Tras un período de reflexión, estamos pensando que quizá nuestra actitud hacia la industria farmacéutica es excesivamente crítica. Casi sectaria, incluso. Esas grandes empresas, preocupadas por el bienestar y la salud de la población mundial. Bueno, mundial no, porque apenas se investiga en enfermedades endémicas en el tercer mundo, el cual por otra parte parece que está a punto de incluir Grecia y quién sabe a cuántos más... No vaya a ser que unos cuantos enfermos de cáncer y su supervivencia o no vayan a joder la cuenta de beneficios...
En fin, que nos dispersamos, como decíamos queremos ser positivos por una vez con el esfuerzo de los grandes laboratorios (no precisamente desinteresado, pero esfuerzo al fin y al cabo). Y, por supuesto, con su ingente trabajo en innovación, en investigación y desarrollo de nuevas moléculas para aliviar los padecimientos de los habitantes de los países (que fueron) adinerados. Y, dentro de este esfuerzo investigador y, en concreto, en psiquiatría, hace tiempo que ha triunfado la aparición de moléculas que son pequeñas variaciones de otras ya previamente existentes y que, casualidades que tiene la vida, están a punto de perder o ya han perdido su patente. Nos vamos a ocupar en particular del caso de la paliperidona. Esta molécula de Janssen se ha aprobado para el tratamiento de la esquizofrenia en su presentación oral (invega) y estamos a punto de asistir a la aparición de la forma intramuscular de depósito (xeplion), que parece llegará a tiempo de coincidir con la pérdida de patente del risperdal consta, no vaya a ser que podamos ahorrar algo de dinero al prescribir por principio activo.
Vamos a enlazar diferentes informes de distintas administraciones y organismos públicos que evalúan la paliperidona y, luego, expondremos como resumen personal, nuestras diez razones para no prescribir risperidona y, en su lugar, pautar paliperidona. Otra opción es no preocuparse por leer ninguno de dichos informes independientes y confiar sólo en la información que nos transmite un representante comercial (aunque, tal vez, como médicos y sanitarios en general, deberíamos hacer algo más que creer a un anunciante hablando de su producto sin más contraste de información, pero qué se le va a hacer...).
- Servicio Cántabro de Salud: "parece más adecuado utilizar antipsicóticos cuya eficacia y seguridad estén más contrastadas".
- Escuela Andaluza de Salud Pública: "la novedad no aporta ventajas frente a otros medicamentos ya disponibles en la indicación para la que ha sido autorizado".
- Servicio Navarro de Salud: "un metabolito de la risperidona... para prolongar los beneficios de la patente".
- Servcicio Gallego de Salud: "poca o nula mejora terapéutica".
- Instituto Catalán de la Salud: "no supone un avance terapéutico".
- Servicio de Salud de Islas Baleares: "no supone un avance terapéutico".
- Servicio de Salud de Castilla - La Mancha: "la paliperidona no ha demostrado ventajas de eficacia, seguridad, posología o coste respecto a otros antipsicóticos con mayor experiencia de uso".
- Revisión Cochrane: "En los estudios a corto plazo la paliperidona oral es un antipsicótico más efectivo que el placebo. Sus efectos adversos son similares a los de la risperidona, pero no hay disponible ninguna comparación directa entre paliperidona y risperidona".
Hay que tener en cuenta que estos informes de Comunidades Autónomas no los escribe el consejero de turno obsesionado con el ahorro y el déficit, sino profesionales sanitarios, muchas veces farmacólogos, en base a la bibliografía disponible y que se detalla en cada uno de los informes. De la misma manera, la revisión Cochrane analiza toda la evidencia disponible para avanzar sus conclusiones. El resumen final de los textos enlazados (y, si no nos creen, ahí los tienen para comprobarlo) es que la paliperidona no supone ningún avance terapéutico.
Pero ya hemos dicho que queremos ser positivos. Si tantos profesionales de la psiquiatría emplean este fármaco, sin duda es por alguna buena razón. Nosotros proponemos nada menos que diez, basadas en la bibliografía señalada previamente:
1.- Porque es más eficaz que risperidona: De hecho, no, porque no se ha comparado en ningún estudio y los únicos datos disponibles son que es mejor que placebo y, por comparación indirecta, igual de eficaz que olanzapina.
