jueves, 26 de junio de 2014

¿Hay lugar para el consentimiento informado en los tratamientos de las personas con psicosis? Una reflexión sobre el tratamiento de las psicosis (Miguel A. Valverde y José A. Inchauspe)


Nuevamente vamos a publicar un trabajo ajeno en esta entrada, y nuevamente los autores son Mikel Valverde y José A. Inchauspe, psicólogo clínico y psiquiatra respectivamente y algunos de los autores nacionales más interesantes en el cada vez más prolífico y documentado campo de la psiquiatría crítica. 

Nuestra admiración y agradecimiento por su trabajo que, de nuevo, queremos colaborar a difundir. Se trata en esta ocasión de un artículo publicado en la Revista de Bioética y Derecho sobre la aplicación del consentimiento informado al tratamiento de los pacientes con psicosis (cosa desde luego muy infrecuente en nuestro entorno). Y es que la ley, que obligaría a ello como mínimo en circunstancias de no descompensación franca, es pasada por alto sin que la mayoría de profesionales nos preocupemos mucho por ello, con absoluta negligencia hacia el principio de autonomía del paciente.

Y es que es curioso esto de la ley y de cómo se aplica, o de cómo a veces no tiene demasiado que ver con la justicia… Tenemos bien reciente el caso de dos personas condenadas a tres años de carcel por participar en un piquete informativo durante una jornada de huelga. Sin entrar en discutir su inocencia o culpabilidad en tales hechos, de lo que nada sabemos, sí diremos que nos sorprende que tras un enfrentamiento verbal en el que no hubo heridos y los únicos daños materiales consisitieron en unas pegatinas y una pintada no deseadas, dos personas sean metidas en la cárcel durante tres años. En un país donde puedes sentarte al frente del Ministerio de Sanidad aunque en tu casa entraran cientos de miles de euros de una trama corrupta que se aprovechaba del dinero público de todos; o donde puedes robar millones de euros desde el Consejo de Administración de una Caja, a condición de que los devuelvas si te pillan; o puedes pasar olímpicamente de las órdenes de la policía e incluso huir tirando una moto de uno de ellos al suelo, pues nos llama la atención cómo se busca dar ejemplo con gente que lucha (con más o menos acierto) por un mejor futuro para todos. O tal vez se trata (sentencia ejemplarizante mediante) de acojonar al personal para que estemos tranquilitos en casa… Pero, de ser así, a veces se logra el objetivo contrario al deseado y tal vez, por fin, el miedo esté cambiando de bando… En cualquier caso, ésta es otra historia y si quieren saber más de la misma o protestar contra la injusticia que se está llevando a cabo, no dejen de seguir este enlace.


Y sin más digresión, vamos con el fabuloso trabajo de Valverde e Inchauspe (nuestra torpeza en cuestiones informáticas ha provocado que no podamos incluir las Figuras incluidas en el artículo, que pueden consultar en el original aquí):



¿Hay lugar para el consentimiento informado en los tratamientos de las personas con psicosis? Una reflexión sobre el tratamiento de las psicosis


Miguel A Valverde
Psicólogo Clínico. Unidad de Hospitalización Psiquiátrica Sección A. Complejo Hospitalario de Pamplona, Osasunbidea, Navarra.

José A Inchauspe
Psiquiatra. Director Centro de Salud Mental San Juan, Osasunbidea, Pamplona, Navarra.


Resumen

La práctica del consentimiento informado (CI) en Salud Mental es inhabitual, más aún para los pacientes psicóticos, a pesar de que tanto la legislación vigente, como las declaraciones de asociaciones profesionales, organizaciones de pacientes y códigos deontológicos defienden el consentimiento informado y la autonomía del paciente, también para las personas con psicosis. Es habitual que pacientes y allegados desconozcan el alcance, límites y riesgos del tratamiento farmacológico usual o la existencia de otros abordajes.

Las razones del déficit de CI pueden hallarse en las peculiaridades de estos pacientes, pero también en el presupuesto de que la psicosis impacta en el mismo núcleo de la persona, y por ello se ve al afectado como incapaz de comprender y consentir.

Coexisten hoy dos estilos diferentes de acoger al paciente con dificultades de tipo psicótico: uno, la corriente principal que tiene como objetivo bloquear el proceso psicótico y revertirlo mediante el uso principal de antipsicóticos, y otro, que incluye diversos modelos que acogen a la persona psicótica con sus dificultades, que propone construir un marco de comprensión para sus experiencias. Los resultados no muestran superioridad del modelo dominante, más bien todo lo contrario.

Cuando se da la palabra a los usuarios estos defienden su autonomía y derecho a decidir, rechazando los modelos coercitivos.

El CI, dar poder para decidir al paciente, además de un derecho es también un factor de recuperación para muchos pacientes.

Su puesta en práctica necesitaría cambios significativos en la formación de los profesionales y en la constitución de las actuales Redes Asistenciales de Salud Mental.


Palabras clave: Consentimiento informado (CI), autonomía del paciente, psicosis, psicoterapia, movimiento de la recuperación, psicofármacos.


Índice:

1.- El consentimiento informado en salud mental y la psicosis.

2.- Dos tradiciones en Salud Mental

3.- Razones para soslayar el consentimiento informado en los pacientes psicóticos

4.- La clínica con pacientes psicóticos

5.- La vida bajo psicofármacos. El tratamiento correcto según la propuesta biologicista y sus resultados.

6.- Las psicoterapias

7.- La perspectiva de los usuarios

8.- La red asistencial y el consentimiento informado.

9.- Conclusiones



1. El consentimiento informado en salud mental y la psicosis.

La falta de consentimiento informado (CI) en Salud Mental se observa de forma generalizada en la práctica clínica diaria. Los pacientes no saben que pueden esperar del tratamiento asignado, cómo decidir si ha tenido éxito o no, cuales son los efectos indeseados a corto y a largo plazo, y otras cuestiones relevantes (1-3). Las carencias en el consentimiento informado han sido objeto habitual de estudio y reclamación en salud mental (4-11). La demanda de respeto al principio de autonomía y el derecho a saber es objetivo principal de organizaciones de pacientes, como el movimiento por la recuperación o “recovery movement” (12-14).

Para los pacientes psicóticos la situación es especial, ya que suelen ser objeto de presiones coercitivas para medicarse o ingresar, a veces con intervención judicial, y rara vez se modifica el tratamiento cuando lo solicitan, incluso sí el estado psicótico ha remitido. Pocas veces conocen sus derechos para elegir o rechazar un tratamiento y como hacerlos valer (15-27). El tratamiento es elegido por el psiquiatra, y los pacientes y sus allegados no son informados de otras opciones clínicas.



2. Dos tradiciones en Salud Mental


En la asistencia actual conviven dos estilos que parten de tradiciones clínicas divergentes. La dominante enraíza con la obra de Kraepelin y la otra con el tratamiento moral de Pinel y Tukey en el siglo XIX.

Hoy la corriente dominante en Salud Mental se reconoce como una psiquiatría biologicista que da el valor máximo, muchas veces único, al tratamiento farmacológico del paciente psicótico, utilizando si fuera necesario métodos coercitivos.

La otra corriente considera que el paciente debe elegir aceptar o no un tratamiento, más aún si está fuera de la crisis psicótica aguda y no corre peligro, y entiende que su recuperación está imbricada con su autonomía y su capacidad de elegir (28). Esta orientación es compatible con lo que defienden las organizaciones de pacientes más importantes (13,21,29-31), diversas escuelas clínicas de orientación psicosocial (15,19,25,26), y algunas de otro tipo (32,33).

De ambas líneas recogeremos argumentos sobre el consentimiento informado (CI) en la psicosis. No hay que suponer que todos los profesionales de determinada orientación comparten la misma perspectiva ética. Pero de sus presupuestos se pueden deducir argumentos a favor de una u otra opción respecto al valor de la autonomía del paciente psicótico.



3. Razones para soslayar el consentimiento informado en los pacientes psicóticos


Hay argumentos que parecen sustentar la falta del consentimiento informado basándose en el concepto de la psicosis que defiende la psiquiatría biológica, aunque no explican por qué ocurre algo semejante en los demás pacientes.

Recordemos que en la literatura bioética (34-36) hay poco sobre cómo informar a personas con dificultades emocionales. Tales situaciones se resuelven consultando a los allegados. Parece sugerirse que estar emocionalmente afectado conlleva cierta incapacidad ante una decisión clínica.

No es fácil encontrar argumentos que defiendan que no deba hacerse uso del consentimiento informado en salud mental, incluso con personas psicóticas, aunque se acepte el tratamiento involuntario (37), ya que “a veces al no ser capaces de tomar una decisión racional, estas personas deben ser forzadas a conseguir un tratamiento aun en contra de sus deseos...” (38).

Las razones del déficit del CI para el paciente psicótico pueden clasificarse en cuatro áreas:

a) Comunes al conjunto de pacientes de salud mental, que estando perturbados cognitiva y conductualmente se entiende que tienen dificultades para comprender y decidir.

b) Argumentos derivados de la práctica clínica del tipo: no se puede saber como evolucionará el cuadro clínico, no hay más tratamiento que el farmacológico, informar puede llevar a discusiones sin fin, aumentar su angustia y complicar el tratamiento, sin cierto nivel de coerción no se medicará y el proceso psicótico se reagudizará, etc. (23).

Medicar como opción imprescindible es una idea muy afianzada, y que el paciente se medique, aún en contra de su opinión, puede convertirse en objetivo clínico superior (37-39), como se constata en la mayoría de los manuales de psicopatología y psicofarmacología (40-43).

c) La tradición paternalista en Salud Mental.

Actuar para el paciente sin contar con él viene de antiguo, incluso hoy es una práctica común (21,25). Esta actitud produjo actuaciones crueles, aunque en su tiempo se vieron como ciencia puntera, como la inoculación de la malaria o la lobotomía, procedimientos creados por Julius Wagner-Jauregg y Egas Moniz respectivamente, citando a los únicos psiquiatras con un premio Nobel. El principio de tales intervenciones, actuar sobre el cuerpo del paciente para cambiar su comportamiento, sigue vigente en la práctica dominante (5).

d) La psicosis entendida de forma tal en que es el propio núcleo del ser persona el que está colonizado por la enfermedad (37).

Se trata quizás del obstáculo más poderoso para la práctica del CI en estos pacientes, ya que el psicótico tiene alteradas biológicamente sus facultades superiores estando enfermo en su propio “ser persona” (37,44).

Esta concepción es reconocible en Kraepelin (1856-1926), quién recogía el habla de sus pacientes psicóticos de forma extensa y minuciosa, pero considerando sólo su perspectiva formal, sin interesarse por su significado y su sentido comunicativo (25). La corriente biológica actual, también denominada neokraepeliana, comparte esa actitud, y ha perdido interés en el psicótico como sujeto que relata sus experiencias y se comunica (38,41).

Berrios califica el delirio psicótico como actos “lingüísticos vacíos”, que no informan del sujeto, de sus preocupaciones o de su mundo interno. El delirio son palabras encadenadas al azar que han cristalizado de cierta forma como podrían haberlo hecho de otra (45). Intentar averiguar su sentido no debería entretener a los clínicos (41,42), ya que el delirio solo constata y refleja la enfermedad cerebral del paciente (46).

Andreasen, icono de esta psiquiatría biológica, describe una práctica clínica ideal en estos términos: “Cuando las visitas de 15 minutos reemplacen a las de 50 minutos estos [los pacientes] las preferirán (...) Las visitas más cortas son una forma más eficiente y económica para tratar a más personas. Muchas veces, 15 minutos son suficientes para que el médico y el paciente hablen de los síntomas y sobre como afectan a su vida” (38). La mayor parte de los clínicos, incluidos los biologicista, criticarían una práctica tan extrema (32). No obstante, reducir la clínica a preguntas sobre la acción de la medicación, soslayando el vivir y el sentido de las vivencias, es habitual en salud mental.

Considerar la psicosis desligada de la persona, es decir no conectada a los contextos personales, deshumaniza la psicosis (47) y hace que compartir las decisiones clínicas pueda parecer innecesario.

Un concepto clave para esta perspectiva es la falta de conciencia de enfermedad. Se afirma que el psicótico no puede verse a sí mismo como enfermo que necesita tratamiento, ya que la psicosis se caracteriza frecuentemente por su “falta de conciencia de enfermedad”. De esta forma el desacuerdo con el terapeuta y un eventual rechazo de la medicación es interpretado por el clínico como un síntoma más, dentro de la constelación de síntomas característicos de la psicosis (37,47-49).

