típicamente ocurren en pocos días tras la discontinuación y duran pocas semanas, también con reducción gradual. Sin embargo, hay muchas variaciones, incluyendo inicio tardío y/o persistencia más larga de las molestias. Los síntomas pueden ser fácilmente equivocados con signos de recaída inminente. Las conclusiones del artículo son que los clínicos necesitan añadir los ISRS a la lista de fármacos potencialmente inductores de síntomas de abstinencia después de la discontinuación, junto con benzodiacepinas, barbitúricos y otros fármacos psicotrópicos. Los términos "síndrome de discontinuación" o "síndrome de retirada" que son habitualmente usados minimizan las potenciales vulnerabilidades inducidas por ISRS y deberían ser reemplazados por "síndrome de abstinencia".

  • Un artículo publicado en Epidemiology and Psychiatric Sciences en 2019 trata sobre la retirada de antidepresivos y sus efectos. Dice su abstract: "Las reacciones de abstinencia al dejar los antidepresivos se han descuidado o minimizado durante mucho tiempo. Pasaron casi dos décadas después de que los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) ingresaron al mercado para que se publicara la primera revisión sistemática. Más revisiones han seguido demostrando que la opinión dominante y de larga data de que la abstinencia es principalmente leve, afecta solo a una pequeña minoría y se resuelve espontáneamente en 1 a 2 semanas, era extraña con la escasa pero creciente base de evidencia. Lo que revela la literatura científica está de acuerdo con los miles de testimonios de usuarios de servicios disponibles en línea en grandes foros. Sugiere que las reacciones de abstinencia son bastante comunes, que pueden durar desde unas pocas semanas hasta varios meses o incluso más, y que a menudo son graves. Estos hallazgos ahora son cada vez más reconocidos por los organismos y sociedades profesionales oficiales."

  • En la revista Addictive Behaviors se recogió en 2019 una revisión sistemática de la incidencia, gravedad y duración de los efectos de la abstinencia de antidepresivos. Las conclusiones afirman: La investigación disponible indica que las reacciones de abstinencia de antidepresivos están muy extendidas, con tasas de incidencia que oscilan entre el 27% y el 86% (promedio ponderado del 56%), y casi la mitad (46%) de los que experimentan abstinencia describen estas reacciones como graves. La investigación disponible también indica que las guías clínicas actuales en el Reino Unido y los EEUU necesitan urgentemente una corrección, con el fin de estar basadas en la evidencia, ya que los efectos de la abstinencia no son en su mayoría 'leves' ni 'autolimitados' (es decir, generalmente se resuelven sobre 1-2 semanas), sino que se experimentan regularmente mucho más allá de lo que reconocen las directrices actuales.

  • En la revista Therapeutic Advances in Psychopharmacology se publica un artículo en mayo de 2020 con el título "¿Cómo de efectivos son los antidepresivos para la depresión a largo plazo? Una revisión crítica de los ensayos de prevención de recaídas y el problema de confundirse respecto a la abstinencia". El objetivo de este artículo es discutir la validez de los ensayos de prevención de recaídas y el problema de los factores de confusión de abstinencia en estos ensayos. Las recomendaciones para el tratamiento con antidepresivos a largo plazo se basan casi exclusivamente en ensayos de suspensión. En estos ensayos de prevención de recaídas, los participantes con depresión remitida se asignan al azar para que se interrumpa abruptamente el antidepresivo y lo reemplace por un placebo inerte o para continuar con el tratamiento activo. La diferencia entre el fármaco y el placebo en las tasas de recaída al final de la fase de mantenimiento se interpreta entonces como un efecto farmacológico profiláctico. Estos ensayos producen consistentemente beneficios notables para el tratamiento de mantenimiento. Sin embargo, la validez interna de este protocolo de prueba se ve comprometida, ya que la investigación ha demostrado que suspender abruptamente los antidepresivos puede causar reacciones de abstinencia graves que conducen a (o se manifiestan como) recaídas de depresión. Es decir, existe un factor de confusión sustancial en la abstinencia en los ensayos de interrupción, lo que hace que sus hallazgos no sean interpretables. No está claro hasta qué punto la separación fármaco-placebo en los ensayos de prevención de recaídas (interrupción) se debe a reacciones de abstinencia, pero varias estimaciones sugieren que presumiblemente es la mayoría. Una revisión de los hallazgos basada en otras metodologías, incluidos los ensayos de eficacia a largo plazo en el mundo real como STAR*D y varios estudios de cohortes naturalistas, no indican que los antidepresivos tengan efectos profilácticos considerables. 