2- Porque se tolera mejor que risperidona: De hecho, no, porque los datos de los estudios indican que los trastornos del movimiento, el aumento de peso u otros efectos secundarios aparecen con la misma frecuencia que con risperidona.
3.- Porque es más barato que risperidona: De hecho, no, porque es bastante más caro, y más ahora con la obligatoriedad de la prescripción por principio activo.
4.- Porque su posología es más cómoda que la de la risperidona: De hecho, no, porque la paliperidona debe administrarse siempre en el desayuno y siempre con alimentos o siempre en ayunas, o su biodisponibilidad puede variar bastante. Risperidona carece de esos problemas.
5.- Porque es más seguro que risperidona: De hecho, no, porque la paliperidona se usa desde 2008 aproximadamente. Ello supone que no hay datos reales de posibles efectos deletéreos a largo plazo. Por el contrario, risperidona cuenta ya con una amplia experiencia de uso, desde hace unos 15 años y, aunque no está en absoluto exento de efectos secundarios, éstos son más conocidos.
6.- Porque tiene más indicaciones que risperidona: De hecho, no, porque risperidona tiene ciertas indicaciones en demencias u otros trastornos, mientras que paliperidona está exclusivamente indicado en esquizofrenia.
7.- Porque así ayudamos al laboratorio a innovar e investigar: De hecho, no, porque, al contrario, si no prescribiéramos moléculas que no suponen avance alguno y que permiten al laboratorio un rápido beneficio económico sin ventajas para la población en términos de salud, entonces tal vez deberían ponerse a investigar en moléculas realmente novedosas y que pudieran aportar algo a nivel terapéutico que fuera un avance.
8.- Porque no nos creemos los informes negativos, como los previos, ni otros estudios, sino que debemos probar los nuevos fármacos a ver qué hacen: De hecho, no, porque nos deja al nivel científico del hechicero de la tribu y con bastante menos gracia.
9.- Porque el representante dice que el fármaco es mejor: De hecho, no, porque queremos pensar que todo lo que hemos estudiado como profesionales sanitarios nos deja a un nivel más capacitado que un licenciado en empresariales o económicas para tomar una decisión sobre prescripción a un paciente que confía (o nos gustaría que lo hiciera) en nuestros conocimientos y criterio.
10.- Porque como es más nuevo, será mejor: De hecho, no, porque no hay la menor base científica para semejante aseveración, pero cuántos beneficios de la industria (y gastos concomitantes del sistema nacional de salud) se derivan de semejante arraigada creencia.
Vaya, hemos acabado las diez razones y no hemos conseguido encontrar ninguna para recetar paliperidona en vez de risperidona. ¡Ah! Ya la tenemos:
11.- Porque así el laboratorio a través de sus visitadores está contento con nosotros y todos tenemos buen rollo y nos podemos ir a comer a almuerzos de trabajo a sitios chulos, o a congresos super formativos a otros continentes o diversas actividades, siempre por nuestra formación continuada, claro: De hecho, sí, porque sin duda ésta es una ¿buena? razón para prescribir paliperidona y, además, supone el único objetivo alcanzable con paliperidona que no se lograría con risperidona.
En fin, bromas e ironías aparte, ni nosotros ni los profesionales que han revisado el tema en profundidad para realizar los trabajos que enlazamos antes vemos razón alguna de peso para prescribir paliperidona en lugar de risperidona. La única excepción sería en pacientes con hepatopatías y lo lógico sería que el sistema nacional de salud hubiese aprobado su financiación sólo para ese caso, en lugar de financiarlo libremente y luego dedicarse a hacer informes para pedirnos que no lo recetemos los profesionales.
Pero la culpa de otros no disminuye en absoluto nuestra propia responsabilidad en el bienestar de nuestros pacientes y, en estrecha relación con él, la sostenibilidad de nuestro sistema público de salud.