Desde este modelo se fomenta la conciencia de enfermedad, como parte del tratamiento, introduciendo en el paciente la idea de que sufre un trastorno cerebral crónico (37,42,46). Se trasmite un relato que sitúa al paciente como enfermo, desligado de su biografía y de sus vivencias, eliminando de la psicosis la subjetividad. La resistencia del paciente a aceptar esta visión se considera parte de su enfermedad.

Muchos expertos no aceptan que el estado psicótico sea producto de una alteración cerebral (25,50-52), a lo que se ha replicado que pueden estar presos de su propia ignorancia, como escribió Fuller Torrey (53) de los autores de la obra Modelos de Locura (26).



4. La clínica con pacientes psicóticos


Los argumentos de los puntos a) y b) del capítulo anterior no son banales. Constatan que la relación con el paciente psicótico puede ser complicada.

Al modelo conceptual de la psicosis colonizadora se le oponen pruebas de investigación y clínicas (25,51,54,55).

Los estudios referidos a la competencia para decidir del paciente psicótico muestran resultados ambiguos, pero nunca una incapacidad generalizada en todos ellos, ni durante todo su proceso. Amador encontró incompetencia asociada a falta de conciencia de enfermedad en un 60% de los casos (48). Un estudio que evaluaba la competencia del paciente psicótico encontró que hasta el 48% tenía capacidad de consentir, medida mediante la escala MacCAT, pero otros estudios no muestran diferencias claras en comprensión respecto a la población control, otros indican que la capacidad de comprender y consentir no está relacionada con la sintomatología psicótica, y otros resultan ambiguos (56). Sea como fuere el paciente psicótico no suele ser informado (7,57).

Desde la práctica clínica lo primero a considerar es que existen dos situaciones diferentes, la de la crisis aguda y fuera de ella. La primera puede ser una situación de urgencia en la que peligra la imagen social del paciente, puede conllevar comportamientos disruptivos, estados emocionales intensos, o riesgo de auto y/o heteroagresión.

Conviene recordar que es posible entenderse con las personas en dificultades. Se necesitan para ello ciertas habilidades que pueden ser aprendidas y ensayadas, mediante formación específica Posiblemente pocos profesionales conseguirán comunicarse bien en todos los casos y situaciones, pero si podrán hacerlo, con un estilo relacional adecuado y una estrategia correcta, en buena parte de los mismos. Es un tipo de formación que parece descuidarse hoy en España en el programa MIR, PIR, etc.

La forma habitual de manejo de la crisis es bloquear la sintomatología psicótica con medicación, y contener y aislar al paciente si es intensa. Después de la crisis, el modelo biológico actual propone un tratamiento de mantenimiento a medio y largo plazo con antipsicóticos (58,59), combinados habitualmente con otros psicofármacos (60-62). Existe un abanico de recursos psicosociales poco implantados, con resultados contrastados, utilizados en general como apoyo a la estrategia farmacológica, incluso en modelos de uso intensivo (63).

Incluso dentro de esta práctica podría el CI tener mayor lugar que el actual porque fuera de la crisis, y si el paciente siguiera sin ser capaz de elegir, sus allegados sí podrían hacerlo, y en algún momento, también el paciente estará capacitado para elegir, si el clínico comparte su tiempo con él y muestra comprensión, porque el paciente psicótico no es incapaz todo el tiempo, ni para todas las cosas.

Existe otra orientación asistencial que acoge al paciente psicótico como persona en dificultades, que practica una asistencia colaborativa y conlleva unos objetivos clínicos distintos, compartidos y que no se reducen a la desaparición de la sintomatología. Desde esta perspectiva, el principio de tratar a otros del modo en que nos gustaría ser tratados nosotros mismos es la base ética para defender el consentimiento informado y considerar la autonomía del paciente psicótico.

Es un estilo que enraíza con el tratamiento moral de Pinel y Tuke en el s XIX, y es reconocible en diversas orientaciones terapéuticas, incluyendo las psicoterapias recientes (26,64).

La persona en una crisis psicótica puede estar descentrada u ocupada en cuestiones que interfieren la gestión de su vida, y no considerar adecuadamente sus dificultades. En cambio sí suele tener conciencia de dificultades. Acoger al paciente con sus dificultades subjetivas, con apoyo y colaboración, promoviendo un espacio para la comprensión de sus experiencias es otra forma de asistir.

Es un estilo común a diversos abordajes terapéuticos, incluyendo al movimiento de recuperación, gestionado por los propios pacientes. Sobre esta perspectiva comprensiva, que es también una forma de relación con la persona psicótica, mediante la aceptación y el reconocimiento personal, puede desarrollarse un relato en el que el paciente juega un papel protagonista que le oriente más allá del trastorno o enfermedad, hacia una vida con sentido. La psicosis, se entiende aquí, no es un mero desvarío. El respeto a su proceso, a su tiempo y sus necesidades, es clave para acoger y encontrarse con la persona en dificultades.

En otras palabras, la práctica del CI, además de un imperativo ético, forma parte de la propia naturaleza de este tipo de intervenciones clínicas.



5. La vida bajo psicofármacos. El tratamiento correcto según la propuesta biologicista y sus resultados.


La corriente biologicista aboga por intervenir en la psicosis para combatir sus síntomas, bloquear e idealmente revertir un hipotético proceso biológico subyacente mediante el uso de antipsicóticos, normalmente a largo plazo. Para ello necesita fomentar la conciencia de enfermedad en el paciente y sus allegados. El denominador común de todos los dispositivos de la red asistencial por los que el paciente transite será asegurar en primer lugar la toma de medicación (65). A los allegados se les transmitirá ese mismo mensaje (66). Para cumplir con la toma de medicación y combatir la tendencia bien conocida del paciente a abandonarla (37,67-69), se utilizarán medios más o menos coercitivos, que pueden llegar a la autorización judicial para realizar tratamientos forzosos (24).

Proponer un tratamiento de mantenimiento con antipsicóticos a medio y largo plazo es relativamente reciente y no era la práctica de hace 30 años, décadas después de su introducción, cuando se proponía la retirada del fármaco después de remitir los síntomas, para volver a instaurarlos si reaparecían (70,71). Hoy en día se entiende que la interrupción de la medicación antipsicótica tras un primer episodio psicótico aumenta considerablemente el riesgo de recaída a corto plazo (58,59), y que en pacientes con varios episodios el tratamiento de mantenimiento está asociado a una menor frecuencia de recaídas (5,65), que la disminución progresiva o interrupción del fármaco tras la recuperación del primer episodio (58).

Aunque así fuera, el precio a pagar por disminuir el riesgo de recaídas mediante un tratamiento de mantenimiento con antipsicóticos es alto.

Recordemos sus efectos adversos a largo plazo sobre el sistema cardiovascular (72), el metabólico en el que asistimos hoy en día a una auténtica epidemia de diabetes tipo II, dislipemias y obesidad entre pacientes que toman antipsicóticos de nueva generación (124), el neurológico, con déficits en atención, memoria, disfrute, motivación y activación, y la pérdida de masa cerebral progresiva, dependiendo de la dosis de antipsicóticos y su combinación con otros psicofármacos (64,73-76)

Su uso fomenta estilos insanos, como la sedentariedad y el consumo de grandes cantidades de comida, tabaco, café, alcohol o cánnabis, quizás para compensar el malestar inducido por el tratamiento, y mala calidad de vida, que puede desembocar en aislamiento social y suicidios, algo que según algunos autores no siempre fue así para los pacientes con psicosis (6,77). Se estima que usar antipsicóticos a largo plazo puede hacer perder 20 años o más de vida (6,79,80).

No suele informarse a pacientes y familiares de los riesgos del tratamiento farmacológico, aunque se les informa enfáticamente de la gravedad del trastorno.

Este modelo fomenta que el paciente se vea a sí mismo como enfermo crónico, estigmatizado al ser tratado como incapaz de regirse, y forzado a tomar fármacos desagradables que le abotargan emocionalmente. Tendrá que aceptar una vida con escasas perspectivas de futuro, pero si lo hace se dirá que tiene una adecuada “conciencia de enfermedad”. Lo frecuente es que el paciente intente huir de tal perspectiva.

Muchos de estos pacientes en crisis psicótica o fuera de ella, intentarán deshacerse del tratamiento farmacológico (21,67-69) corriendo el riesgo de una recaída a corto plazo (1,5). Aun aceptando el carácter preventivo de recaídas de la medicación antipsicótica a corto plazo existen otros factores explicativos de la recaída. Si dejan la medicación se encontrarán subjetivamente mejor, pero al ser “descubiertos” se redoblará el control sobre ellos, y el mensaje “estás enfermo” se intensificará en un contexto de tensión ambiental. Podrán ser víctimas del síndrome de discontinuación al abandonar bruscamente los antipsicóticos, sin monitorización y asesoramiento clínico, e incluso podrán ser reingresados por dejar la medicación, sin recaída propiamente dicha. En un entorno tenso, exasperante, controlador, con mensajes de incapacidad, y otros del tipo “es por tu bien”, el paciente se verá dentro de una marejada relacional, bajo los efectos de más fármacos y con la etiqueta añadida de paciente difícil, en un estado de indefensión y desesperanza (15,21,20,26).

En consecuencia este modelo asistencial no solo fracasa frecuentemente a la hora de establecer una alianza terapéutica con el paciente sino que en ocasiones se posiciona en lucha con sus pacientes, que pueden llegar a temer a sus sanadores más que a sus dificultades previas (81). No es extraño que los estudios muestren mejor recuperación para los pacientes psicóticos que tienen un entorno que les presta poca o ninguna atención (25,26,49).

Históricamente se ha constatado que algunos procesos psicóticos cursaban hacia la recuperación por si solos, hasta en la tercera parte de los casos (82). Pero quizás hoy ya no sea así y el porcentaje de pacientes que se recuperan sea menor.

Sucede que la asistencia actual obtiene resultados muy pobres en cuanto a recuperación funcional, siendo la incapacidad laboral y un funcionamiento personal y social empobrecido el destino habitual para muchos pacientes (83,84). Se ha sugerido que estos resultados son peores que en el pasado (Ver Figura 1, que muestra el porcentaje de pacientes mejorados, con un criterio relativamente exigente, con síntomas disminuidos, y capacidad para vivir en comunidad) (85).

Los antipsicóticos producen mejoría significativa para un porcentaje de pacientes pequeño (un 20-30%). Para otros la mejoría solo es apreciable en puntuaciones en escalas como la PANSS, pudiendo no ser clínicamente significativa (19). Finalmente para cerca del 40 %, no hay mejoría, quizás empeoramiento, a veces progresivo y rápido (5). Los efectos adversos han sido minimizados y pueden ser graves e impedir la recuperación (19,73-75,86). No hay pruebas de eficacia en el mantenimiento con medicación antipsicótica a largo plazo, sino más bien de lo contrario (5, 83,87).

El estudio de seguimiento de Chicago, Chicago Follow-Up Study, que ha presentado los resultados a 20 años, observó la evolución de los pacientes desde su debut, muestra, entre otros aspectos, la recuperación entre quienes siguieron el tratamiento habitual (tomar antipsicóticos en una perspectiva a largo plazo) y quienes dejaron los fármacos. Y en cierto sentido permite analizar diferentes trayectorias. A los dos años quienes no tomaban fármacos estaban en mejor estado, pero a los cinco años la diferencia en aspectos funcionales era muy amplia. En las Figuras 2 y 3 observamos la diferencia de resultados a los 15 años, que muestra que apenas existe recuperación entre quienes permanecen con antipsicóticos. Señalemos que la definición de recuperación es más exigente que la considerada en la Figura 1, ya que considera un episodio de recuperación a permanece sin síntomas e ingresos, mantener actividad laboral, y vida social, durante un año (83). A los 20 años de seguimiento, este estudio constata que a quienes dejaron la medicación, lo hicieron “por decisión propia, a veces en contra la indicación profesional” les va “relativamente bien, o mejor que quienes tomaron medicación de forma continua” (88).

La opción de no tratarse a largo plazo, aunque tenga riesgos, puede no ser incorrecta para bastantes pacientes, ya que hasta el 40% obtiene periodos de recuperación.

La psiquiatría biologicista actual es particularmente impermeable a los resultados e investigaciones de otras orientaciones clínicas. Fundamenta su medicina basada en la evidencia en ensayos clínicos aleatorizados, ECAs, a corto plazo, muy alejados de la práctica clínica naturalística, dándose como objetivo la neutralización de los síntomas y perdiendo de vista la recuperación funcional (59). Además, su práctica está influenciada por la información propagada por líderes de opinión de la profesión,“key opinion leaders”, usualmente ligados a la industria farmacéutica (6,89,90).