  • Otro artículo que hemos recopilado tiene por título "¿Cómo de comunes y severos son seis efectos de abstinencia y adicción a los antidepresivos? Las experiencias de una gran muestra internacional de pacientes". Ha sido publicado en la revista Addictive Behaviors en marzo del 2020. Se analizaron los datos generados por una encuesta en línea de 867 personas de 31 países, que habían tomado AD de forma continua durante al menos un mes, y habían tratado de salir (con éxito o no). Los puntos destacados son: el 55% de las personas que intentaron desprenderse o reducir informan algún grado de dificultad para hacerlo; el 61% informa "efectos de abstinencia", y el 44% de ellos describe los efectos como "graves"; el 40% informa "adicción", y el 39% de ellos describe su adicción como "grave"; "ansiedad / pánico" (66%) e "Irritabilidad "(62%) son particularmente comunes; a <1% se le había dicho algo sobre los efectos de la abstinencia o la dependencia.

  • Hengartner y Plöderl publican en 2021 en Therapeutic Advances in Psychopharmacology un artículo titulado: “¿Efectos profilácticos o reacciones de abstinencia? Un análisis de los datos de tiempo hasta el evento de los ensayos de prevención de recaídas de antidepresivos presentados a la FDA”. Comentan que los ensayos de prevención de recaídas construyen la base científica para recomendar la continuación y la terapia de mantenimiento con antidepresivos. Sin embargo, la validez de la evidencia es discutida y puede estar sesgada debido a la confusión por retirada. Analizan las curvas de supervivencia de todos los ensayos de prevención de recaídas con antidepresivos presentados FDA (EE.UU.) entre 1987 y 2012 para 13 medicamentos aprobados. El resultado principal fue el porcentaje del efecto del fármaco (diferencia placebo-antidepresivo en eventos de recaída) en cualquier semana de la fase de mantenimiento en relación con el efecto total del fármaco al final de la fase de mantenimiento aleatoria. Su conclusión fue que la separación placebo-antidepresivo fue desproporcionadamente grande entre las semanas 3 y 6 de la fase de mantenimiento aleatorizado. Los beneficios de continuar con los antidepresivos en relación con la interrupción abrupta/rápida disminuyeron drásticamente después de la semana 6. Esto indica un exceso de eventos de recaída en los brazos de placebo durante la fase de mantenimiento temprano que puede deberse a las reacciones de abstinencia causadas por la interrupción abrupta/rápida del tratamiento activo. Si estos eventos tempranos de recaída se deben a un efecto farmacológico directo, entonces los verdaderos efectos profilácticos a largo plazo de los antidepresivos están sustancialmente sobreestimados.

  • Horowitz y Wilcock publican, en 2021, en Drug and Therapeutics Bulletin un artículo titulado: “Antidepresivos de última generación y efectos de retirada: reconsiderando el papel de los antidepresivos y ayudando a los pacientes a suspenderlos”. Sus conclusiones son que continúa existiendo una gran incertidumbre sobre los beneficios del uso de antidepresivos a corto y largo plazo, particularmente con respecto a la falta de diferencia clínicamente significativa entre tratamiento antidepresivo y placebo. Hay un mayor reconocimiento de la posibilidad de síntomas de abstinencia graves y duraderos por antidepresivos. Este reconocimiento pone en duda las propiedades de prevención de recaídas de los antidepresivos, ya que estas propiedades han sido demostradas en ensayos de discontinuación en los que los efectos de abstinencia pueden haber inflado las tasas de recaída. Los antidepresivos pueden tener efectos adversos significativos, que parecen ser mayores en el uso a largo plazo en comparación con los estudios de eficacia a corto plazo. A la luz de este balance incierto de beneficios y daños, se debería revisar la prescripción generalizada y creciente de antidepresivos. El enfoque de reducción también presenta desafíos prácticos para el sistema de salud en términos de las pequeñas dosis sugeridas, lo que requiere el uso de formulaciones que no sean tabletas fácilmente disponibles. Los farmacéuticos tendrán un papel importante que desempeñar para ayudar a los pacientes en la suspensión gradual de antidepresivos. Dados los considerables desafíos que implican para algunos pacientes al dejar los antidepresivos, se debe reconocer que para algunos, quizás especialmente los usuarios a largo plazo, los daños de suspender la medicación pueden ser mayores que los riesgos de continuarla. Aumentar el conocimiento sobre la dificultad que algunos pacientes tienen para dejar de tomar antidepresivos debería conducir a una práctica de prescripción más cautelosa, con antidepresivos administrados a menos pacientes, por períodos más cortos de tiempo.