Solo muy recientemente la corriente biologicista se está haciendo eco de la potencial severidad de los efectos adversos a largo plazo de los antipsicóticos (73,86) y la escasa efectividad de las estrategias de mantenimiento a largo plazo (58,83) con la publicación en revistas de prestigio de editoriales con títulos tan expresivos como “Antipsicóticos… el primer episodio de la psicosis: menos es más” (59), y se llega a reflexiones del tipo “Antipsicóticos: ¿es hora de considerar la elección del paciente?” (19) o “El futuro de la psiquiatría universitaria puede ser social” (129).



6. Las psicoterapias


Acoger al paciente psicótico considerando sus dificultades, incluyendo las cogniciones erradas, darle apoyo, colaborar para encontrar sentido a su experiencia psicótica y ayudarle a mejorar la vida buscando la recuperación funcional, es objeto de otro tipo de abordaje clínico en el que las psicoterapias ocupan un lugar central

Los abordajes psicoterapéuticos consideran los delirios y alucinaciones como experiencias personales con sentido (Cuadro 1), en las que también se puede hallar motivación para el cambio. La terapia Diálogo Abierto (55), las de orientación narrativa (91,92), las que incluyen a la familia (93,94), las de orientación dinámica (95), las terapias cognitivo conductuales (TCC), como la de Morrison (96), las TCC de tercera generación (50,97), y otras intervenciones (98,99), reconocen la experiencia psicótica en una perspectiva humana, y ayudan a integrar el delirio y las alucinaciones en los contextos personales (100-102). Según muchos autores, incluyendo a psiquiatras como Jim van Os, el abordaje psicoterapéutico podría ser la primera opción ante alucinaciones y delirios (103).

Se estima que la medicación con psicoterapia es mejor que sola, pero la psicoterapia sola, o a veces con fármacos durante breve tiempo y en pequeñas dosis, puede obtener mejores resultados (95), pudiendo ser más imprescindible la psicoterapia que los antipsicóticos para la recuperación (104).


Acerca de las alucinaciones auditivas.

1. Escuchar voces es una experiencia humana normal, aunque no muy frecuente.

2. Pueden ser comprendidas en el contexto de las experiencias vitales y la narrativa personal, tienen un significado psicológico y un sentido.

3. Puede ser un fenómeno precipitado o intensificado por sucesos que superan y dejan indefensa a la persona. Pueden estar asociadas a episodios traumáticos.

4. Las características estructurales de las voces son similares en la psicosis, en pacientes no psicóticos y en personas sin problemas de salud mental.

5. Lo vincula el escuchar voces con problemas de salud mental es la relación del sujeto con ellas, su reacción emocional.

(Sobre las voces, según Hearing Voices Movement (Longden & al 2012) (102))


Hay éxito en la psicosis para varios tipos de psicoterapia, aunque la mayor parte de su evaluación se ha realizado asociada al tratamiento con antipsicóticos, pero por suerte no toda (55,87,95,105-107,128). Existen estudios que comparan a pacientes tratados con fármacos y sin ellos, especialmente antes de los años ochenta. Muestran, según numerosos autores, que en seguimientos a más de un año los pacientes sin fármacos se recuperan mejor (2,5,87,95).

Actualmente mediante la terapia Diálogo Abierto, evitando internamientos y medicación en casi todos los casos, se consiguen las mejores tasas de recuperación, muy alejadas de las que se obtienen con medicación, ver Cuadro 2 (87,100,108). Incluso las obtenidas por el tratamiento moral hace dos siglos resultan mejores (64,87).



7. La perspectiva de los usuarios


En nuestro país hay pocas experiencias asociativas protagonizadas por usuarios con el perfil del movimiento de la recuperación, aunque existen asociaciones de familiares que ejercen de grupo de presión ante la administración y facilitan apoyo y servicios de tipo socioeducativo, en general muy en sintonía con la corriente dominante de la asistencia actual. Aun con todo hay algunas experiencias en los que los usuarios muestran sus vivencias, como Radio Nicosia, primeravocal.org, soyborderline.com, o el programa La Ventana en la Cadena SER.

En el Reino Unido, USA, Holanda, Brasil y Australia hay pacientes, muchos diagnosticados de trastorno mental grave, que se han asociado para intervenir en aspectos asistenciales y de investigación. Este movimiento, denominado de la recuperación (Recovery Movement), se ha hecho oír ante profesionales de la Salud Mental y la sociedad en general construyendo un discurso de denuncia respecto a no haber sido tratados adecuadamente, ocultándoseles información y sin considerar su palabra, discurso actualmente recogido y apoyado por numerosos profesionales.

Las reuniones de autoayuda del movimiento de la recuperación están influenciadas por la obra de Romme & Escher “Dando sentido a las voces” (101,109), y consideran la sintomatología psicótica como experiencias con sentido (ver Cuadro 1) (109,110). Promueven una narrativa personal para trascender a una nueva identidad, más allá de la enfermedad psicótica. El grupo de autoayuda quiere ser un espacio seguro, que facilita apoyo e inspiración. Un testimonio refiere que dentro del grupo “puedo hablar de las alucinaciones y la depresión sin miedo a ser juzgado, o a que se me aumente la medicación o a ser ingresado” (111).

Su trabajo está avalado por una ingente cantidad de relatos personales, que refieren recuperación (16,81,112,113). Profesionales como Williams (114) y Warner (115), entre otros, consideran que la ayuda prestada por el movimiento de recuperación es válida (16,81,113,116). Williams indica que hay cinco factores claves de la recuperación que comparte este movimiento: a) Esperanza en que la recuperación es posible, b) Comprender la psicosis como una experiencia personal, no como una enfermedad cerebral, c) Encontrar sentido a las experiencias psicóticas, d) Conectar con la vitalidad de la persona, e) Implicarse en relaciones sociales y comunitarias (117). Estos grupos de autoayuda, y las psicoterapias, comparten estos supuestos, y seguramente no es extraño que obtengan resultados positivos: la escucha, el apoyo compasivo, y la creación de un espacio para la esperanza pueden ser mejores que un modelo de enfermedad centrado en el uso más o menos coercitivo de fármacos que provocan malestar y entorpecen la regulación emocional (2,20,64,118,119).

El movimiento de la recuperación postula que los usuarios tienen mucho que decir sobre los tratamientos recibidos, que pueden juzgar su eficacia, que pueden opinar sobre los servicios asistenciales, y además realizar investigación al respecto (21,81).



Cuadro 3: Declaración Universal de los Derechos y Libertades Mentales, realizado por el grupo Mad Pride, dentro del movimiento de la recuperación (120).

• Todos los seres humanos son creados diferentes.

• Todo ser humano tiene derecho a ser mentalmente libre e independiente.

• Todo ser humano tiene derecho a sentir, ver, imaginar, intuir, creer o experimentar, de cualquier manera y en cualquier momento.

• Todo ser humano tiene derecho a comportarse de cualquier manera que no dañe a otros ni viole leyes justas.

• Ningún ser humano será sometido sin su consentimiento a reclusión, encierro, castigo o intervenciones médicas o psicológicas destinadas a intentar alterar sus pensamientos, sentimientos o experiencias.



No es en puridad un movimiento antifármacos, pero pretende hacer valer el derecho a elegir si tomarlos o no, a ser informados de sus efectos, de su utilidad y de la existencia de tratamientos alternativos (21)

Respecto al tratamiento emergen dos cuestiones claves. Una es que algunos pacientes psicóticos cuando se encuentran mal son conscientes de necesitar ayuda, la intentan conseguir, pero también intentan alejarse de donde se les interne o se les medique obligatoriamente (121). La otra es que cuando los pacientes solicitan reducir su medicación no suelen recibir apoyo profesional, es decir no se acepta su autonomía (21). La declaración de los derechos mentales surgida en este movimiento tiene que ver con “protegerse” de la asistencia recibida sin su consentimiento (Cuadro 3).



8. La red asistencial y el consentimiento informado


La práctica del CI puede chocar con la actitud clínica de la asistencia psiquiátrica actual y su estrategia centrada en bloquear los síntomas psicóticos mediante fármacos como objetivo prioritario. Es posible que hasta que no se considere acoger al paciente psicótico como persona en dificultades, en vez de enfermo incapacitado en ser persona, no haya cambios sustanciales en el CI. Incluso puede que no se tome conciencia de que parte de los pacientes psicóticos temen la ayuda que se les presta.

De cualquier modo en España la ley de autonomía del paciente (122) obliga a la práctica del CI, también en la psicosis. Reclama que se informe del procedimiento propuesto, sus resultados a corto y a largo plazo, sus efectos adversos, la existencia de tratamientos alternativos en la red pública o en la privada (1), permitiendo elegir y rechazar (122). Y cuando el paciente sea capaz debería poder contar con toda la información y poder decidir.

El CI es una práctica que se está abriendo camino en otros países, entre ellos el Reino Unido, donde se defiende explícitamente desde instancias públicas el CI y la autonomía del paciente psicótico (21). El Royal College of Psychiatrists anima a “apoyar a las personas en el logro de las metas que establecen para si mismas, aun si creyeran que las mismas no son realistas” (33), lo que podría incluir la opción de buscar otro camino de recuperación y, por ejemplo, vivir sin medicación.

Quizás no se pueda evitar la coerción en todos los casos, pero puede realizarse minimizando el daño: explicando más, sedando poco o no haciéndolo, mostrándose amable incluso en la contención, no dejando al paciente contenido, aislado y solo en una habitación. El paciente en crisis, incluso físicamente contenido, puede entender que se le considera, y es posible responder a la brusquedad con palabras en un tono suave y explicativo.

Es muy posible que adaptarse a estos requerimientos signifique cambiar no sólo el estilo asistencial actual sino también, en alguna medida, la estructura y funcionamiento de los centros y dispositivos de las Redes de Salud Mental, además de los servicios que deberían prestar.

La asistencia en urgencias psiquiátricas y unidades de hospitalización de agudos están orientados a la contención y bloqueo rápido de la sintomatología en situación de crisis. Aunque hay modelos alternativos de intervención, como Comunidades Terapéuticas, el Diálogo Abierto y otras (21,98,100.123), que se han revelado capaces de contener la crisis, conseguir una mejor alianza terapéutica y ser menos traumáticos (52), y seguramente con mejores resultados a largo plazo.



9. Conclusiones


La práctica del consentimiento informado en personas con diagnóstico de psicosis, además de un imperativo ético y una obligación legal, es una buena práctica imprescindible para obtener la adhesión y participación del paciente en su proceso de recuperación, que puede traer mejores resultados a largo plazo

Un consentimiento informado de calidad supone informar en detalle de los objetivos, límites y posibles efectos adversos del tratamiento, de la existencia de tratamientos alternativos, y restituir el poder de decidir al paciente (125), quizás no en todos los momentos del proceso psicótico pero si como principio general.

Relacionarse con personas con un cuadro psicótico supone habilidades que es necesario entrenar para ejercer una práctica clínica correcta, y quienes se dedican a salud mental deberían formarse en ellas. Sin practicar esas habilidades hay poca justificación para la idea de que el paciente no es capaz de comprender y elegir.

No es aceptable que la palabra del paciente psicótico deje de ser considerada, por transitar por dificultades intensas, máxime cuando hay procedimientos respetuosos que preservan su persona y consideran su estado coyuntural como una base para la integración y mejoría.

El paciente debe tener derecho a rehusar el tratamiento, especialmente cuando está en mantenimiento y no está incapacitado civilmente, y aun cuando se equivoque en su elección debe seguir siendo ayudado, como se hace en otras áreas sanitarias. Las divergencias entre el paciente y su entorno deben ser gestionadas por el clínico u otros profesionales, pero cuando el paciente sea capaz debería tener la última palabra.

La práctica clínica de tratar el proceso psicótico mediante fármacos puede ser adecuada para el paciente o la familia, pero puede no ser el tratamiento deseado para otros. De hecho tal práctica tiene efectos adversos y limitaciones cada vez más reconocidas desde el propio ámbito de la psiquiatría biológica

Los pacientes son muchas veces conscientes de sus dificultades, pero pueden creer que la ayuda que les presta la red asistencial les resulta dañina, y es posible que los servicios asistenciales, en su forma y filosofía asistencial actual, para muchos no sean adecuados (11,15,21,25).

La hasta ahora tímida reacción de la psiquiatría biologicista ante los resultados mediocres de sus prácticas clínicas habituales (59) empieza a intuir la posibilidad de decidir del paciente psicótico (126), pero rara vez se justifica en el imperativo ético de restaurar su palabra silenciada. Sirva de ejemplo el importante estudio de seguimiento a 7 años de Wunderink y colaboradores, que podría impulsar para bien un cambio en los protocolos asistenciales, que afirma que los pacientes que rehusaron participar en su estudio, aproximadamente la mitad de candidatos, tenían un peor nivel de funcionamiento, menor adhesión a la terapia y más dificultades para comprometerse, sin que los autores tengan conciencia alguna de que seguramente no les satisfizo el tratamiento proporcionado (59).

Cuando se da la palabra a los pacientes, la defensa de su autonomía es una de sus principales reivindicaciones, como se observa en del movimiento de la recuperación ante lo que denominan “abuso de la psiquiatría” (Cuadro 3) (20,81). Este es también un movimiento de autoayuda que cree en la recuperación, mediante una perspectiva clínica que trasciende los títulos académicos, basada en el apoyo y la comprensión, que obtiene resultados a considerar, y proporciona ciencia y debate desde su perspectiva de usuarios (29,81).

Cuando los jueces dictan tratamientos forzosos pueden no conocer las alternativas y seguramente no imaginan que a largo plazo pueden empeorar al paciente, incluso de su propia psicosis. Si el paciente estuviera en situación de riesgo para si mismo o para otros se podría decidir de forma deliberativa lo qué hacer en cada situación concreta, considerando diversas alternativas clínicas Es posible que el paciente que no desee ser medicado pueda aceptar tener encuentros para hablar de sus preocupaciones en un entorno adecuado para obtener ayuda.

Resulta manifiesta la necesidad de investigar en profundidad tratamientos de diversos tipos sin subordinación al modelo actual dominante, además del alcance y las limitaciones de los antipsicóticos, tanto en la forma de uso actual como en la de hace unas décadas (70,71).

Desde un punto de vista asistencial debería disponerse en los próximos años de una variedad de servicios y dispositivos asistenciales para los pacientes psicóticos mayor que la actual, de forma que el consentimiento informado pueda realmente ejercerse, en lo que se refiere a optar por el tratamiento y el tipo de ayuda que el paciente considere más adecuada.

Seguramente no es un problema de coste económico. Recordemos que el antipsicótico depot de moda puede costar 500€ al mes (127), y con ello se podría dar ayuda psicosocial a dos o tres pacientes, o más. Además, mientras que los tratamientos de mantenimiento son a largo plazo, muchas veces indefinidos, el psicosocial suele establecer objetivos cronológicos de recuperación y reincorporación social, aunque puede que una parte de los pacientes no los consiga completamente o durante todo el tiempo de su proceso psicótico y su trayectoria vital.



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(129) Priebe S, Burns T, Craig TK. The future of academic psychiatry may be social. BJP May 202 2013, p. 319-320;



jueves, 12 de junio de 2014

Escuchando Voces (vía Primera Vocal)


Las voces. Más allá de finas descripciones psicopatológicas en el sentido de describir las alucinaciones auditivas como psicosensoriales, psíquicas o psicomotrices, juego cuyas reglas aprendimos a jugar pero de cuyo sentido dudamos cada vez más (atentos a próximas entradas), son cada vez más las personas que defienden su "escuha de voces" y se asocian en grupos y redes de "escuchadores de  voces". Tal y como entendemos nosotros, con el doble objetivo de rechazar el carácter necesariamente patológico y estigmatizante de dichas voces y de, por otra parte, compartir dichas experiencias para buscarles un sentido y un alivio en los casos - que no son todos - en que supongan un malestar.

Reconocemos nuestra ignorancia en este campo, pero manifestamos nuestro interés en aprender más sobre ello. Hay trabajos iniciales de Romme y Escher (que no hemos leído aún, lo sentimos, el tiempo no nos da para más), que nos han recomendado mucho. Y es importante el trabajo de asociaciones como Hearing Voices Network o, en líneas generales, el Movimiento Escuchando Voces, coordinado por la organización Intervoice. En España creemos que se están intentando organizar grupos similares, pero no tenemos aún conocimiento de que estén efectivamente en marcha. Sí diremos que creemos necesario ya que haya asociaciones no sólo de familiares sino también de los propios usuarios, al fin y al cabo los principales interesados en que esto de la psiquiatría funcione bien.

Desde la muy interesante página de Primera Vocal, recogemos dos entradas sobre este tema, fuente sin duda de reflexión:



The Melbourne Hearing Voices Declaration (traducción al castellano)


Os dejamos la traducción de la declaración que se elaboró a partir del congreso mundial de escuchadores de voces que tuvo lugar en Melbourne el año 2013 organizado por Intervoice. ¿Se puede imaginar alguien semejante póster colocado en una planta de psiquiatría de cualquier hospital del estado español?



Las evidencias indican que:


Escuchar voces es una experiencia humana habitual.

Algunas personas viven las voces como algo angustioso y abrumador, mientras que otras las integran como una parte normal de sus vidas. En el primero de los casos, escuchar voces puede llevar a un diagnóstico de enfermedad mental.

La recuperación no significa necesariamente deshacerse de las voces. Más frecuentemente, se trata de reducir la angustia que las voces pueden traer consigo y aprender a vivir con las voces de forma que se pueda seguir llevando una vida con sentido y socialmente activa.


Creemos que:


Todo el mundo puede recuperarse, y aferrarse sistemáticamente a esta esperanza es fundamental para la recuperación.


Somos conscientes de que:


Existen una serie de mitos sobre la escucha de voces que dejan a la gente aislada y encerrada en su experiencia.

La gente tiene distintas creencias sobre de dónde proceden las voces, y tienen derecho a mantener esas creencias.

La experiencia de la escucha de voces tiene un significado y suele estar relacionada con emociones difíciles y experiencias vitales, incluyendo traumas del pasado.

Lo que a veces es denominado “falta de entendimiento” también puede considerarse “diversidad” o “creencias inusuales”. La gente es capaz de reducir su angustia y avanzar hacia la recuperación sin necesidad de cambiar esas creencias.

Gracias a la orientación de personas con experiencia, la gente ha sido capaz de salir de su aislamiento, de aprender a vivir con sus voces y llevar vidas con sentido y socialmente activas.

Los familiares, amigos y cuidadores también pueden experimentar un profundo aislamiento como resultado de que su ser querido escuche voces, y también ellos pueden beneficiarse profundamente de su recuperación.

Se pueden lograr grandes cambios en el sistema de apoyo a estas personas mediante la cooperación entre personas de referencia que han vivido experiencias de escucha de voces, sus familiares, amigos y cuidadores, profesionales de la salud mental, investigadores y legisladores.


En ____________ nos comprometemos a hacer cambios en nuestra organización para garantizar que:


La gente se sienta segura para hablar de escucha de voces y de otras experiencias inusuales

Trabajaremos para hacer posible una mayor esperanza, control y oportunidades para la gente que escucha voces y sus familias

Escuchamos las experiencias de los escuchadores de voces

Trabajamos con, en vez de contra, las voces

Preguntamos y apoyamos a la gente para abordar traumas del pasado

Derribamos mitos y estigmas relacionados con la escucha de voces

Ayudamos a la gente a construir habilidades que les capaciten para cambiar su relación con las voces

Incluiremos esta declaración en nuestros procesos de planificación hasta que los cambios estén integrados.


The Melbourne Hearing Voice Declaration (fuente original)



Todo lo que siempre quisiste saber sobre escucha de voces (y nunca te atreviste a preguntar)


Durante su primer año de universidad, Eleanor Longden empezó a oír voces: un narrador describiendo sus acciones en el transcurso del día. Diagnosticada de esquizofrenia, Longden comenzó lo que ella describe como una “guerra civil psíquica”, luchando para parar las voces según éstas se volvían antagónicas. Lo que la ayudó fue algo que no se esperaba: hacer las paces con ellas. Aprendiendo a ver a las voces como una fuente de entendimiento en lugar de un síntoma, Longden recuperó el control.

¿Cómo es eso de escuchar voces? Lee las FAQs de Eleanor, en las que te cuenta todo lo que quisiste saber sobre la escucha de voces, con su toque de humor y honestidad.


¿Alguna vez tus voces hablan entre ellas (excluyéndote)?

A veces. Hace tiempo solían hablar de mí mucho más, pero ahora normalmente me hablan a mí directamente. Y cuando hablan sobre mí, suelen ser cumplidos o palabras de ánimo. O, a veces, hablan sobre algo que me preocupa y discuten posibles soluciones. Hay una voz en concreto que suele repetir frases de ánimo a las demás. Una reciente fue: “Si puedes hacer algo para solucionarlo, no tienes por qué preocuparte, y si no puedes hacer nada, ¡no sirve de nada preocuparse!”.


¿Las voces suenan como si vinieran de dentro de tu cabeza o a través de tus oídos?

Esta es otra de las cosas que ha cambiado un poco con el tiempo. Solían ser más externas, pero ahora tienden a ser internas o bien externas pero muy cercanas a mis oídos. También puede variar dependiendo de cuál de las voces hable.


¿Qué echarías de menos si perdieras las voces? ¿Te sentirías sola?

Mis voces son una parte importante de mi identidad —literalmente, son parte de mí— así que sí, las echaría de menos si se fueran. ¡De hecho, debería hacerles un seguro, porque si de verdad se van algún día me quedaré sin trabajo! Esto me resulta extraordinario teniendo en cuenta lo desesperada que estuve por deshacerme de ellas, pero me aportan un montón de conocimientos sobre mí misma y manejan un rico repertorio de recuerdos y emociones. También son muy útiles cuando hablo en público, ya que suelen avisarme si se me olvida algo. ¡Pueden ser útiles incluso en las pruebas de cultura general! Una de ellas solía recitarme las respuestas durante mis exámenes de la universidad. Peter Bullimore, miembro de la red inglesa de Hearing Voices, publicó un precioso cuento infantil que le dictaron sus voces.


¿Alguna vez tus voces se superponen? ¿Pueden estar de acuerdo entre ellas?

Algunas veces hablan a la vez, pero no diciendo las mismas cosas al unísono. He conocido gente cuyas voces sí que lo hacen, como si fueran un coro. Otra gente describe voces que suenan como una hinchada de fútbol, o como un grupo de gente hablando en una fiesta. Hace poco en una conferencia escuché algo increíble: que la gente que es sorda de nacimiento no escucha voces, sino que ve manos interpretándoles signos.


¿Escuchas las voces todo el tiempo? Por ejemplo, ¿incluso durante el sexo? ¿Tienes que mandarlas callar cuando estás viendo una película?

¡No, no todo el tiempo! Aunque suelen estar más activas (y a veces más negativas o antagónicas) cuando estoy estresada. Sin embargo, incluso esto puede serme de ayuda, ya que es un aviso para que me tome un tiempo de descanso y me cuide. Ahora me llevo mucho mejor con ellas, así que cuando se entrometen y les pido que guarden silencio de forma tranquila y respetuosa, el 99% de las veces lo hacen.


¿Puedes hacer que alguna voz en concreto aparezca cuando quieras?

Sí, a veces. De hecho esto es algo que utilicé hace varios años durante la terapia. Mi terapeuta me decía, por ejemplo, “me gustaría hablar con la voz que está muy enfadada” o “con la voz que habla mucho sobre [un hecho especialmente traumático]” y entonces dialogaba con ella.


¿Hay momentos en los que quieres escuchar las voces, o intentas siempre hacer que estén calladas?

Algunas veces discuto con ellas dilemas o problemas, o les pido opinión acerca de mis decisiones, aunque nunca les dejaría ordenarme algo que yo no quisiera hacer. Es como negociar con distintas partes de ti misma para alcanzar una conclusión con la que “todo el mundo” esté contento. Por ejemplo, puede haber una voz que representa una parte de mí muy insegura, y esta tendrá unas necesidades distintas que las de otra parte de mí que quiere salir al mundo y ser escuchada. O las necesidades de una voz muy racional e intelectual, pueden parecer incompatibles con las de otra muy emocional. Pero así puedo identificar el conflicto en mi interior e intentar resolverlo. Es bastante poco frecuente a día de hoy que tenga que mandarlas callar, ya que no se entrometen o se imponen sobre mí como solían hacerlo antes. Si llegan a volverse agresivas, es importante para mí entender el porqué, y siempre habrá una buena razón. Generalmente será una señal de algún tipo de conflicto emocional, y entonces este podrá ser abordado de una forma positiva y constructiva.