  • Horowitz y Taylor publican en 2022 un artículo en BJPsych Advances, titulado: “Distinguir la recaída de la abstinencia de antidepresivos: Práctica clínica y estudios de interrupción de antidepresivos”. Comentan en sus conclusiones que debe tenerse un alto índice de sospecha de síntomas de abstinencia cuando los pacientes reportan ansiedad o depresión al suspender los antidepresivos. No está claro si los síntomas de abstinencia son más comunes que la recaída genuina. Hay que explorar si los síntomas afectivos informados están acompañados o no por otros síntomas no asociados con la recaída: por ejemplo, mareos, 'zaps' eléctricos, náuseas o insomnio profundo. Algunos síntomas, como los 'zaps' eléctricos, pueden considerarse patognomónicos de la abstinencia. Si los síntomas ocurren dentro de los días posteriores a la reducción o suspensión de un antidepresivo con una vida media corta (esencialmente todos menos la fluoxetina) y si los síntomas se resuelven a los pocos días de aumentar la dosis de un antidepresivo. entonces es probable que sean síntomas de abstinencia. Al aconsejar a los pacientes que suspendan o reduzcan su dosis de antidepresivos, los médicos deben sugerir pequeñas reducciones, controlar los síntomas de abstinencia y esperar de 2 a 4 semanas para que desaparezcan los síntomas de abstinencia antes de realizar reducciones adicionales. Este proceso controlado puede ayudar a reducir la incertidumbre que puede surgir al distinguir entre los síntomas de abstinencia y las recaídas, ya que es probable que los síntomas de abstinencia comiencen, empeoren, alcancen su punto máximo, mejoren y se resuelvan en varios días o semanas (si las reducciones son moderadas) a diferencia de los episodios de recaída, que pueden persistir durante mucho más tiempo. Es probable que los estudios de interrupción actuales que se cree demuestran las propiedades de prevención de recaídas de los antidepresivos realicen una confusión con los síntomas de abstinencia. Estos estudios a menudo suspenden los antidepresivos muy rápidamente y no miden los síntomas de abstinencia para distinguirlos de una recaída. Dado que los síntomas de abstinencia se superponen significativamente con los síntomas comúnmente utilizados en las escalas de calificación de depresión y pueden causar un aumento en las puntuaciones de depresión lo suficientemente grande como para alcanzar el umbral para el diagnóstico de recaída, es probable que los síntomas de abstinencia aumenten las tasas detectadas de recaída en los brazos de interrupción de estos ensayos, inflando la aparente capacidad de los antidepresivos para prevenir la recaída. Esta noción se ve reforzada por la preponderancia de recaídas detectadas en las semanas posteriores al cese, el período en el que los síntomas de abstinencia de los antidepresivos son más comunes. En general, los estudios existentes que pretenden demostrar las propiedades de prevención de recaídas de los antidepresivos deben interpretarse con cautela, y se requieren más pruebas para demostrar definitivamente la magnitud de las propiedades de prevención de recaídas de los antidepresivos.

  • Quilichini y otros, en 2022, publican un artículo en Journal of Affective Disorders titulado: “Efectos comparativos de 15 antidepresivos sobre el riesgo de síndrome de abstinencia: un estudio del mundo real utilizando la base de datos de farmacovigilancia de la OMS”. Comentan que si bien los informes de casos y los ensayos clínicos informaron el síndrome de abstinencia después de la reducción y/o la interrupción de los medicamentos antidepresivos, no se ha realizado ningún estudio grande para comparar el riesgo entre los diferentes antidepresivos. La conclusión de este gran estudio observacional en un entorno del mundo real sugiere que el uso de antidepresivos de vida media corta aumenta el riesgo de informar el síndrome de abstinencia en comparación con los antidepresivos de vida media larga. Entre los antidepresivos más comunes, la paroxetina y los inhibidores de la recaptación de serotonina-noradrenalina se asocian con un mayor riesgo de presentar síndrome de abstinencia.

  • Zwiebel y Viguera, en 2022, publicaron un artículo en Cleveland Clinic Journal of Medicine, titulado: “Descontinuar los antidepresivos: Perlas y trampas”. Señalan que dejar de tomar antidepresivos puede ser un desafío debido a la alta tasa de síntomas de discontinuación. Los pacientes con síndrome de discontinuación de antidepresivos (ADS, por sus siglas en inglés) comúnmente experimentan insomnio, síntomas similares a los de la gripe, alteraciones del estado de ánimo, mareos y parestesias, pero una amplia gama de efectos adversos efectos es posible. Los síntomas pueden durar de días a meses, y diferentes síntomas tienen diferentes duraciones. La educación al paciente, la identificación de los pacientes con mayor riesgo de desarrollar síntomas y una reducción gradual o cruzada de los antidepresivos son pasos importantes para mitigar el riesgo de ADS. Las reducciones deben ser llevadas a cabo durante semanas o meses. Los síntomas de interrupción deben manejarse reiniciando la dosis anterior de antidepresivo y luego disminuyendo aún más lentamente, con manejo sintomático adicional según sea necesario.