¿Alguna vez confundes tu voz interior con “las voces”?

No, se sienten bastante diferenciadas.


Cuando hablas con las voces, ¿reaccionan de distinta forma si hablas en voz alta a si solamente piensas la respuesta?

Ya no suelo responderles en voz alta, pero no reaccionarían de forma distinta a cuando les “hablo” internamente.


¿Cuál es la diferencia entre esquizofrenia y escucha de voces?

Mientras que las experiencias que son etiquetadas como síntomas de esquizofrenia —y la angustia asociada a las mismas— son muy reales, la idea de que existe una condición concreta llamada esquizofrenia con una base biológica está siendo discutida en todo el mundo. Aunque la escucha de voces está asociada con una serie de distintas condiciones psiquiátricas (incluyendo muchas no-psicóticas), hay mucha gente sin ninguna historia de problemas de salud mental que escucha voces. También está ampliamente reconocida como parte de diferentes experiencias espirituales y culturales.


¿Te sientes mejor comprendida por otros escuchadores de voces?

Ellos pueden entender de forma más exacta lo que se siente, pero he tenido la suerte de conocer algunas personas no-escuchadoras de voces realmente empáticas e imaginativas que también quieren entenderlo de verdad. A este respecto, creo que en realidad existe mucha más continuidad entre las voces y la experiencia psicológica diaria de lo que mucha gente se da cuenta. Por ejemplo, todo el mundo sabe lo que es tener pensamientos intrusivos. Y la mayoría conocemos la sensación de tener distintas partes de nosotros mismos: una parte muy crítica, una parte que quiere agradar a todo el mundo, una parte preocupada por los acontecimientos negativos, una parte juguetona e irresponsable que se mete en líos, etc. Creo que, aunque las voces suelen sentirse como algo más desconocido y externo, forman parte un proceso similar.


¿Qué hace que las voces hablen más unas veces que otras?

Normalmente experiencias emocionales, tanto positivas como negativas. Al principio, identificar estos desencadenantes era de mucha ayuda para que cobrara más sentido el porqué las voces estaban ahí y lo que representaban.


¿Alguna vez las voces te hacen partirte de risa?

¡Sí, a veces! Algunas pueden tener un humor muy hiriente, muy insolente, mientras que otras tienen un cinismo jocoso como el de Bill Hicks. Bueno, quizás no tanto como Bill Hicks. Pero eso sería genial… ¡tener a Bill Hicks en tu cabeza! [Nota de PV, se trata de un cómico estadounidense]







miércoles, 28 de mayo de 2014

Intervención en la psicosis, el modelo de Laponia Occidental: Diálogo Abierto (Robert Whitaker)


Primero, vamos con las presentaciones: Mikel Valverde es un psicólogo clínico que ha publicado artículos del máximo interés en nuestro campo (por ejemplo, aquí o aquí) y autor de traducciones de textos englobados en una cierta psiquiatría crítica (es decir: honesta, científica, independiente y volcada al bienestar de los pacientes sin sombra de paternalismo). La última entrada que publicamos estaba escrita por él y por el psiquiatra José A. Inchauspe y hoy recogemos de nuevo una traducción que tuvo la amabilidad de hacernos llegar. Se trata de un texto escrito por Robert Whitaker, periodista de investigación especializado en temas de Salud Mental (la página web que dirige, Mad in America, es absolutamente imprescindible), perteneciente a su libro Anatomy of An Epidemic: Magic Bullets, Psychiatric Drugs, and the Astonishing Rise of Mental Illness in America, incomprensiblemente no publicado en castellano. A continuación, el texto de Whitaker traducido por Valverde:



Intervención en la psicosis, el modelo de Laponia Occidental: Diálogo Abierto

Durante mucho tiempo, Laponia Occidental, Finlandia, tuvo una de las tasas más altas de esquizofrenia de Europa. Allí viven alrededor de 70.000 personas, y en la década de 1970 y principios de 1980, cada año se daban veinticinco o más nuevos casos de esquizofrenia, la tasa de incidencia era el doble o incluso el triple que en otras partes de Finlandia y del resto de Europa. Además, los pacientes habitualmente se convertían en enfermos crónicos. Pero hoy los resultados a largo plazo de los pacientes psicóticos en Laponia Occidental son los mejores del mundo occidental, y en esta región se ven ahora muy pocos casos nuevos de esquizofrenia.

Este es un éxito clínico que ha estado gestándose durante décadas. Comenzó en 1969, cuando Yrjö Alanen, un psiquiatra finlandés que tenía formación psicoanalítica, llegó al hospital psiquiátrico en Turku, una ciudad portuaria en el suroeste de Finlandia. En aquel momento, eran pocos los psiquiatras en el país que creían que la psicoterapia pudiera ayudar a los pacientes esquizofrénicos. Sin embargo, Alanen pensaba que las alucinaciones y los delirios paranoides de los pacientes esquizofrénicos, cuando se analizaban detenidamente, muestran historias con sentido. Los psiquiatras del hospital, las enfermeras, y el personal debían escuchar a los pacientes. "Es casi imposible para cualquiera que se reúna con las familias de estos pacientes no entender que expresan sus dificultades en la vida", explicaba Alanen en una entrevista en el hospital psiquiátrico de Turku. "No están listos” para ser adultos, y "podemos ayudarles a desarrollarse".

Durante los siguientes quince años, Alanen y unos cuantos psiquiatras de Turku, en particular Jukka Aaltonen y Viljo Räkköläinen, crearon lo que denominaron el “Tratamiento Adaptado a las Necesidades” para pacientes psicóticos. Dado que los pacientes psicóticos son un grupo muy heterogéneo, decidieron que el tratamiento tenía que ser uno específico para cada caso. Algunos pacientes en un primer episodio tendrían que ser hospitalizados, pero otros no. Algunos podrían beneficiarse de dosis bajas de medicamentos psiquiátricos (ya sean benzodiazepinas o neurolépticos), y otros no. Y lo más importante, los psiquiatras de Turku impulsaron la terapia con el grupo familiar de un tipo particularmente colaborativo como el tratamiento central. Psiquiatras, psicólogos, enfermeras, y otros profesionales se formaron en terapia familiar. Y equipos formados por dos o tres profesionales especializados en terapia familiar, trabajando sobre la psicosis, se reunirían periódicamente con el paciente y su familia. Las decisiones sobre el tratamiento del paciente se realizarían de forma conjunta en esas reuniones.

En esas sesiones, los terapeutas no se preocupaban tanto en conseguir que los síntomas del paciente psicótico disminuyeran. Por el contrario, la conversación se centraba en los éxitos y logros previos del paciente, con la idea de que esto ayudaría a fortalecer el "control sobre su vida". La esperanza, dijo Räkköläinen, "es que no han perdido la idea de que pueden ser como los demás”. El paciente también podía recibir psicoterapia individual, como ayuda a lo largo de este proceso, y, finalmente, se animaba al paciente a construir una nueva "auto-narrativa" y mirar mas allá, el paciente imaginaba un futuro en el que él o ella se integraba en la sociedad, en vez de aislarse. "Con la concepción biológicista de la psicosis, no se puede valorar los logros previos" o las posibilidades futuras, decía Aaltonen.

Durante los años 1970 y 1980, los resultados en los pacientes psicóticos en el sistema de Turku mejoraron consistentemente. Muchos pacientes crónicos fueron dados de alta del hospital, y un estudio sobre pacientes de tipo esquizofrénico en primer episodio que fueron tratados en 1983 y 1984 encontró que el 61 por ciento estaban asintomáticos al término de cinco años y sólo el 18 por ciento se encontraban incapacitados. Este fue un muy buen resultado, y desde 1981 a 1987, Alanen coordinó el Proyecto Nacional de la Esquizofrenia en Finlandia, que determinó que el modelo de Tratamiento Adaptado a las Necesidades desarrollado en Turku podría introducirse con éxito en otras zonas. Dos décadas después de que Alanen y otros iniciaran su proyecto en Turku, en Finlandia se decidió que de hecho la psicoterapia podría ayudar a los pacientes psicóticos.

No obstante, la cuestión de una mejor utilización de los antipsicóticos prosiguió, y en 1992, Finlandia puso en marcha un estudio sobre pacientes en primer episodio y su evolución. Los seis lugares del estudio trajeron a pacientes recién diagnosticados al Tratamiento Adaptado a las Necesidades, pero en tres de los centros, los pacientes no fueron medicados con antipsicóticos durante las tres primeras semanas (se podían utilizar benzodiazepinas), y el tratamiento farmacológico se iniciaría sólo si el paciente no había mejorado en este período. Al final de dos años, el 43 por ciento de los pacientes de los tres lugares "experimentales" nunca estuvieron expuestos a los neurolépticos, y de forma general los resultados en los lugares experimentales fueron "algo mejor" que en los centros donde casi todos los pacientes fueron expuestos a los medicamentos. Además, entre los pacientes de las tres zonas experimentales, los que nunca fueron expuestos a los neurolépticos tuvieron los mejores resultados.

"Yo aconsejaría un uso [de medicamentos] según cada caso específico", dijo Räkköläinen. "Inténtelo sin antipsicóticos. Usted los puede tratar mejor sin medicación. Llegan a ser más interactivos. Ellos se convierten en si mismos". Aaltonen añadió: "Si puede retrase la medicación, esto es importante".

Podría parecer que la psiquiatría finlandesa, habida cuenta de los resultados del estudio, tendría que abrazar esta experiencia a nivel nacional con "un uso no inmediato de los neurolépticos" como modelo de cuidados. Pero Alanen y los demás creadores del Tratamiento Adaptado a las Necesidades se jubilaron, y en la década de 1990, el tratamiento de la psicosis de Finlandia se convirtió en algo mucho más orientado "biológicamente". Incluso hoy, en Turku en el primer episodio, los pacientes son habitualmente tratados con antipsicóticos, y las directrices finlandesas sugieren hoy que los pacientes se mantengan con fármacos durante al menos cinco años después del primer episodio. "Estoy algo decepcionado", confesó Alanen al final de nuestra entrevista.

Afortunadamente, en uno de los tres lugares "experimentales" del estudio de 1992-1993 se tomaron los resultados muy en serio. Y este lugar fue Tornio, en Laponia Occidental.

En mi camino hacia el norte, a Tornio, me detuve a entrevistar a Jaakko Seikkula, profesor de psicoterapia en la Universidad de Jyväskylä. Además de trabajar en el Keropudas Hospital de Tornio durante casi veinte años, ha sido el autor principal de varios estudios que documentan los resultados extraordinarios de los pacientes psicóticos en Laponia Occidental.

La transformación de la asistencia en el Hospital Keropudas, partiendo de un sistema en el cual los pacientes eran hospitalizados y medicados regularmente a otro en el cual los pacientes son pocas veces hospitalizados y sólo de vez en cuando medicados, se inició en 1984, cuando Räkköläinen visitó y habló sobre el tratamiento adaptado a las necesidades. El staff de Keropudas, recordaba Seikkula, acogió de inmediato su sentido participando en "encuentros abiertos", donde cada participante compartía libremente sus pensamientos, y sintió que daba a los pacientes psicóticos una experiencia muy diferente a la psicoterapia convencional. "El lenguaje que utilizamos cuando el paciente está sentado junto a nosotros es tan diferente del que usamos para nosotros [los terapeutas] cuando hablamos del paciente", dijo. "Nosotros no utilizamos las mismas palabras, y tenemos que escuchar más las ideas del paciente sobre lo que está pasando y prestar más atención a la familia".

Con el tiempo, Seikkula y otros, en Tornio, desarrollaron lo que llamaron la terapia de Diálogo Abierto, que era una sutil variación del Tratamiento Adaptado a las Necesidades de Turku. Al igual que en Turku, los resultados de los pacientes en Laponia Occidental, mejoraron en la década de 1980, y luego Tornio fue seleccionado para ser uno de los tres lugares experimentales en 1992-93 en Finlandia, en los estudios de primeros episodios. Tornio captó treinta y cuatro pacientes, y al finalizar los dos años, veinticinco nunca fueron expuestos a los neurolépticos. Casi todos los pacientes nunca medicados del estudio a nivel nacional (de veinticinco de veintinueve) llegaron en realidad desde este lugar, y por lo tanto, fue sólo en este lugar donde el personal del hospital observó el curso a largo plazo de la psicosis sin medicar. Y encontraron que aunque la recuperación de la psicosis a menudo avanza a un ritmo bastante lento, ocurre de forma habitual. Los pacientes, Seikkula dijo, "volvieron a su trabajo, a sus estudios, a sus familias."

Alentados por los resultados, el Hospital Keropudas inició un nuevo estudio que permitiera conocer la evolución a largo plazo de todos los pacientes con primer episodio psicótico en Laponia Occidental desde 1992 hasta 1997. Al final de cinco años, el 79 por ciento de los pacientes estaban asintomáticos y el 80 por ciento trabajaban, estudiaban o buscaban trabajo. Sólo el 20 por ciento tenían una incapacidad reconocida. Dos tercios de los pacientes nunca habían estado expuestos a la medicación antipsicótica, y sólo el 20 por ciento tomó fármacos de forma frecuente. En Laponia Occidental se había descubierto un método con éxito, que ayudaba a los pacientes psicóticos a recuperarse, y que estaba ligado a su política de no utilizar de forma inmediata neurolépticos en el primer episodio de los pacientes, y era como si proporcionara una "válvula de escape" para que pudieran recuperarse naturalmente.


Resultados a los cinco años en primeros episodios de psicosis en Laponia Occidental tratados con la Terapia Diálogo Abierto:


Pacientes (N=75)

Esquizofrenia (N=30)

Otros trastornos psicóticos (N=45)


Uso de Antipsicóticos

Nunca fueron expuestos: 67%

Uso ocasional durante los cinco años: 33%

Tomándolos al finalizar los cinco años: 20%


Síntomas psicóticos

Nunca recayeron en cinco años: 67%

Asintomáticos a los cinco años: 79%


Resultados a los cinco años

Trabajando o estudiando: 73%

Desempleados: 7%

Discapacitados: 20%


Seikkula, J. “Five-year experience of first-episode nonaffective psychosis in open-dialogue approach.”
Psychotherapy Research 16 (2006): 214–28.



"Confío en esta idea", dijo Seikkula. "Hay pacientes que pueden estar viviendo de una manera bastante peculiar, y que pueden tener ideas psicóticas, pero que todavía pueden aferrarse a una vida activa. Pero si son medicados, y debido a la acción sedante de los fármacos, pierden ese ‘control sobre la vida', y esto es muy importante. Se vuelven pasivos, y ya no cuidan de sí mismos".

Hoy en día, las instituciones psiquiátricas de Laponia Occidental, consisten en cincuenta y cinco camas en el Hospital Keropudas, que se encuentra a las afueras de Tornio, y cinco ambulatorios de salud mental. Hay alrededor de cien profesionales de Salud Mental en el sector (psiquiatras, psicólogos, enfermeras y trabajadores sociales), y la mayoría han completado un período de novecientas horas, un curso de tres años, en terapia familiar. Muchos de los profesionales, incluidos la psiquiatra y los psicólogos Birgitta Alakare Tapio Salo y Kauko Haarakangas, han estado allí durante décadas, y hoy la terapia de Diálogo Abierto es una forma asistencial muy refinada.

Su concepto de psicosis es algo totalmente diferente, que no acaba de encajar en cualquier categoría biológica o psicológica. En cambio, creen que la psicosis surge en relaciones sociales severamente dañadas. "La psicosis no vive en la cabeza. Vive entre los miembros de la familia y entre las personas", explicó Salo. "Está en la relación, y el psicótico es quien la hace visible. Él o ella ‘carga con los síntomas’ y tiene el peso de llevarlos".

Con la mayoría del personal del sector formada en terapia familiar, el sistema es capaz de responder rápidamente a una crisis psicótica. Quien es primeramente contactado -por un padre, un paciente que busca de ayuda, o tal vez un responsable del colegio- se encarga de organizar una reunión en las siguientes veinticuatro horas, y la familia y el paciente deciden dónde se celebrará el encuentro. La casa del paciente es el lugar preferido. Debe haber al menos dos miembros del equipo presentes en la reunión, y preferiblemente tres, y estos se convierten en el "equipo", que idealmente se mantendrá unido, durante todo el tratamiento del paciente. Todos van a la primera reunión conscientes de que "no saben nada", dijo la enfermera Mia Kurtti. Su trabajo consiste en promover un "diálogo abierto" en el que los pensamientos de todo el mundo puedan ser expresados, y contemplan a los miembros de la familia (y amigos) como aliados en el trabajo. "Somos especialistas en decir que no somos especialistas", dijo Birgitta Alakare.

Los terapeutas se consideran a sí mismos como invitados en la casa del paciente, y si un paciente agitado corre a su habitación, simplemente se le pide al paciente que deje la puerta abierta, de modo que pueda escuchar la conversación. "Ellos escuchan voces, nos encontramos con ellos y tratamos de tranquilizarlos", dijo Salo. "Están psicóticos, pero no son violentos en absoluto”. De hecho, la mayoría de los pacientes quiere contar su historia, y cuando hablan de las alucinaciones y los pensamientos paranoides, los terapeutas, simplemente escuchan y reflexionan sobre lo que han oído. "Yo creo que [los síntomas psicóticos] son muy interesantes", dijo Kurtti. "¿Cuál es la diferencia entre voces y pensamientos? Tengamos una conversación".

No se mencionan los antipsicóticos en las primeras reuniones. Si el paciente comienza a dormir mejor y bañarse con regularidad, y si de alguna manera comienza a restablecer sus conexiones sociales, los terapeutas saben que el "control sobre su vida" se está fortaleciendo, y que el fármaco no será necesario. De vez en cuando, Alakare puede prescribir una benzodiacepina para ayudar a una persona a dormir, o para disminuir la ansiedad del paciente, y al final le puede recetar un neuroléptico a dosis bajas. "Por lo general sugiero que lo use durante varios meses", dijo Alakare. "Pero cuando los problemas desaparecen, después de seis meses o un año, o tal vez incluso después de tres años, tratamos de detener la toma del medicamento".

Desde el principio, los terapeutas se esfuerzan en dar, tanto al paciente como a su familia, una sensación de esperanza. "El mensaje que damos es que podremos superar esta crisis. Tenemos la experiencia de que las personas pueden mejorar, y tenemos confianza en esta posibilidad ", dijo Alakare. Hemos encontrado que puede llevar bastante tiempo -dos, tres o incluso cinco años- para que un paciente se recupere. Aunque los síntomas psicóticos de un paciente pueden disminuir con bastante rapidez, centrarse en el "control sobre la vida" del paciente y reparar su relación con la sociedad es una tarea mucho mayor. El equipo sigue encontrándose con el paciente y la familia, y según como se desarrolle este proceso, se pide a sus profesores y/o a los probables encargados laborales que asistan también. "Se trata de restaurar las relaciones sociales", dijo Salo. "Que el espacio relacional vuelva a funcionar, con la familia y amigos."

Durante los últimos diecisiete años, la terapia Diálogo Abierto ha transformado "el cuadro de la población psicótica" en Laponia Occidental. Desde el estudio en 1992-1993 ni un solo un primer episodio psicótico ha terminado con una hospitalización cronificada. El gasto en los servicios psiquiátricos de la región se redujo en un 33 % desde los años 1980 y 1990, y en la actualidad es el sector con menor gasto per cápita en servicios de salud mental de todos los sectores de salud en Finlandia. Las tasas de recuperación se han mantenido altas: desde 2002 hasta 2006, Tornio participó en un estudio multinacional de los países nórdicos en primeros episodios de psicosis, y al final de dos años, el 84 por ciento de los pacientes habían vuelto al trabajo o a la escuela, y sólo el 20 por ciento tomaban antipsicóticos. Lo más notable de todo es que la esquizofrenia está desapareciendo del sector. Las familias en Laponia Occidental se sienten cómodas con esta forma amable de cuidados, y llaman al hospital (o a uno de los consultorios de atención ambulatoria) al primer signo de psicosis de un ser querido, con el resultado de que hoy los pacientes en un primer episodio suelen tener síntomas psicóticos de menos de un mes y, con un tratamiento iniciado en este primer momento, muy pocos llegan a desarrollar la esquizofrenia (el diagnóstico se hace después de que un paciente haya estado psicótico durante más de seis meses). Sólo dos o tres nuevos casos anuales de esquizofrenia, como tal, se dan en Laponia Occidental, una reducción del 90 por ciento desde principios de 1980.

El éxito de Tornio ha llamado la atención de quienes prestan asistencia en salud mental de otros países europeos, y durante los últimos veinte años, dos o tres grupos de otros países europeos han informado que la combinación de atención psicosocial y la limitación en el uso de neurolépticos produce buenos resultados. "Esto ha sucedido realmente”, dijo Seikkula. "No es sólo una teoría”.

En mi camino de regreso a Helsinki, seguí dándole vueltas a este pensamiento: ¿Por qué las reuniones grupales de Tornio resultarán tan terapéuticas? Teniendo en cuenta los resultados de la literatura sobre los neurolépticos, yo puedo entender que un uso selectivo de los fármacos sea tan útil. Pero ¿por qué la terapia Diálogo Abierto para pacientes psicóticos ayuda a curarse?

Durante los dos días en Tornio, me senté en tres sesiones de grupo, y aunque no hablo finlandés, sin embargo me fue posible tener una idea del tono emocional de las reuniones y observar cómo la conversación fluía. Todos se sentaban en un círculo, de una manera muy relajada y tranquila, y antes de que alguien hablara, a menudo había un momento, una fracción de segundo de silencio, como si quien fuera a hablar estuviera recogiendo sus pensamientos. De vez en cuando alguien reía, yo no pude identificar momentos en el que alguien interrumpiera, y sin embargo tampoco ninguna persona parecía hablar mucho rato. La conversación parecía impregnada de amabilidad y humildad, y la familia y los pacientes escuchaban con gran atención cada vez que los terapeutas se miraban y hablaban entre ellos. "Nos gusta saber que es lo que realmente piensan, más que nos den consejos", dijeron los padres de una de las reuniones.

¿Pero, como se entiende todo esto? Todo era un poco desconcertante, e incluso el personal del Hospital Keropudas no había sido capaz de explicar por qué estas conversaciones eran tan terapéuticas. "Los síntomas severos comienzan a irse", dijo Salo, con un encogimiento de hombros. "No sabemos cómo sucede, pero algo [la terapia Dialogo Abierto] debemos estar haciendo bien, porque funciona".




Hay un documental “Open Dialogue” de Daniel Mackler, con subtítulos en español, accesible desde:




lunes, 12 de mayo de 2014

Acerca del sitio web www.esquizofrenia24x7.com y el folleto "Afrontando la esquizofrenia" (Mikel Valverde y José A. Inchauspe)


Hace ya unos meses leímos, primero en la página de la Asociación Madrileña de Salud Mental y luego en la de Primera Vocal (web más que interesante de la que aún no habíamos hablado, pero que les aseguramos que merece mucho la pensa seguir) un artículo de Mikel Valverde y José A. Inchauspe, autores de diversos trabajos y traducciones, algunos de los cuales ya hemos comentado previamente, acerca de la web www.esquizofrenia24x7.com y la campaña a ella asociada. Se trata de una campaña lanzada por la compañía farmacéutica Janssen, supuestamente de información sobre la esquizofrenia y de lucha contra el estigma. Hemos visto carteles en nuestros centros de trabajo con tal al parecer loable objetivo y se ha difundido con profusión. Como analizan Valverde e Inchauspe, no es oro todo lo que reluce y el lobo de nuevo ha vuelto a engañarnos con su patita aparentemente blanca (bueno, a nosotros no, porque el asunto ya apestaba de lejos, pero desgraciadamente parece que sí a la Junta de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, asociación de la que somos miembros y que ha prestado su logo a semejante engendro).

Queríamos escribir sobre ello, pero ya Valverde e Inchauspe han realizado un trabajo magnífico de clarificación sobre lo que no es más que una campaña de marketing apenas disimulado, encaminada a aumentar ventas con un desprecio absoluto por la diferencia entre hechos científicos demostrados e hipótesis no apoyadas por la evidencia científica (aunque sin duda, sí por la comercial). Si lo leen, suponemos que entenderán también por qué nos seguimos preguntando cómo es que, varios meses tras la primera publicación de este artículo, el logo de la AEN permanece en dicha página.

Pregunta, hasta ahora, sin respuesta. Esperamos (de esperanza más que de expectativa) que, teniendo en cuenta los datos que este artículo pone encima de la mesa, la Junta de la AEN se replantee su decisión y pida la inmediata retirada de su marca de este publirreportaje esta campaña.