  • Sørensen y otros, en 2022, han publicado en Journal of Affective Disorders un artículo titulado: “Descripción de los síntomas de abstinencia de antidepresivos en las guías de práctica clínica sobre depresión: una revisión sistemática”. Describen que los síntomas de abstinencia a los antidepresivos pueden simular los síntomas de una recaída de la depresión y pueden ser un desafío para los pacientes cuando disminuyen o descontinúan los antidepresivos. El objetivo del trabajo fue evaluar cómo se describen los síntomas de abstinencia en las principales guías de práctica clínica sobre la depresión del Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Australia, Singapur, Irlanda y Nueva Zelanda. Se incluyeron 21 guías, 15 (71%) de las cuales indicaron que pueden ocurrir síntomas de abstinencia o interrupción. Ninguna de las pautas proporcionó una lista exhaustiva de posibles síntomas de abstinencia; diez (48%) guías mencionaron al menos un síntoma específico, con un rango entre cuatro y 39 síntomas. La superposición sintomática entre la abstinencia y la recaída se mencionó en cuatro guías (19%). Los síntomas de abstinencia generalmente se describieron como leves, breves y autolimitados; y grave en una minoría de casos. Las estimaciones de la duración, la incidencia o el inicio esperado se informaron en cinco guías (24%), y en todos los casos fueron inferiores a las informadas en las revisiones sistemáticas. Como conclusión, consideran que las guías de práctica clínica brindan información escasa e inadecuada sobre los síntomas de abstinencia de antidepresivos y orientación limitada para distinguir los síntomas de abstinencia de los síntomas de recaída.

  • Gastaldon y otros, en 2022, publican en Psychol Med un artículo titulado “Síndrome de abstinencia neonatal tras la exposición intrauterina a antidepresivos: un análisis de desproporcionalidad de VigiBase, la base de datos de informes espontáneos de la OMS”. Llevan a cabo un estudio de farmacovigilancia basado en VigiBase®, la base de datos de la OMS de sospechas de reacciones adversas a medicamentos. Se incluyeron un total de 406 reportes de síndrome de abstinencia neonatal en 379 neonatos relacionados con 15 antidepresivos. Se detectó una notificación desproporcionada para los antidepresivos como grupo en comparación con todos los demás medicamentos. Surgió una desproporcionalidad significativa para todos los antidepresivos individuales excepto para el bupropión. Los síntomas más frecuentes incluyeron síntomas respiratorios, irritabilidad/agitación, temblor y problemas de alimentación. Concluyeron que la mayoría de los antidepresivos se asocian con señales moderadas de notificación desproporcionada de síndrome de abstinencia neonatal, lo que debe tenerse en cuenta al prescribir un antidepresivo durante el embarazo, independientemente de la clase.

  • Sørensen y otros, en 2022, publican en Ther Adv Psychopharmacol un artículo titulado “Recomendaciones de la guías de práctica clínica sobre la reducción gradual y la interrupción de los antidepresivos para la depresión: una revisión sistemática”. El objetivo del estudio fue evaluar el alcance y el contenido de la orientación sobre la reducción gradual y la interrupción de los antidepresivos en las principales guías de práctica clínica sobre la depresión. Se llevó a cabo una revisión sistemática de las guías de práctica clínica sobre depresión emitidas por las autoridades sanitarias nacionales y las principales organizaciones profesionales nacionales o internacionales del Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Australia, Singapur, Irlanda y Nueva Zelanda. Se evaluaron las guías de práctica clínica en busca de recomendaciones e información relevante para la reducción gradual y la interrupción de los antidepresivos. De las 21 guías de práctica clínica incluidas, 15 (71%) recomendaron que los antidepresivos se redujeran gradualmente o lentamente, pero ninguna brindó orientación sobre las reducciones de dosis, cómo distinguir los síntomas de abstinencia de las recaídas o cómo manejar los síntomas de abstinencia. Los desafíos psicológicos no se abordaron en ninguna guía de práctica clínica, y los algoritmos de tratamiento y los diagramas de flujo no incluyeron la interrupción. La calidad de las guías de práctica clínica fue en general baja. Las conclusiones fueron que las principales guías de práctica clínica actuales brindan poco apoyo a los médicos que desean ayudar a los pacientes a suspender o disminuir los antidepresivos en términos de mitigación y manejo de los síntomas de abstinencia. Una mejor orientación requiere mejores ensayos aleatorizados que investiguen las intervenciones para suspender o disminuir los antidepresivos.