A continuación, el artículo completo de Valverde e Inchauspe con su bibliografía:



Acerca del sitio web www.esquizofrenia24x7.com y el folleto “Afrontando la esquizofrenia”



La farmacéutica Janssen lanza el sitio Web www.esquizofrenia24x7.com como portal de contenidos respecto a la esquizofrenia dirigido al público en general, pacientes, amigos y familiares. Entre otros contenidos, puede descargarse del sitio Web un folleto titulado Afrontando la esquizofrenia. Guía para pacientes y familiares,(1) cuya publicación patrocina la farmacéutica. Sus visitadores médicos proponen en los servicios de salud mental públicos la distribución del folleto y la exhibición de carteles y fichas que presentan el sitio Web como “toda la ayuda que necesitas para comprender la esquizofrenia”.

Paralelamente se utiliza el sitio Web como soporte para la campaña de sensibilización “Acaba con tus prejuicios sobre la enfermedad mental” (nota I). Los tres carteles de esta campaña remiten en su espacio central a dicha página Web y a FEAFES, (nota II) desde donde se envía a dicha página, para obtener información sobre la enfermedad.

Se trata de una iniciativa justificada porque “Mejorar el conocimiento sobre la enfermedad puede facilitar la recuperación y reintegración de las personas afectadas”, ya que “no toda la información sobre la esquizofrenia que se encuentra disponible en Internet es fidedigna ni está contrastada”.(2)

Se analizará el contenido del folleto, del cartel y del sitio Web, y se valorará la naturaleza de la información incluida.


1.- AFRONTANDO LA ESQUIZOFRENIA GUIA PARA PACIENTES Y FAMILIARES, Dra. Marina Díaz Marsá (nota III)

El contenido del folleto (nota IV), avalado por AMAFE (nota V) y la Sociedad de Psiquiatría de Madrid (nota VI):


a.- Presenta como demostrado en la esquizofrenia el “componente genético”; el desequilibrio químico cerebral “principalmente (…) de la dopamina y la serotonina” (p.15); la evolución según un modelo kindling, “con cada recaída se produce una mayor pérdida de la calidad de vida y de la funcionalidad(nota VII) (…), la recuperación es más lenta y en algunos casos no es posible recuperar alguna de las capacidades previas” (p.40); la necesidad y eficacia de los antipsicóticos “fundamental para evitar recaídas en su enfermedad” (p.29,31), “recayendo casi matemáticamente“ al interrumpir la medicación (p.45); los efectos adversos poco importantes que “no tienen por qué repercutir en nuestra salud” (p.38), y su carácter neuroprotector, “son fármacos que protegen al cerebro frente al desequilibrio químico que en él se produce, normalizan las funciones cerebrales alteradas y previenen las recaídas al regular el sistema nervioso central” (p.33).
Ni las bases genéticas,(3) ni el desequilibrio químico han sido demostrados hasta la fecha.(4) El único mecanismo que comparten todos los antipsicóticos es el bloqueo de los receptores dopaminérgicos postsinápticos,(5) actuando, en cualquier caso, sobre procesos ulteriores a los hipotéticos cambios patológicos del sistema dopaminérgico, por lo que su acción es puramente sintomática, lo que justificaría que muchos pacientes recaigan tomando medicación.(6)

Comparados con el placebo, los antipsicóticos reducen las recaídas a corto plazo, a un año de seguimiento, pero su eficacia disminuye a medida que la duración de los ensayos aumenta,(7,8) sin que haya pruebas de su eficacia a largo plazo, a siete o más años (9,10). Existen pruebas de que no es adecuado que todos los diagnosticados los tomen de forma continuada a medio/largo plazo,(11) y para muchos pacientes su retirada rápida tras la primera crisis constituye un factor de protección y mejora la funcionalidad.(8) El modelo kindling (nota VIII) no es aplicable a la esquizofrenia: las recaídas no son matemáticas al interrumpir la medicación, según un modelo de disminución y retirada temprana, ni son cada vez más frecuentes, ni se correlacionan con un aumento de la disfuncionalidad.(8,12)

El uso de antipsicóticos sí puede suponer riesgos graves para la salud, para el sistema cardiovascular,(13) metabólico,(14,15) e inducir déficits cognitivos y motivacionales, efectos bien conocidos en pacientes y voluntarios sanos.(16) Se trata de efectos muchas veces dosisdependientes,(17) y acumulativos con su uso en el tiempo.(15) Está bien establecido que no son neuroprotectores, y que pueden dañar estructuralmente el cerebro en personas(18) y en animales.(19) También en este ámbito parece un fenómeno acumulativo relacionado con la dosis y el tiempo de tratamiento.(20) El balance entre sus riesgos y beneficios empeora para pacientes de edad media para cualquier trastorno(21) y su uso a largo plazo puede reducir la esperanza de vida.(22)


b.- Respecto a las opciones de tratamiento farmacológico, el folleto realiza afirmaciones no contrastadas y/o para las que existen evidencias en sentido contrario, como la superioridad de los antipsicóticos atípicos sobre los típicos (p.33-34), la eficacia de los atípicos en sintomatología negativa y cognitiva (p.34), y entre estos últimos la superioridad de los de liberación prolongada sobre los orales de toma diaria (p.36-37). En ninguno de esos aspectos se ha hallado relevancia clínica a favor de una u otra opción. Los antipsicóticos son diferentes en efectos secundarios y eficacia, pero la distinción entre típicos y atípicos es artificiosa, y no puede afirmarse que como grupo uno sea superior al otro en eficacia, tolerabilidad, calidad de vida o preferencia del usuario.(7,23-28)
La efectividad de los antipsicóticos sobre la mejoría de los síntomas negativos, alteraciones cognitivas y deterioro de la motivación es controvertida, y más bien optimista. No es fácil establecer un balance clínico claro entre la efectividad, falta de efectividad y efectos adversos de los antipsicóticos,(6) que, por sí mismos, pueden empeorar la atención, curiosidad, iniciativa, activación y funciones ejecutivas,(8,16) efectos bien conocidos por muchos usuarios.(29) Desgraciadamente, la mejoría de la sintomatología negativa con los antipsicóticos, de producirse es pequeña, mucho menor que en los síntomas positivos y sin diferencias relevantes entre típicos y atípicos.(30,31) La mayor eficacia sobre la sintomatología negativa no es un componente central de los antipsicóticos atípicos como grupo.(27)

Los estudios que comparan antipsicóticos depot con orales son escasos, de breve duración, hasta 2 años, han sido realizados mayoritariamente con antipsicóticos típicos, y adolecen de problemas metodológicos.(32) La posible superioridad de los depot, en términos de disminución de recaídas a corto plazo,(7,32) parece derivarse de la mayor adhesión al tratamiento, y se difumina cuando se excluyen de los estudios a los pacientes que no se adhieren al tratamiento(32) o se realizan estudios controlados y aleatorizados ECA.(33) En revisiones sistemáticas, no hay evidencias claras de la mayor eficacia intrínseca o menores efectos adversos entre los depot, típicos o atípicos, y los de uso diario,(34) salvo en la adherencia al tratamiento.(35) En particular, los depots atípicos tienen los mismos efectos adversos que sus equivalentes orales, y tal vez alguno más.(36) Según la guía del Ministerio de Sanidad, su uso debería reservarse a quienes opten voluntariamente por ellos, y en quienes no tomando regularmente la medicación presenten recaídas frecuentes y muy graves, sugerencia de un nivel de evidencia IV; es decir, sin estudios clínicos directamente aplicables y de calidad.(37)


c.-La clínica propuesta aspira a controlar y paliar los síntomas (p. 29, 31, 44, 47…), dramáticamente descritos (p.20-25). El horizonte vital sugerido se limita a “alimentación sana, ejercicio físico moderado, mantener algún hobbie, evitar circunstancias muy estresantes, cultivar amistades, evitar alcohol y drogas” (p.50-51). La perspectiva de futuro es sombría. “(…) es una enfermedad crónica, es decir, que va a acompañar al paciente toda la vida y que necesita un tratamiento farmacológico” (…) y pueda tener una vida lo más normal posible” (p.29); “La mayoría de los pacientes pueden llevar una vida relativamente normal” (p.42) aunque “por desgracia la falta de adherencia terapéutica y, en algunos casos la intensidad de la enfermedad, puede llevar a un deterioro y empobrecimiento de la persona” (p.43).

La afirmación (…) “el paciente con esquizofrenia no es agresivo cuando está estabilizado y toma adecuadamente la medicación” (p.46) es inquietante. Hoy se sabe que, aunque disminuir los síntomas positivos y la frecuencia de recaídas sea una aspiración clínica plausible, de su logro no se deduce una mejoría de la funcionalidad,(8) más relacionada con la sintomatología negativa.(38) Para una clínica exigente y menos prejuiciada la recuperación funcional completa debiera ser el eje y la medida principal de los estudios de investigación, y ese objetivo parece alcanzarse mejor con una estrategia de disminución o interrupción temprana de la medicación.(8)

El horizonte vital defendido por el movimiento de recuperación hace referencia a una vida plena de sentido, con capacidad de gestión personal, relaciones sociales, y ser útil a la comunidad, basándose en la esperanza y en tener poder.(39,40) Es una perspectiva vital similar a la de autores e investigadores como McGorry,(12) a los criterios de recuperación de Harrow(9) a la propugnada por las psicoterapias en las psicosis(41) y a la establecida por la medicina basada en la evidencia,(42) en las antípodas de lo que se propone en este folleto.


d.- Según el folleto, junto a los antipsicóticos, eficaces e imprescindibles, “disponemos de tratamientos psicológicos y de rehabilitación (también conocidos como psicoeducación)” a los que dedica cuatro líneas y media, sin referencia alguna a resultados (p.30). Existe un corpus científico abundante y creciente acerca de la efectividad de las psicoterapias en la esquizofrenia asociadas a las terapias farmacológicas, recogida en todas las guías clínicas, incluida la española.(37) Se considera que pueden ser el tratamiento de elección para determinados síntomas como las alucinaciones,(43) se investiga como tratamiento alternativo para pacientes que rechazan o no se benefician de la medicación(44) y constituye el núcleo, asociado a un uso muy limitado de medicación antipsicótica, de un modelo de asistencia comunitaria de resultados prometedores.(45)


e.- Dado que “Los pacientes que tienen esquizofrenia no se dan cuenta que están enfermos (…)[y] de hecho a día de hoy se discute si esta escasa consciencia de padecer una enfermedad pueda ser un síntoma más de la propia enfermedad” (p.45) se proponen estrategias para que “el paciente entienda y acepte que la medicación es fundamental para evitar recaídas en su enfermedad, para que no se produzca un empeoramiento en su pronóstico y pueda tener una vida lo más normal posible” (p.29), y para solucionar la dificultad de que “los pacientes no acepten que tienen que tomarse una medicación y no se la tomen recayendo casi matemáticamente”, “han surgido nuevas formas de administración antipsicótica que permiten que el paciente reciba el tratamiento con una frecuencia quincenal o incluso mensual” (p.45). En la convivencia con los pacientes “una de las principales cuestiones es la toma de medicación” por ello se aconseja tácticamente “que este no sea el único tema de conversación con el paciente con esquizofrenia y hay que intentar no centrar en esta cuestión nuestros momentos para hablar con ellos” (p.46).
El modelo clínico propuesto es jerárquico (cf. ¿qué hay que contar al psiquiatra en la consulta? (p.44) A la pregunta ¿qué puede hacer el propio paciente? se responde, entre otras cosas, “tomar conciencia de que tiene que tomarse la medicación (…) saber que no se puede retirar la medicación por su cuenta aunque se sienta bien (…) seguir las terapias rehabilitadoras que le marque su médico” (p.48).