  • Gastaldon y otros publican, en 2022, en Drug Saf un artículo titulado “Síndrome de abstinencia tras la interrupción de 28 antidepresivos: análisis de farmacovigilancia de 31.688 informes de la base de datos de informes espontáneos de la OMS”. El objetivo del estudio fue determinar si los antidepresivos se asocian con un aumento de los informes de síndrome de abstinencia en comparación con otros medicamentos e investigar los factores de riesgo de reacciones graves. Se realizó un estudio de farmacovigilancia, basado en VigiBase®, la base de datos global de la OMS de informes de seguridad de casos individuales de sospechas de reacciones adversas a medicamentos. Se realizó un análisis de desproporcionalidad de los informes de síndrome de abstinencia relacionado con los antidepresivos. Comparamos los antidepresivos con todos los demás fármacos y entre sí dentro de cada clase de antidepresivos (ISRS, tricíclicos y otros antidepresivos). Con base en la clasificación de prioridad clínica, los informes desproporcionados más fuertes se encontraron para paroxetina, duloxetina, venlafaxina y desvenlafaxina. El síndrome de abstinencia se informó como grave con mayor frecuencia en hombres, adolescentes, personas en polifarmacia y con una duración más prolongada del tratamiento antidepresivo. Como conclusiones, los antidepresivos se asocian con un aumento de los informes de síndrome de abstinencia en comparación con otras clases de fármacos. Al prescribir y suspender los antidepresivos, los médicos deben ser conscientes de la propensión potencialmente diferente del síndrome de abstinencia entre los antidepresivos individuales y la posibilidad de experimentar síntomas de abstinencia más graves en relación con las características específicas del paciente.

  • Horowitz y otros publican en 2022 en la revista CNS Drugs un artículo titulado “Cálculo del riesgo de abstinencia de antidepresivos a partir de una revisión de datos publicados”. Los autores señalan que la adaptación del cerebro a la presencia de una droga predice la abstinencia al dejarla. El resultado de la adaptación a menudo se denomina "dependencia física" en farmacología, a diferencia de la adicción, aunque lamentablemente estos términos se han fusionado en algunas guías de diagnóstico. La dependencia física a los antidepresivos puede ocurrir en algunos pacientes, consistente con el hecho de que algunos pacientes experimentan efectos de abstinencia de estos medicamentos. Se cree que una mayor duración del uso, dosis más altas y antidepresivos específicos afectan el riesgo de efectos de abstinencia de antidepresivos, ya que podrían causar una mayor adaptación del cerebro. En la revisión, se encontró que la mayor duración del uso se asoció con una mayor incidencia y gravedad de los efectos de abstinencia. Los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina y la paroxetina están asociados con riesgos más altos que otros antidepresivos, aunque faltan datos para algunos antidepresivos. Las dosis más altas de antidepresivos tienen una asociación débil con un mayor riesgo de abstinencia, con algunos efectos máximos, tal vez reflejando las relaciones de ocupación del receptor. Se sabe que la experiencia pasada de los efectos de abstinencia predice el riesgo futuro. Con base en estos datos, subrayamos una rúbrica preliminar para determinar el riesgo de síntomas de abstinencia para un paciente en particular, lo que puede tener relevancia para determinar las tasas de reducción gradual. Dado el alcance limitado de la investigación actual, la investigación futura debe apuntar a aclarar la predicción del riesgo de abstinencia de antidepresivos, especialmente al examinar el riesgo de abstinencia en usuarios de medicamentos a largo plazo, así como la gravedad y la duración de los efectos, para mejorar una herramienta preliminar con fines predictivos. La investigación adicional sobre las adaptaciones precisas en el uso de antidepresivos a largo plazo puede mejorar la capacidad de predecir los efectos de abstinencia para un paciente en particular.


Esperamos haber sido útiles en disminuir el desconocimiento del Dr. Arango, en corregir la falsedad publicada por elDiario.es y, sobre todo, en difundir información fidedigna para que las personas que toman antidepresivos, o que van a iniciarlos o suspenderlos, puedan conocer bien el riesgo de síndrome de abstinencia que está bien documentado para estos fármacos (como la bibliografía deja claro y sorprendentemente el Dr. Arango parece ignorar).