El texto no refleja ninguna preocupación ética respecto al uso de medicación, potencialmente dañina, para pacientes que pueden no necesitarla, y soslaya el consentimiento informado y la decisión del paciente. Cabe señalar que en España la Ley obliga a la práctica del consentimiento informado también en la esquizofrenia.(46) Las alusiones a la falta de conciencia de enfermedad como síntoma no se compadecen con los estudios sobre la capacidad de consentimiento informado presente en muchos de estos pacientes en diferentes momentos de su proceso(47) y con la práctica en otros países, donde se defiende explícitamente desde instancias públicas el consentimiento informado.(48,49) Incluso desde una perspectiva puramente pragmática es defendible considerar la opinión del paciente a la hora de aceptar o no el tratamiento antipsicótico. (50)


f.- Partiendo de las afirmaciones recogidas sobre opciones de tratamiento en el punto b de este escrito, la secuencia argumental del folleto desemboca invariablemente en la promoción de los productos del patrocinador. Se comparan los antipsicóticos convencionales con los atípicos, afirmando que los primeros tenían (nota IX) “importantes inconvenientes como sus efectos adversos (…) y que no eran efectivos sobre los síntomas negativos (…) o incluso los empeoraban, ni tampoco mostraban eficacia en el control de la sintomatología cognitiva” (p.33) mientras que los atípicos que “actualmente se utilizan como primera línea en el tratamiento de la esquizofrenia (…) actúan (nota X) no solo sobre lossíntomas positivos sino también (…) han demostrado eficacia sobre los síntomas negativos y cognitivos y producen muchos menos efectos secundarios” (p.34). Presenta una relación de antipsicóticos atípicos encabezada por los dos productos de Janssen, en orden de sus intereses comerciales actuales “paliperidona, risperidona (nota XI)” (p.34). Al comparar los antipsicóticos atípicos de toma diaria con los antipsicóticos atípicos de larga duración (nota XII) parte de que “no es fácil tomarse una medicación todos los días (…) y sabemos que la mayor parte de los pacientes tras el primer episodio psicótico abandonan ese tratamiento, recayendo en un nuevo episodio” concluyendo que son más las desventajas que las ventajas del tratamiento diario (p.35). Las ventajas de los antipsicóticos de larga duración superan ampliamente sus inconvenientes, y entre ellas se citan “una eficacia más sostenida y continuada en todas las franjas del día (…) menos efectos secundarios que los fármacos orales de toma diaria”, los antipsicóticos atípicos sirven “para optimizar el tratamiento diario a un tratamiento de liberación prolongada (…) El objetivo es facilitar el cumplimiento del tratamiento por el paciente de la forma más cómoda” (p.36). Facilita una relación de 3 productos, encabezada por los fármacos de la Janssen en el orden ya mencionado “palmitato de paliperidona, risperidona inyectable (nota XIII)”(p.36). Anuncia que “ya están disponibles medicamentos que se administran sólo 1 vez al mes, permitiendo tratar al paciente con únicamente 12 tomas al año (nota XIV) (…) [y] la administración es muy poco molesta (…) incluso se administra con una pequeña inyección en el hombro” (nota XV) (p. 36).


g.- Termina el folleto con una relación de Asociación de Familiares y Pacientes (nota XVI)


2.- CARTELES Y FICHA

El cartel publicita el sitio Web en grandes caracteres “Toda la ayuda que necesitas para comprender la esquizofrenia en un solo lugar” y en la parte inferior del cartel la leyenda “mientras esperas puedes consultar tus dudas sobre la esquizofrenia” seguida de un “Infórmate aquí 24 horas al día, los siete días de la semana. Entra en http://www.esquizofrenia24x7.com” junto con un código QR que facilita el acceso a la página desde dispositivos móviles. El contenido de la ficha es básicamente el mismo, incluido el código QR. Otro cartel publicita la campaña contra los prejuicios, citando a todas las organizaciones que la avalan, y enviando al sitio Web o a FEAFES para obtener información sobre la enfermedad. En FEAFES el texto referente a la campaña redirige a dicha página Web.


3.- SITIO WEB http://www.esquizofrenia24x7.com (nota XVII)
Su página principal consta de un banner en el que se alternan los mensajes de la campaña “Acaba con tus prejuicios sobre la enfermedad mental” y el largo listado de avales con el que cuenta (nota XVIII) con publicidad de la propia página, y la de varios libros y folletos, entre ellos la guía Afrontando la esquizofrenia, descargables desde la página.

En el cuerpo principal y bajo la afirmación “En la actualidad existen medicamentos muy eficaces para el tratamiento de la esquizofrenia, pero estos solo pueden funcionar si se cumplen con regularidad” se propone una encuesta “¿en ocasiones olvido tomar mi medicación oral diaria? No estoy en absoluto de acuerdo- No estoy de acuerdo- Estoy parcialmente de acuerdo-Estoy totalmente de acuerdo” con respuestas a enviar a la administración de la página (nota XIX).

El contenido del folleto Afrontando la esquizofrenia es central en el sitio Web. Desde su página principal se ofrece el acceso a la de “Tipos de Tratamiento” copia conforme de lo recogido en el folleto. Ofrece otra página “Acerca de la Esquizofrenia” coincidente básicamente con lo recogido en el folleto y que remite a la entrada anterior en todos los temas relacionados con el tratamiento, y otras como “Consejos para Mantenerse Bien” o “Consejos para la Visita al Médico”


4.- CONCLUSIÓN

Una farmacéutica patrocina un folleto informativo acerca de la esquizofrenia, escrito por una profesional de prestigio y avalado por una sociedad científica y una asociación de familiares y afectados. Paralelamente colabora en una campaña contra los prejuicios ante la enfermedad mental avalada por asociaciones científicas y de afectados y familiares. Lanza un sitio Web que presta soporte a ambas iniciativas, el folleto y otros contenidos similares, y a la campaña contra los prejuicios, y lo publicita como un portal dirigido al público en general, afectados y familiares, publicando diverso material, carteles y fichas que remiten siempre al sitio Web. Propone exhibir los carteles en los Servicios públicos de Salud Mental y distribuir el folleto y las fichas entre afectados y familiares que acuden a los mismos. Asegura que la información es de máxima calidad, fidedigna y contrastada, acorde con sus propios valores como empresa, el “rigor y la excelencia como práctica de uso diario” (nota XX)
El folleto está orientado a convencer de que la esquizofrenia es una enfermedad crónica muy debilitante, que requiere obligadamente tratamiento farmacológico antipsicótico de manera indefinida. Entre los diversos antipsicóticos existentes se presentan como más idóneos los atípicos y de liberación prolongada, entre los que se anuncia que hay que solo requieren 12 administraciones anuales. La información facilitada sobre los tratamientos, y en particular los antipsicóticos, ni es fidedigna ni está contrastada ni responde a valores de rigor y excelencia. Se trata de un relato que partiendo de la lucha contra los prejuicios asociados a la enfermedad mental y la necesaria información a pacientes y familiares acerca de la esquizofrenia, desemboca en la publicidad de un antipsicótico depot que la farmacéutica está actualmente promocionado. Del precio de ese fármaco, que nunca ha demostrado que sea más eficaz y tenga menos efectos adversos que otros,(51) no se puede deducir que la empresa sea especialmente generosa y altruista.

Se transmite una imagen llena de prejuicios sobre el paciente con esquizofrenia, como su evolución determinista, su falta de conciencia de enfermedad, la necesidad de medicarlo sin considerar su opinión y su rol de enfermo crónico pasivo. Además, se alienta una clínica de bajas expectativas. Todo ello inserto en una campaña de lucha contra los prejuicios, bajo cuyo auspicio se ofrece esa información. Se trata de un lenguaje y una línea de pensamiento alejados de la medicina basada en la evidencia, incluso del pensamiento más partidario de los tratamientos farmacológicos. En lo fundamental, el contenido tanto del folleto como del sitio Web puede verse como publicidad encubierta, dirigida al público en general y a afectados y familiares (nota XXI) prohibida para los medicamentos de prescripción en la Unión Europea (nota XXII) y en España (nota XXIII). Es también publicidad engañosa puesto que se basa en afirmaciones refutables por profesionales y lectores de literatura científica especializada, pero difícilmente por el público en general, afectados y familiares. Con el fin declarado de facilitar información útil y necesaria fomenta una práctica clínica sesgada, y promociona el consumo de fármacos, en particular los de la farmacéutica (nota XXIV)

No es una iniciativa más de la industria para publicitar determinado fármaco determinada línea de pensamiento entre los prescriptores, según un modelo ya conocido que se apoya en los llamados líderes de opinión.(52-54) Lo peculiar es que se dirige al público en general, familiares y afectados, bajo el aspecto de una campaña de intervención social sofisticada y bienintencionada que pretende apoyarse en la sanidad pública. El eco de esta información ya es rastreable más allá de los folletos y el sitio Web, en otros sitios de Internet y en la prensa. Este caso puede evocar muchas cuestiones, científicas, clínicas, éticas y sociopolíticas. Mencionaremos los límites y la naturaleza de la colaboración entre científicos, clínicos, sociedades profesionales e industria farmacéutica, la utilización del prestigio de determinadas sociedades para un fin declarado cuando se promociona otro, el apoyo de asociaciones en defensa de los pacientes a la promoción de fármacos, la búsqueda de apoyo institucional por la industria farmacéutica, el sesgar la información científica para convertirla en publicidad, la publicidad encubierta dirigida al público general, los prejuicios ligados a determinados abordajes de la enfermedad mental imposibles de contrarrestar con campañas de opinión, y el uso del sufrimiento de afectados y familiares como estrategia de venta.



Mikel Valverde, Psicólogo Clínico, Unidad de Agudos Sección A, Complejo Hospitalario, Pamplona. José A. Inchauspe, Psiquiatra, Director CSM San Juan, Pamplona.
Diciembre 2013





Bibliografía: (aquí para ver la bibliografia)

Notas:

I- Campaña “desarrollada bajo el aval de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, las Sociedades Médicas de Psiquiatría (Sociedad Española de Psiquiatría, Sociedad Española de Psiquiatría Biológica y Asociación Española de Neuropsiquiatría), la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM), con la colaboración de Janssen”
“A través de tres imágenes, se pretende combatir tres de los estereotipos más extendidos sobre las personas con problemas de salud mental”. Cada uno con un cartel gráfico diferente: “Prejuicio #12. Son personas impredecibles”, “Prejuicio #23. Son personas poco sociables” y “Prejuicio #52. No pueden trabajar”.

II- FEAFES es la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental, y agrupa a numerosas asociaciones provinciales.

III- Marina Díaz Marsá: Psiquiatra. Hospital Clínico San Carlos. Universidad Complutense de Madrid.

IV- Incluye un disclaimer “Esta obra se presenta como un servicio a la profesión médica. El contenido (…) opiniones, criterios, conclusiones (…) pueden no coincidir necesariamente con los de Janssen”

V- Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de Personas con Esquizofrenia.http://www.amafe.org/

VI- Sociedad de Psiquiatría de Madrid SPM. Estrechamente relacionada con la Sociedad Española de Psiquiatría, SEP. La Dra. Díaz Marsá, Presidenta de la SPM, la presenta como filial en Madrid de la SEP. Información recogida en Los especialistas madrileños reinventan su sociedad. Publicación Médica de Psiquiatria y Salud Mental, 3/01/2013. Consultado el 15/12/2013. Accesible en: http://psiquiatria.publicacionmedica.com/noticia/los-especialistas-madrilenos-reinventan-su-sociedad

VII- En negrita en el original, como en el resto de citas del folleto.

VIII- Propuesto inicialmente para la epilepsia y muy controvertido, se ha trasladado más tarde al campo de la psiquiatría, especialmente para el Trastorno Bipolar.

IX- Se utilizan tiempos verbales de pasado en la presentación de los antipsicóticos típicos o convencionales

X- Tiempos verbales de presente en el capítulo de los antipsicóticos atípicos.

XI- Invega®, Risperdal® en sus denominaciones comerciales , con la particularidad de que para el primero no se dispone de genéricos, más baratos, y sí para el segundo

XII No menciona la existencia de antipsicóticos típicos de liberación prolongada bien conocidos y disponibles actualmente en España, flufenazina decanoato, pipotiazina palmitato, zuclopentixol decanoato

XIII Xeplion®, Risperdal Consta® de la Janssen en orden contrario al de su aparición en el mercado, y directo respecto al del coste del tratamiento, mayor para el Xeplion® en dosis equivalentes.

XIV Utiliza el plural, aunque actualmente solo existe uno, el Xeplion® de la Janssen Con ilustración en apoyo de un calendario con periodicidad mensual.

XV Solo los productos de Janssen.

XVI Dado el aval de AMAFE, puede dar a entender que es el conjunto de asociaciones quienes avalan el folleto.

XVII Consultada el 7/12/2013

XVIII La alternancia en el banner de mensajes de la campaña con otros, puede confundir al lector y dar a entender que todas estas organizaciones avalan el conjunto del sitio Web.

XIX No permite visualizar resultados provisionales

XX Valores que se atribuye la farmacéutica en la página“¿Quienes somos?” del sitio Web.

XXI El disclaimer del folleto no puede aplicarse al sitio Web de acceso libre y dirigido a público en general, familiares y afectados.

XXII Definida en la Unión Europea, por la directiva 2001/83/CE Artículo 86, como “toda forma de oferta informativa, prospección o de incitación destinada a promover la prescripción, la dispensación, la venta o el consumo de medicamentos”.

XXIII Ley 29/2006, de 26 de Julio, de Garantías y Uso Racional de Medicamentos y Productos Sanitarios.